Política El nuevo mapa del delito

Cómo nos cagó la vida la inseguridad

Los datos oficiales indican que casi el 90% de nosotros vive en casas con rejas y una buena parte de nuestros ingresos está destinada a protegernos contra el delito. Prácticamente el 80% no deja a sus hijos salir solos a la calle. La encuesta oficial que es el gran desafió para Alfredo Cornejo.
Avatar del

Marcelo Arce

Cómo nos cagó la vida la inseguridad

Cómo nos cagó la vida la inseguridad

En los hechos, no hacía falta que un estudio nos viniera a decir que vivimos con miedo producto de la inseguridad. Y desde hace muchos tiempo ya. Quizás más del que deberíamos.

Sin embargo la encuesta de victimización que presentó el gobierno de Alfredo Cornejo el viernes reflejó de manera descarnada la forma en que nuestra vida cambió como consecuencia de esto. 

¿Buena parte de lo que ganamos va a parar a protegernos contra el delito? Sin duda. ¿Vivimos enrejados? Seguro, casi todos. ¿Ya no salimos de noche? Por supuesto, más de la mitad de nosotros. ¿Tenemos armas en casa? En una proporción importante. Y sobre todo: ¿Ya no dejamos salir a nuestros hijos a la calle? Ni hablar, esto pasa en casi 8 de cada 10 hogares mendocinos.

Luego de varios meses de análisis, el Gobierno presentó los resultados de la encuesta de victimización que realizó para medir la percepción que tienen los mendocinos sobre la inseguridad.

Desde noviembre de 2015 y hasta octubre de 2016 la Dirección de Estadísticas y Censos (DEIE), trabajó en la encuesta y para ello tomó una muestra de 1510 personas de todo el Gran Mendoza, estratificando los resultados entre ámbitos urbanos y rurales. Los encuestados fueron todos residentes mendocinos y mayores de 16 años, con la metodología de que las preguntas fueron presenciales.

Ya lo había anticipado el ministro de Seguridad, Gianni Venier, un día antes de que los resultados del estudio se hicieran públicos. "No nos sorprendió lo que arroja la encuesta", dijo, ratificando lo que se esperaba. Que los resultados no eran buenos.

Por un lado se confirmó lo que ya se sabía desde hace años. La gente, en un 63%, no hace la denuncia luego de ser víctima de algún delito. Y en los casos en los que acudió a alguna fiscalía, lo hizo pensando solo en hacer el trámite para poder después cobrar el seguro.

Como a Venier, a pocos debería sorprenderle este dato. Ya en 2005, en un estudio de similares características, las víctimas de delitos que no hacían las denuncias en Mendoza llegaban al 62%.

La gravedad del asunto radica en que durante todos estos años tuvimos una visión distorsionada de lo que estaba pasando: la información estadística disponible para fijar políticas de Seguridad estuvo basada en las denuncias que se registraban en las fiscalías. Es decir, de una proporción muy baja de los delitos que en realidad se cometían en Mendoza.

Lo que se presentó el viernes es un desafío enorme para Cornejo. Primero porque es él el verdadero ministro de Seguridad de Mendoza.

Y segundo porque, hasta aquí, la política basada fundamentalmente en el aspecto punitivo aparece como corrida de foco.

Cuando se los consultó acerca de las principales causas de la inseguridad, los encuestados pusieron en el quinto lugar recién a la falta de controles policiales.

Antes que eso están, tal como quedó plasmado en las respuestas, la falta de educación (para el 45%), la pobreza (33,2%), las falencias de la legislación (30,5%), la desocupación (29,5%), el narcotráfico (28,1%) y recién la queja por la poca presencia de las fuerzas de seguridad (27,4%).

La respuesta de los encuestados, enciende una luz amarilla dentro de un equipo en donde se vislumbra la falta de trabajo interministerial para abordar el problema.

Hay otro dato más fuerte. El 70% de nosotros estuvo convencido, cuando se los consultó, de que durante los próximos 12 meses iba a ser víctima de algún delito.

Convivimos con esa realidad. Y nos vimos obligados a actuar en consecuencia.

Dos preguntas clave en este ítem realizadas por los encuestadores de la DEIE pusieron en evidencia como la inseguridad nos cagó la vida de alguna u otra forma.

Por un lado, porque nos obligó a destinar una buena parte de nuestros ingresos para prevenirnos. Y por el otro, porque nos forzó a cambiar hábitos y a dejar de hacer cosas por el temor que nos genera la certeza de que enalgun momento seremos asaltados.

Cuando se le consultó a la gente qué medidas había tomado como consecuencia de convivir con la sensación de inseguridad, el 88,1% contestó que se vio impulsado a instalar rejas en la casa.

El 38%, que puso cierre perimetral y el 31% contó que había tenido que comprar una puerta blindada y la misma cantidad contó que tiene un perro guardián.

En el 23,9% de los hogares mendocinos hay alarmas, el 19,4% sostuvo que puso alambre de púas y el 17,3% que construyó un muro más alto para protegerse.

Una parte del comercio dedicado al rubro está feliz: fue notable el crecimiento de los boyeros eléctricos. En el 5,3% de los hogares ya están instalados.

El 3%, reconoció que compró un arma para defenderse.

-¿Qué dejó de hacer por la inseguridad?, preguntaron los encuestadores públicos.

El grueso, mostró la preocupación por lo que le pueda pasar a sus hijos y dejó al descubierto uno de los cambios más profundos que debimos enfrentar: el 76% afirmó que, a los menores de 18 años, ya no los deja salir a solos a la calle.

El 70% admitió que ya no sale con mucho dinero a la vía pública y el 59% que no porta joyas cuando va de su casa hacia algún lado.

Y por último, claramente estamos encerrados. Más de la mitad, el 53%, manifestó que ya no sale de noche (el 25% por caso se quejó porque ya no concurre ni al cine) y el 52% dejó entrever su molestia porque, cuando se va de vacaciones, no deja de ninguna manera su casa sola.