Una grieta sin fin

Una grieta sin fin

Los principales dirigentes argentinos siguen abonando las tensiones para dividir. Macri impostó un enojo que va en el mismo sentido. En Mendoza se vienen momentos de definiciones institucionales.

La voz al borde de la disfonía, el gesto serio y enojado como padre que va a retar a sus hijos. Una construcción del escenario para cambiar la impronta de ingenuidad. Pero con una elección errada en la construcción del discurso que se notaba hasta en la elección de los pronombres personales: “nosotros” versus “ellos”. Fuera del maquillaje, Mauricio Macri volvió a remarcar que el único camino de la elite política argentina es mantener la “grieta”, ese término maldito con el que se distingue, en el plano de los partidos, a quienes defienden personas y ambiciones, más que ideas y proyectos; pero que en la vida cotidiana genera un daño difícil de revertir en el corto plazo. El oficialismo no halló otra manera de hacer política para ganar elecciones que abonar esa grieta.

Es como un conductor que avanza al borde de la ceguera por errores de diseño del vehículo; con un parabrisas pequeño que impide mostrar toda la ruta, pero con un enorme espejo retrovisor, que solo recuerda lo que hay detrás. El kirchnerismo, acaso el único sector que se muestra competitivo por ahora para pelear por el poder, no sale de su estrategia de trinchera. Minar el camino y negar.

Fuera de ese escenario hay una realidad que tiene verdades incuestionables: los argentinos están hartos. De la corrupción estructural de dirigentes, empresarios y la rúnfula que pulula a su alrededor. De los espejitos de colores que se venden en una campaña electoral. De la inflación, la falta de horizonte económico. De la falta de sensibilidad.

En medio de ese camino ocurrió algo inesperado que puede cambiar no el escenario electoral, pero sí la sensibilidad del Presidente. El fallecimiento de su padre, Franco, seguramente jugará algún rol particular. Ya había ocurrido cuando Macri (Mauricio) reconoció que su padre estaba muy mal de salud y entre sollozos lo recordó con cariño. Además, porque Franco Macri nunca fue un empresario ajeno a la vida política del país. Muy lejos estará ese efecto de lo ocurrido con Cristina desde 2010, tras la muerte de Néstor. Pero la realidad local muchas veces toma caminos imprevistos.

Definiciones en Mendoza

En Mendoza el futuro político también entró en camino de definiciones. Pero no solo en materia electoral para elegir a los sucesores, sino con algo más profundo; con la estructura institucional de la Provincia.

La Suprema Corte aceptó, como el sentido común indicaba, la medida cautelar que presentaron 4 intendentes del PJ para poder ser candidatos a la reelección a pesar de la restricción impuesta por la promulgación de la reforma del artículo 198 de la Constitución (realizada por Cornejo). Es un primer paso de una carrera mucho más larga.

El sábado ellos y gran parte de la dirigencia estarán más atentos a la Junta Electoral que a la elección de la reina de la vendimia. Ese día vence el plazo para presentarse como pre candidatos. Aunque pueden anotarse, no está garantizado que luego puedan mantenerse o ser elegidos, pues la misma Corte debe decidir si el Decreto de Cornejo que restringe las reelecciones es constitucional o no. El tiempo corre con alto riesgo institucional: el juego electoral sigue, aunque las reglas pueden cambiar.

La mayoría de los jueces de la Corte tienen voto cantado. Por más que hayan llenado de eufemismos los escritos judiciales para construir una imagen de independencia, pocas veces se ha visto en el cuarto piso de Tribunales tanta influencia política. Sin disimulo, sin pudores. La causa tiene atractivos jurídicos y políticos. Pero el abordaje y las presiones hacen desviar el camino.

El Gobierno ha exagerado. Mucha presión sobre los jueces amigos, muchas sospechas sobre los “enemigos”. Hipersensibilidad sobre lo que se dice y nerviosismo. Muchas veces hemos dicho que no se puede acusar a alguien de las carencias ajenas. En política eso se traduce con el avance de la construcción de poder hasta “donde el sistema lo permite”. Pero cuando ese avance trasciende los límites de otros poderes del Estado los riesgos son mayores.

Alrededor del Gobernador explican el por qué de esos avances. Dicen, incluso parafraseando a Cornejo, que lo que importa es el objetivo buscado. “Progresista son los resultados de las medidas que se toman, no los discursos. Hay que hacer las cosas mientras se tenga la oportunidad”, repiten. En este caso ese “bien superior” sería “lograr un cambio institucional y que mejorará la vida republicana de Mendoza”. Está claro que la reelección indefinida de los intendentes está caduca. También hay cierto consenso sobre la necesidad de reformar una Constitución que atrasa. Pero el nivel de presión ejercida sobre otro poder está al borde del límite.

Un gobernante puede ser buen gestor, un gran administrador; puede construir poder. Pero tener carencias para conocer sus límites. 

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