Crónica del maltrato a quienes vuelven del exterior: cómo es el aislamiento obligatorio en la Ciudad de Buenos Aires

Crónica del maltrato a quienes vuelven del exterior: cómo es el aislamiento obligatorio en la Ciudad de Buenos Aires

Las personas que arriban a Argentina y dan positivo en el test de antígenos son maltratadas por el sistema. Cómo es el mecanismo de aislamiento.

Redacción MDZ

Redacción MDZ

A raíz de la publicación del diario Clarín de este domingo, sobre el caso de una joven adolescente de 15 años que, a pesar de haber estado vacunada en Miami y con cuatro PCR negativos a su vuelta al país, permaneció 10 días aislada en el hotel Presidente por dar un antígeno positivo realizado en Ezeiza, vamos a dar a luz un caso similar.

MDZ va a contar las vicisitudes de un mendocino que fue sometido por el sistema implementado por la ciudad de Buenos Aires, con PCR negativo en Estados Unidos, al dar los antígenos positivos en el aeropuerto fue confinado al hotel Presidente. 

Crónica del maltrato

Luego de dar positivo en un test de antígeno en el aeropuerto, el hombre fue confinado en el hotel. Como transcurrían los días en el aislamiento, cuatro exactamente, sin ningún síntoma y sin tener la confirmación del Malbrán, solicitó hacerse un PCR por su cuenta, luego de contactarse con un laboratorio privado para que concurriendo al hotel le efectuara el test.  La respuesta de la médica de turno del hotel fue negativa y de forma cortante y amenazante. Incluso, ante el reclamo de que se estaban afectando los derechos personales y la libertad, la solución propuesta por la médica fue "váyase del hotel y hacemos la denuncia policial”.

La pequeña habitación en la que se deben transitar, al menos, 10 días. Foto: Gentileza

Obviamente hay que extremar las medidas para evitar la propagación del virus y el aislamiento es una medida lógica y razonable. Pero esto debe tener, obligatoriamente, condiciones mínimas de bienestar, salubridad, certezas rápidas de que existe el virus y aplicación del sentido común. Esto es clave por las condiciones del confinamiento.

Cuando una persona arriba al hotel es llevada a una habitación de, aproximadamente, 16 metros cuadrados donde pasará los próximos 10 días. Si no tiene síntomas de enfermedad, no hay más contacto con ninguna persona y no recibe ningún tipo de higiene y limpieza el cuarto. Dos llamados telefónicos, a las 9 y a las 17 para averiguar el estado febril ese es el único vínculo y control médico con el mundo fuera del cuarto.

Ante la falta de limpieza general, y del baño en particular, por su reclamo persistente el hombre logró le dejaran en la puerta un balde con elementos de limpieza, una muda de sábanas, toallón y, por primera vez, una toalla de mano. Las sábanas nunca cubrieron la totalidad del colchón, por lo que la confección de la misma era precaria e insuficiente. Este no es un dato menor porque el colchón, la cama en realidad, fue durante todo el tiempo silla, mesa, sillón y lugar de descanso. Era el único mobiliario de la habitación. Un verdadero dislate y una afrenta a las condiciones mínimas de higiene y vida digna.

La ropa de cama defectuosa. Foto: Gentileza

Por su reiterada insistencia, luego de innumerables solicitudes y llamados, al quinto día del aislamiento forzado, le informaron que habían ubicado la muestra que le habían tomado en Ezeiza para hacer un PCR y que estaban a la espera del resultado. El sexto día fue informado que el mismo había dado positivo, sin especificarle la variante del virus.

La persona confinada, absolutamente asintomática, promediando el periodo de encierro y en virtud de sus continuos reclamos, recibió el "informe del Malbrán”, lo que en virtud de lo relatado en la nota de Clarín, deja un manto de dudas, sobre todo por la demora inexplicable en conocer el resultado del test, la negativa tajante de poder hacerse a su cargo un test y el hecho de estar totalmente asintomático. Vale señalar que está persona tenía las dos dosis de la vacuna Pfizer y que la persona conviviente dio negativo en todas las oportunidades testeada (tres). Dos PCR y un antígeno.

Pero, sobre ello y por las precarias condiciones del encierro, también es válido describir la alimentación recibida. Desayuno, almuerzo, merienda y cena fueron brindadas todos los días. Entendiendo y poniendo buena voluntad, lo mejor provisto era el desayuno, que era lo más completo. Todas las comidas eran dejadas afuera del cuarto, en un banco de plástico y su llegada era avisada con un golpe en la puerta. Durante toda la estadía nunca concurrió al cuarto un médico para control y la persona alojada no tuvo posibilidad alguna de caminar o realizar alguna actividad física, la que realizaba diariamente en su vida normal.

Uno de los almuerzos que reciben quienes regresan al país. Foto: Gentileza

Vale esta reseña para que las disposiciones especiales, preventivas y necesarias, para evitar la propagación del virus, sean efectuadas de una manera segura, pero equilibradas y teniendo respeto a los derechos y libertades de los presuntos o reales contagiados. También es clave enunciar que la persona aislada informó que poseía vivienda en la ciudad de Buenos Aires, donde podría haber transitado los 10 días y con control de los organismos específicos. Esta solicitud también fue denegada.

Al desastre nacional en el abordaje de la pandemia, se suma el extremismo perjudicial, absoluto e inaceptable humanamente de la Ciudad de Buenos Aires. Deben revertir imperiosamente la mala praxis con que enfrentan el encierro y la afectación de la libertad y los derechos humanos de quienes son portadores del virus e incluso de los “sospechosos”. La historia de la joven de Buenos Aires y la relatada en este caso lo ameritan, porque hay demoras inaceptables en los test del Malbrán y contradicción con otras pruebas y prácticas inadmisibles por parte de la Ciudad.

Se trata de la salud, obviamente, y también de seres humanos que ven afectados sus derechos humanos y la libertad. Argentina de siempre, gestión política deficiente. Perjudicados constantes; los ciudadanos argentinos.

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