Cambiemos: una "idea fuerza", un ombligo y un anciano mañoso

Tres generaciones políticas sostienen en medio de tensiones una convivencia "familiar" que resulta compleja y difícil.
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Gabriel Conte

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Cambiemos: una "idea fuerza", un ombligo y un anciano mañoso

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Cambiemos: una "idea fuerza", un ombligo y un anciano mañoso(Presidencia)

Cambiemos: una "idea fuerza", un ombligo y un anciano mañoso | Presidencia

Cambiemos: una "idea fuerza", un ombligo y un anciano mañoso(Prensa UCR)

Cambiemos: una "idea fuerza", un ombligo y un anciano mañoso | Prensa UCR

Cambiemos: una "idea fuerza", un ombligo y un anciano mañoso

Cambiemos: una "idea fuerza", un ombligo y un anciano mañoso

La difícil convivencia dentro del frente Cambiemos tiene una explicación metafórica, vinculada a las relaciones posibles entre tres generaciones de políticos, según lo aceptan sus propios protagonistas. Son tres fuerzas con muy diferente forma de constitución, historia y funcionamiento. Representan a diferentes épocas de la política que pueden estar de acuerdo en el objetivo, pero que lo miran desde la óptica de cada particular tiempo y con sus especiales caracteres.

Está el PRO, que aporta la idea fuerza, el Presidente que lidera la gestión y una estructura que no tolera disidencias: se está con quien manda o no se está. El modelo interno es el de una empresa. Lilita Carrió es el contrapeso simbólico que suma no mucho más que su ego y su dedo acusador. Se la vio -a la hora de constituir el frente- como "la fiscal de la República", pero todas las decisiones, idas y vueltas de su Coalición Cívica - ARI, las toma sola. Si advierte disidencia, se va y arma otro partido. Y el tercer aliado fue y es la Unión Cívica Radical, un partido antiguo que se ha vuelto diverso aunque no movimentista: las decisiones se toman en reuniones al estilo del siglo pasado, pero que siguen un proceso de representación territorial y por fuerzas internas que lo hace lento y a veces, perezoso. Por eso sus referentes a veces son más visibles que el partido, si se lucen en la gestión local, por ejemplo.

Debido a ello, tanto el PRO como la CC-ARI toman decisiones en un santiamén que dentro de sus fuerzas no tienen más remedio que acatar, contentos, convencidos o tristes, pero así son sus reglas del juego. En la UCR eso es imposible.

El partido de Alem, Yrigoyen, Alvear, Illia y Frondizi representa la imagen de un "anciano mañoso" con dolores en las articulaciones al que le cuesta ponerse de pie, frenar, darse vuelta y cambiar de rumbo cuando las circunstancias lo reclaman. Más aun si su bastón -las otras dos fuerzas políticas que hoy son sus acompañantes terapéuticos- le fallan. Es quejoso, por naturaleza, porque tarda en procesar la rapidez con que los "pibes" a quienes acompaña en la tarea de gobernar toman las decisiones. Necesita pensarlo más e interconsultas. Esa soberbia juvenil de sus aliados le carga achaques anímicos a los que por antigüedad posee en su cuerpo y, por lo tanto, pide que lo esperen, que le expliquen, que le tengan paciencia, que lo comprendan.

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La metafórica explicación de cómo funciona Cambiemos a nivel nacional sirve para comprender cómo se sienten las partes. Uno, en la plenitud de la vida, con fuerza propia y vibrante. Otra, con libertad para hacer lo que se le ocurra, como un adulto divorciado, que se psicoanaliza, con experiencia acentuada en los golpes de la vida. Y el más viejo, que cree que tiene consejos para dar aunque también considere que tiene que ponerse al tanto de las actualizaciones de la época, para mantenerse vigente, que rezonga, esperando comprensión.

Todos juntos, como pueden, pelean contra los vecinos más bullangueros que organizados y, por ello, todavía sus desavenencias "familiares" no son noticia en el barrio, aunque la gente es mala y ya comenta: "¿No hay una foto de Macri, Cornejo y Lilita como la hubo en su momento con Sanz?".