Perlita: así leyó un poema infantil el ministro de Educación Nicolás Trotta

Perlita: así leyó un poema infantil el ministro de Educación Nicolás Trotta

La escuela Tito Laciar de Guaymallén fue el escenario del acto protocolar del inicio del ciclo lectivo 2020. Allí, el ministro de Educación Nicolás Trotta rompió la formalidad y se animó a leer el poema "La Escalera" de la mendocina María Cristina Ramos. Conocé la moraleja.

MDZ Política

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Este miércoles el ministro de Educación Nicolás Trotta encabezó junto a Rodolfo Suarez el acto protocolar del inicio del ciclo lectivo. Allí, además de destacar la presencia de su amiga la senadora nacional Anabel Fernández Sagasti, el funcionario de Alberto Fernández llamó a recuperar el derecho a la lectura. "A veces hay que volver a las raíces", dijo en su discurso. Pero al mismo tiempo dedicó algunos minutos a la lectura del poema infantil La Escalera de la mendocina María Cristina Ramos.

Luego de leer el texto, les dejó una reflexión a los niños presentes. "Quizás tengan temores y no se animen a hacer algo. Pero no duden de ir alto y transitar lo imposible. Sepan que los van a acompañar sus maestros para poder ir subiendo esta escalera que es la vida", señaló. "Muchas veces en la vida nos tropezamos, pero esos tropiezos nos tienen que dar valor para seguir subiendo. Y si el que está a nuestro lado no lo puede hacerlo tenemos que hacer lo más importante: estirar la mano y ayudar a que subamos todos juntos para poder construir una argentina con justicia social", manifestó a modo de moraleja. 

"Es un poema de una mendocina que está trabajando con nosotros: María Cristina Ramos. Ella fue finalista de una suerte de nobel de la literatura infantil y trabajó en la recopilación de los textos 'Leer por leer' que recomendamos desde el Ministerio de Educación a nuestros maestros para que los compartan todos los días de clases", manifestó Trotta.

El poema

LA ESCALERA

El ciempiés no se animaba
a subir por la escalera.
Se enredada y daba pasos,
daba pasos de tijera.
Y la escalera subía
a las ramas de la higuera.
En la higuera había una casa,
y en la casa una escalera
para subir al estante
donde estaban las cerezas:
su mamá las protegía
dentro de una ensaladera.

El ciempiés no se animaba;
el susto le daba pena,
de pena le tiritaban
las patitas delanteras.
Pero cuando era de noche,
paso a paso, la escalera,
la escalera se alargaba
y llegaba a las estrellas.
En las estrellas hay plazas
y juegos y bicicletas,
que uno puede disfrutar
si sube por la escalera.

El ciempiés no se animaba;
la noche le daba pena
y un suspiro le enfriaba
las patitas delanteras.

Entonces vino la hermana
y le dijo que pusiera
cada pata en un peldaño
y, una a una, las subiera.
Tiqui taca tiqui taca,
siempre adentro, nunca afuera.
Tiqui taca le ayudaba
con ruiditos la madera.

Al oír el tiqui taca,
tacadentro, tacafuera,
el ciempiés no se animaba
a subir por la escalera.

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