Así es imposible: cómo evitar el camino a una frustración más dolorosa y profunda

Así es imposible: cómo evitar el camino a una frustración más dolorosa y profunda

Las crisis sin solución, el egoísmo, la falta de pericia para gestionar y otros problemas estructurales han dañado al país. Los argentinos lo sufren con pérdida en la calidad de vida. La necesidad del diálogo y de potenciar un Estado útil que promueva y no impida.

MDZ Política

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Son muchos, demasiados, los años en que el país, salvo aislados y contados periodos de crecimiento, viene en caída continua en sus indicadores económicos, educativos, en la prestación del servicio de salud, con aumento de la conflictividad social y con un sistema laboral corporativo que ahuyenta el trabajo en blanco, sólo por enumerar algunas de las calamidades recurrentes. En síntesis, con pérdida de calidad de vida y esperanza de un futuro prometedor y venturoso.

Son más de 70 años donde han transcurrido dictaduras y periodos democráticos sin que se pueda torcer un destino de frustración y dolor. Millones de compatriotas no han podido alcanzar parámetros de vida digna y no se vislumbra posibilidad alentadora para el futuro. Es que, evidentemente el camino elegido durante tanto tiempo incluye defectos esenciales y de fondo que hacen imposible un desarrollo virtuoso para nuestra patria.

Desde la tragedia de las dictaduras y aun con el entusiasmo de la democracia, los argentinos no hemos podido encauzar nuestro destino por la senda de la  mejora y en consecuencia en el logro de un bienestar general. Como estamos, vamos lamentablemente hacia una casi segura nueva frustración. Y será, de concretarse, más dolorosa y profunda. La misma receta no cura, la enfermedad pervive y es más grave.

Lo que falta

Faltan ideas, conceptos básicos consensuados por una gran mayoría de dirigentes representativos concretados institucionalmente en leyes respetadas  por todos y para siempre. Hay que dejar egoísmos individuales, posturas  dogmáticas que aseguran derrotas, confrontación permanente y aumento de diferencias y profundización de la grieta. Es imprescindible acordar desde el sentido común y con clara vocación patriótica, políticas que persistan en el tiempo, sean respetadas y sostenidas por todos los gobiernos, cualquiera sean , y que aseguren previsibilidad y mejora para los ciudadanos. Para ello debemos reafirmar y consolidar la República Democrática.

Somos un país de cultura y raigambre occidental. La institucionalidad republicana y democrática con división de poderes independientes y confiables son la base primigenia e indelegable que debemos reafirmar para consensuar políticas modernas que permitan, con el cambio de nuestras pautas culturales, comenzar un camino constante de esperanza y ventura. Hay que terminar con las posturas extremas sectoriales que tanto nos han dañado. Esto no significa unanimidad ni obviar la diversidad de ideas. El disenso y las distintas miradas aportan y enriquecen la discusión democrática.

Un Estado que promueva y no impida

La busca de un Estado Útil es otro de los objetivos urgentes a perseguir. Es en vano seguir discutiendo, mientras este se engrosa y enlentece, acerca del tamaño e influencia del Estado. Si es grande o pequeño, si está presente o ausente, si se ocupa o no de todo lo que nos concierne. Hoy es un monstruo grande que no presta servicio y nos asfixia. Debe tener el tamaño y la presencia que requiera de acuerdo al servicio que brinda, su importancia y hasta su urgencia.

Educación, salud, seguridad, atención racional a los necesitados requieren de un verdadero Estado Útil. En paralelo, no debe invadir, impedir la acción emprendedora con prohibiciones e intervenciones innecesarias y hasta confiscatorias. Debe alentarlas para que cada ciudadano encuentre campo fértil a su vocación de creatividad y progreso.

El mérito no es un pecado ni debe ser desalentado. Necesitamos millones de argentinos y también ciudadanos del mundo, creando, arriesgando, emprendiendo, para invertir, generar empleo genuino y posibilitar la dignidad personal del trabajo y del aumento del PBI. Menos prohibiciones, estigmatizaciones, persecuciones y más presencia de un Estado moderno equilibrado, proveyendo con eficacia lo correspondiente, cobrando los impuestos y sirviendo a los ciudadanos que lo sostienen con los tributos que deben con responsabilidad abonar.

Pero es imprescindible y vital encontrar en todo esto puntos comunes de partida, no discutibles ni modificables en el futuro. Con entrega personal, vocación de acuerdo y férreo espíritu democrático la dirigencia no puede perder más el tiempo. Es hora de sabiduría, de renuncias a posturas extremas -que dividen y paralizan- y calidad de liderazgo palpable.

El daño autoinfligido, las posturas destempladas, la incapacidad en la gestión y un velo de inmoralidad mayoritario que han imperado deben cesar y dar lugar a la reflexión calma y a la concreción de ideas liminares que nos unan y motiven hacia el futuro. No podemos seguir como los últimos años. El fracaso esta asegurado. Basta analizar con objetividad y desinterés nuestro derrotero. Basta de necedad y ceguera. Hacen falta patriotas dispuestos, inteligentes y decididos a trabajar por el bien común y no 
dirigentes como los que nos llevaron hasta este oscuro presente.

No podemos continuar el derrotero del fracaso. Apostemos por el cambio de paradigma que nos encarrile en una vida digna de ser vivida. La patria nos lo demanda. Así no podemos seguir, es imposible, inviable.

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