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Candidatos en su burbuja: qué se ganó y qué se perdió en un debate con dirigentes temerosos

Los 5 candidatos a presidente debatieron con miedo, por eso no arriesgaron. Mostraron sus carencias conceptuales en temas clave, como educación.

Pablo Icardi
Pablo Icardi domingo, 1 de octubre de 2023 · 23:52 hs
Candidatos en su burbuja: qué se ganó y qué se perdió en un debate con dirigentes temerosos
Segio Massa y Javier Milei en el debate presidencial Foto: EFE

David Vetter era un niño vulnerable a cualquier contacto con el exterior. Por eso vivió dentro de una capa protectora del exterior durante toda su vida. No era el deseo de David, sino la realidad que le tocó vivir; era el famoso niño de la burbuja. Los 5 candidatos a presidente de la Argentina viven la misma experiencia, desde la política: se encierran en la burbuja propia para evitar el contacto con el exterior; por temor a quedar expuestos y hasta por carencias propias. Desde esa burbuja los 5 respondieron y debatieron; mostraron, con matices, el desconocimiento sobre la diversidad del país, las realidades particulares y hasta las normas que lo rigen.

Por eso no hubo definiciones esclarecedoras sobre economía, educación, seguridad y convivencia; como se proponía a manera de expresión de deseo. El encuentro sí sirvió para medir templanzas; mucho más para evaluar emociones, que ideas. 

Los candidatos fueron mucho más conservadores de lo esperado para debatir.

El acuerdo tácito entre los 5 candidatos era: no salirse del guión que ya tenían en la campaña. Los tres ejes eran generales, pero podía ser el pie para hablar de la realidad. En economía, ninguno explicó de manera sensata cómo bajar la inflación y, sobre todo, una realidad que se ve a gritos: no habrá recetas mágicas y Argentina convivirá con la inflación por más tiempo del que ellos dicen. En educación fue, quizá, donde más carencias se vieron por la falta de conocimiento de  los alcances nacionales del tema. Apenas algunos esbozos y también falta de proyectos nacionales. Bullrich, por ejemplo, mencionó como “demonio” educativo al líder sindical de la Provincia de Buenos Aires, Roberto Baradel. Ninguno trazó un plan serio para ejecutar desde el Gobierno nacional, que tiene potestades restringidas en el tema.

Y en "convivencia democrática", obviaron lo que más preocupa en ese marco: la inseguridad. Es decir, cada candidato interpretó la consigna para autocomplacerse, sin arriesgar, ni innovar. 

Ganadores y perdedores

Las generalidades disolvieron cualquier posibilidad de dirimir diferencias. Por eso los que más arriesgaban, son los que más ganaron en el debate: Sergio Massa y Javier Milei. Ambos eran los candidatos más expuestos. Milei porque ganó en las PASO y era el sujeto de provocación de la mayoría. El economista de la Libertad Avanza sufrió mucho menos de lo esperado; cosechó más de lo que preveía y contuvo la ira que lo caracteriza. En su lugar acudió a las muecas. Massa, por su parte, tenía más para perder porque es parte del gobierno. Tan cómodo se sentía el ministro de Economía que hasta se animó a tomar distancia de la gestión actual. Verborrágico, el candidato del oficialismo algunas se pasó de confianza, como los alumnos que estudiaron el texto de memoria y responden antes que llegue la pregunta, Massa ocupó cada segundo sin furcios y "llevando paz" hacia sus contrincantes. 

Patricia Bullrich fue la más dubitativa y hasta pareció sufrir el tiempo disponible, sobre todo en temas relacionados a la economía. La exministra de Seguridad no tuvo claridad en los conceptos y hasta se enredó. Se sintió más cómoda respondiendo y cuando abordó temas generales sobre "el orden", razón de ser de su campaña. Incluso aprovechó poco un capital que tiene detrás: todos los gobernadores que la respaldan; los actuales y los electos. 

Juan Shcharietti fue el único que intentó promover un eje distinto al mencionar ese distrito que guía los destinos de la política argentina: el AMBA. El cordobés fue el único que planteó los desequilibrios que hay en la administración de recursos federales. Como era de esperar, el eco fue nulo y el debate abordó tibiamente cada uno de los temas.

Miriam Bregman era la que menos arriesgaba y la menos sometida a presiones. En ese plano fue la más cómoda y se notó, salvo cuando tuvo que responder sobre el acompañamiento de la izquierda a algunas decisiones. Habló en nombre de los piqueteros, pero cayó en la misma trampa de Bullrich con su pregunta: los problemas se reducen a lo que ocurre en la 9 de julio de Buenos Aires y obviaron los conflictos sociales que atraviesan el país y que no se manifiestan en un corte de calle en la avenida más ancha del mundo.

Los problemas económicos se llevaron casi toda la energía de los candidatos, al punto que casi todos gastaron las réplicas que tenían disponibles. Sin embargo no hubo definiciones fuera de serie, más allá de lo esperado. Patricia Bullrich fue la que menos convenció. Pero ninguno se fue del marco que ya habían mostrado. En un país tan basto como Argentina, al hablar de economía apenas esbozaron algún diagnóstico de lo que ocurre y algunas menciones testimoniales a algunas actividades.

La dinámica del debate permitía el cruce entre candidatos. Quizá por temor, hubo pocas referencias a la coyuntura más caliente, como el escándalo por el viaje de lujo de Martín Insaurralde y el robo de recursos de la legislatura de Buenos Aires. 

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