La política le provoca otra derrota a Mendoza

La política le provoca otra derrota a Mendoza

La negativa a debatir una reforma de la Constitución es otro fracaso para la política y para Mendoza. La Provincia necesita una Constitución moderna. Se puede debatir, disentir y aportar. Lo que no se puede negar en una República es el debate.

MDZ Política

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La Constitución de Mendoza rige desde 1916; o sea tiene más de 100 años. El largo tiempo transcurrido, con todo lo que ello conlleva, amerita una reforma meditada, debatida, inteligente y consensuada.

En numerosas oportunidades se han intentado reformas parciales, la mayoría de las cuales no progresaron. La continua falta de acuerdo entre las fuerzas políticas y la exigencia del voto positivo de más del 50% del padrón electoral en el referéndum que exigía la denominada “sentencia Kemelmajer”, las hicieron inviables. Uno de los principales obstáculos era que la fuerza opositora del momento se oponía a la posibilidad de reelección del gobernador. Hoy esas dos dificultades parecen salvadas porque la Suprema Corte volvió a interpretar el requisito cuantitativo para que la población avale la reforma (se considera la mitad más uno de los votantes). Y el proyecto oficial mantiene la restricción de la reelección del Gobernador. 

Pese a no haberse modificado nunca por convención constituyente, los partidos políticos mayoritarios , la UCR y el PJ, dan fe de su vocación reformista. Cuando ha sido consultado el pueblo también se pronunció por el Sí a  la reforma. Pero otra vez, y con fundamentos débiles y privilegiando los intereses propios de la política por sobre los del pueblo mendocino, se frustró otra posibilidad de modernizar la ley suprema e incluso de darle más empoderamiento a los ciudadanos.

Era obvio el rechazo de los partidos minoritarios. El ultra conservador Partido Demócrata sistemáticamente se ha opuesto a cambios constitucionales. El partido Protectora por la pankirchnerizacion de uno de sus fundadores, el diputado nacional José Luis Ramón, está inmerso en una crisis de consecuencias imprevisibles, que provocó una ruptura a su interior y tiene una fragilidad que puede ser paralizante.

La iniciativa presentada por el Gobierno de Rodolfo Suarez eliminaba la posibilidad de reelección del gobernador por lo que el mayor obstáculo que aparecía en el pasado estaba salvado. La propuesta limita las reelecciones de todos los cargos (incluidos concejales y legisladores) y prohíbe volver a presentarse al Primer Mandatario.

Mezquindades

No vamos a hacer un análisis del proyecto del Poder Ejecutivo, sino a intentar desentrañar el increíble glosario de actuación de los partidos mayoritarios, especialmente el PJ, para frustrar otra opción.

Dejamos sentado, como lo hiciéramos en numerosas oportunidades, que MDZ considera necesario someter a la voluntad popular una reforma constitucional, con el fin de modernizarla dando categoría constitucional a numerosos derechos adquiridos por ley y también para brindarle mayor empoderamiento a los ciudadanos.

Obviamente la estrategia política del gobierno no ha sido lo óptima, extendida y completa que requiere una instancia tan importante. Una reforma de esa magnitud exige no sólo consultar a la mayor cantidad de organizaciones de la sociedad civil, sino arbitrar el mayor esfuerzo y mejor voluntad en la relación y debate con las diversas fuerzas políticas. Claramente, esto no se vio concretado.

Sin embargo, el error oficialista no habilita la insólita negativa del justicialismo a debatir la reforma. Con débiles y contradictorios argumentos, que chocan con varios aspectos de la gestión del gobierno nacional, se negaron a debatir.

La esencia de una República Democrática es el debate, el intercambio de ideas, el acuerdo o el disenso, pero no la negación a la discusión. Y es la Legislatura el ámbito de representación de la voluntad popular, el lugar indicado para dejar asentada la vocación republicana.

También fue un error del gobierno la puesta en escena realizada en el auditorio Ángel Bustelo, presentando en soledad su proyecto. Pero resulta absolutamente desafortunada e incomprensible la negativa peronista. Podían aportar sus ideas, desestimar fundadamente el proyecto oficial, incluso proponer iniciativas a darle más poder a los ciudadanos dentro de la democracia representativa, entre otras y variadas instancias.

Proponer e intercambiar ideas sobre consultas públicas vinculantes, la revocatoria de mandatos, por citar dos ejemplos, serían un paso adelante de empoderamiento popular. Esto parece ajeno y lejano a los intereses de la corporación política.

El negarse al debate democrático hiere la propia fortaleza de la política. Dialogar, disentir, proponer o rechazar es de la esencia de la Democracia. Podían oponerse, con sus fundamentos, al proyecto oficial. Lo único que no podían hacer era lo que hicieron.

Por incompetencia, déficit de gestión o insólita negativa, la política asestó otra derrota a la ciudadanía mendocina. Perdimos todos; ellos y los ciudadanos. Triste y lamentable.

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