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A nuestra Justicia la tapó el barro

La causa contra Nélida Rojas ha revelado las peores falencias del Poder Judicial. Filtración de datos, investigaciones débiles, operaciones políticas, jueces con licencia y magistrados que no trabajan por la tarde.
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Mariano Bustos

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A nuestra Justicia la tapó el barro(Alf Ponce / MDZ)

A nuestra Justicia la tapó el barro | Alf Ponce / MDZ

A nuestra Justicia la tapó el barro(Alf Ponce / MDZ)

A nuestra Justicia la tapó el barro | Alf Ponce / MDZ

 Contra lo que muchos pregonan, la detención de Nélida Rojas no es un símbolo de persecución política. Tampoco un ícono de la lucha contra la corrupción de la década kirchnerista. Lo ocurrido con la líder de la Tupac Amaru sirve para revelar todos los vicios que hoy atraviesan al Poder Judicial de la provincia de Mendoza. No sólo es un ejemplo de la influencia partidaria que se palpa en cada rincón de la Justicia, sino que a su vez deja al desnudo las diferencias doctrinarias que enfrentan a los magistrados y la liviandad teórica de algunos de sus miembros a la hora de instruir las causas. Incluso, saca a la luz la falta de comunicación que existe entre el fuero provincial y el federal.

Es un llamado de atención al sistema judicial en su conjunto. Una señal de crisis que debe ser atendida por un órgano que desde hace tiempo se ocupa de esconder la basura debajo de la alfombra y se niega a enfrentar los problemas estructurales que lo acosan.

Desde hace años se mantiene un status quo que nadie parece dispuesto a romper. La comodidad de los representantes de la Justicia prima por sobre la calidad de su función social, gozando de privilegios inexplicables en la sociedad actual. Jueces que no tributan impuesto a las ganancias y que por las tardes se pasean por clubes de élite y barrios privados. Un Poder Judicial de medio turno que se retuerce cada vez que alguien pretende privarlo de una siesta perezosa en tardes cargadas de urgencias. Una Justicia que abusa de las licencias y no renuncia a su feria.

Mientras la fiscal Gabriela Chaves acusaba a la jueza de garantías Alejandra Mauricio de falta de colaboración para autorizar allanamientos, por lo bajo sus colegas advertían, destilando veneno, que la funcionaria no dio luz verde a lo que le requerían porque se encontraba haciendo ejercicio y no acostumbra cortar su rutina. 

En cambio, Mauricio esgrime que la única razón por la cual no aprobó los operativos fue la debilidad de los argumentos legales planteados por la fiscal. Sin decirlo, deslizó que la causa está "flojita de papeles".

Pero el escándalo no termina allí. Además de las denuncias cruzadas entre magistradas, la fiscal de instrucción Cecilia Bignert deberá lidiar con la difícil tarea de investigar a sus colegas. Es que raíz de la filtración de datos que decantó en la anticipación de Nélida Rojas a los allanamientos en su contra, Bignert fue designada para dilucidar qué eslabón de la cadena judicial se quebró para que una persona acusada de asociación ilícita, extorsión y coacción agravada fuera advertida antes de que la Justicia le cayera encima.

Aunque oficialmente ha primado el silencio sobre esta grave falta de confidencialidad, en este punto chocan las dos posturas doctrinarias que hoy existen en el país: mano dura vs garantismo. En ese marco, las sospechas recaen sobre agrupaciones vinculadas al kirchnerismo como Justicia Legítima, el CELS y Xumek. Las elucubraciones se fundan en los vínculos que existen dentro de esos espacios entre los funcionarios del sexto Juzgado de Garantías y los abogados defensores de Nélida Rojas.

Justamente, desde esas instituciones fue que salieron al gobernador Alfredo Cornejo de estar detrás de la "persecución política" de la líder social Nélida Rojas, equiparando su situación con la de la máxima referente de la Tupac Amaru, Milagro Sala, hoy detenida en Jujuy.

Si bien el oficialismo niega rotundamente su participación en esta telenovela, no hay dudas de que el poder político también se juega sus fichas como en una partida de ajedrez. Mientras que el kirchnerismo embarra la investigación y la tiñe de arbitrariedad para victimizar a la imputada, el oficialismo intenta apurar los tiempos para que Rojas termine tras las rejas como un símbolo de la corrupción del pasado que ellos han venido a remediar.

El problema es que entre las denuncias de filtración de datos, la licencia de un juez, los pasatiempos de otra, la mala instrucción de la causa y la política que se cuela en el escenario, hay una figura que brilla por su ausencia. En este Poder Judicial anárquico cada vez son menos los que recuerdan que están allí para representar a esa mujer de ojos vendados y balanza ecuánime a la que se supo conocer como Justicia.