Censo de familiares en el Estado: ¿cacería de brujas o revolución?

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MDZ

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Censo de familiares en el Estado: ¿cacería de brujas o revolución?

Para cambiar algo que no está bien hay que saber bien qué pasa: un diagnóstico. La discusión sobre nepotismo y Mendoza. Un "Estado mamushka": cada empleado tiene otro de igual apellido adentro.


Tenemos un Estado que sufre de obesidad mórbida. Ni siquiera los que apuestan por el "Estado que todo lo ve y soluciona" pueden sostener con vida artificial tal concepto en el mundo. Hay varias formas y tiempos para encarar una reforma de un Estado que hace notar su sobredimensionamiento desde hace décadas y que cada vez se exhibe con menos capacidad de movilidad: no le sirve a la sociedad que lo sustenta y, por lo tanto, alienta cada vez mayor rechazo -injusto cuando se generaliza- de parte de porciones sustanciales de la ciudadanía.

El gobierno nacional quiere cambiar la situación. Por otra parte, no tiene muchas otras opciones: así como está resulta insostenible y representa un escollo para el bienestar general. De hecho, cualquier gobierno a quien le tocara este turno, estaría haciendo lo mismo en forma obligada. La única discusión es cómo y cuándo, con qué herramientas y con qué respaldo y consecuentes posibilidades de éxito o fracaso.

Pero se ve envuelto en un esfuerzo titánico, cual es luchar contra quienes se alimentan desde hace más de medio siglo de esa teta, entre los cuales hay un entramado político, social, gremial, cultural, de tradiciones y leyes no escritas, de mañas y guiños, que concitan un gran contrapeso.

De hecho, cuando el Gobierno avanzó en rechazar el nepotismo se encontró, como primer tropiezo, que sus propios integrantes han estado actuando de esa forma acomodaticia y privilegiada en los últimos dos años. Ya no se trata de dar vuelta una página de la historia, sino de su propia incapacidad de hacer lo que dijeron que harían, de ser sinceros y de cumplir la palabra y gobernar dando el ejemplo.

Una idea que surgió en medio de la discusión del nepotismo en el Estado, es realizar un "censo de familiares". La propuso un mendocino, Julio Raffo, un académico que se quedó a vivir en Buenos Aires vinculado al centroizquierda político, candidato de Pino Solanas y luego personero de Sergio Massa.

En una columna publicada por Perfil, Raffo explicó el caso brasileño en donde la Corte (llamado allí Supremo Tribunal Federal, STF), dictó la Súmula vinculante Nº 13 "que constituye un ejemplar y drástico paso jurídico y político en la lucha contra el nepotismo en los empleos públicos".

Al respecto, explicó que con fundamento en el Art. 37 de la Constitución, -que establece: "La administración pública directa e indirecta de cualquiera de los poderes de la Unión, de los Estados, del Distrito Federal y de los Municipios, obedecerá a los principios de legalidad, impersonalidad, moralidad, publicidad y eficiencia (...)"-, y considerando que la práctica de nombrar parientes en los cargos públicos agraviaba esos principios, la "Súmula Nº 13" dispuso que: "El nombramiento del cónyuge, compañero o pariente en línea recta, colateral o por afinidad, hasta el tercero grado inclusive, de la autoridad que nombra, o de dependiente de esa persona, en cargo de dirección, jefatura o asesoramiento, para el ejercicio de cargo en comisión de confianza, o aún de función remunerada en la administración pública directa o indirecta de cualquiera de los poderes de la Unión, de los Estados, del Distrito Federal y de los municipios, comprendiendo en ello el intercambio mediante designaciones recíprocas, es violatorio de la Constitución Federal" (STF 21/8/08).

De tal modo, en Brasil, "el nepotismo en los empleos públicos es ilícito, y son nulos los actos mediante los cuales se realiza. Como todos los seres humanos estamos sujetos a las deficiencias de la ´(...) depravada naturaleza nuestra (...)´, al decir de Cervantes, tratar de transitar por el ejemplo brasileño sería bueno para impedirnos el incurrir en nepotismo, sin que ello implicase una discriminación inversa que no admitiese alguna limitada y justificada excepción".

Raffo señaló entonces que "en esta tarea debería comenzarse mediante un censo de "parientes" que ocupan cargos en los tres poderes del Estado, y hacerlo público junto a sus currículums anteriores a la designación. Así, y sólo así, podremos empezar a tener dimensión del peso y gravedad de este problema en nuestro país para tratar de limitar, al menos, este tipo de designaciones".

Surge ahora una discusión que se da en diversos ámbitos, tanto en los políticos como en las redacciones periodísticas (o al menos, en la de MDZ) y es sobre si se trata de una fugaz "cacería de brujas" -entendidas estas como los parientes de funcionarios actuales o anteriores- o un momento que representa una bisagra.

Los cambios -como dijimos- pueden hacerse para atrás, con todo lo que implica sostener un debate como el actual y formular día tras días listados de parientes supuestamente "acomodados", o empezar regulando -como en cierta forma lo está haciendo Mendoza en esta gestión y la Nación también- quiénes deben acceder y quiénes no al empleo público. A ello debería agregársele un contenido que está implícito en los primeros llamados a concurso convocados recientemente por el gobernador Alfredo Cornejo: el "para qué" queremos a esos trabajadores.

¿Es nepotismo cuando un funcionario firma la designación en su área de un pariente y no lo es cuando las designaciones son cruzadas entre áreas y aun entre poderes del Estado, para disimular? ¿A quiénes se señalará públicamente? ¿Acaso lo que sucede entre los tribunales federales, la justicia provincial, el Poder Ejecutivo, la Legislatura y organismos descentralizados no merece atención? ¿Para atrás o para adelante?

Por norma (y por lógica) para emprender un camino hay que tener un diagnóstico claro de lo que se quiere reformular. Y no estaría mal conocer cómo se hicieron las cosas hasta ahora para ver si realmente está bien o mal, si se sobredimensionan las críticas, si estamos "hablando por hablar" o si desconocemos todavía cuestiones más truculentas que suceden en la oscuridad de decisiones descontroladas (o con quienes deberían controlar siendo parte del desaguisado).

Entonces, ¿serviría tener un censo como el que propone Raffo?