La campaña robotizada y una guerra de marcas en el peronismo

La robotización de la política. Si hay algo nuevo en el ejercicio de la actividad política y, centralmente, en la etapa de proselitismo previa a una elección, es su robotización. Rápidos intérpretes de una futuro que se acerca hacia nosotros a toda velocidad, muchos ya le confían a las redes el desarrollo de la campaña de promoción de los candidatos. El mayor exponente de esta actitud es el oficialismo de Cambiemos. El toque humano lo dan con los timbreos, el concepto porteño que impuso su nombre al puerta a puerta clásico de la política mendocina.
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De café. "Ya no hace falta darle las manos a todo el mundo, condición absoluta hace años atrás. La gente siente que le das la mano al ver multiplicado en los diversos medios que hay voluntad de hacerlo", recibieron como instrucción del nuevo manual. En un clásico café radical de calle Colón, un viejo militante hoy hace campaña desde el teléfono y una notebook: "Al final -cuenta- llegás a más gente y evitás que manden al carajo en la cara en caso de toparte con un ´contra´". Y un dato más: "Si al final, ¿cuántos recogen los folletos que tirás bajo la puerta? Lo mismo puede pensarse con las redes. Pero la diferencia es que es multiplicadora", argumenta hecho un sabio, a lo Durán Barba vernáculo.
Campaña y vacaciones. De hecho, está tan robotizada la campaña que el Gobierno, principal motor del oficialismo, otorgó a sus funcionarios unos días de vacaciones en pleno período proselitista. Volverán para el fin de semana, cuando les toque fiscalizar alguna escuela e integrar los comités que monitorean el comicio.
Cautivos o liberados. Lo que sí asusta a unos y otros es el factor sorpresa que las nuevas formas que la gente tiene para aceptar o rechazar a un candidato. Ya no se amarra a un votante tan fácilmente con una promesa o un regalo. Las tristes imágenes que dejó en la semana la maratón de reparto de plata de un diputado nacional mendocino por los barrios de su municipio es mirada de lejos y de reojo por mucha gente. Un dirigente de su partido, sentado en el mismo café de la Champagnat que el aludido frecuenta, conceptualizó: "A lo sumo, conseguirá retener a gente que esta por abrir sus alas y volar a la libertad política, cosa que ya es inevitable". Interesante concepto al que hay que mirarlo desde la democratización que implica que todo el mundo tenga un celular y puedan ver, actuar, opinar y elegir qué leer sin que nadie lo influya. ¿O no?
El factor sorpresa tan temido. Esa sola posibilidad de que la gente haga lo que le plazca a la hora de votar, pone los nervios de punta a la política. Y no solo al enredado peronismo que lucha por conseguir un liderazgo y parece no ponerse de acuerdo. Los dirigentes miran las pocas encuestas que hay o hacen las propias con técnicas flojas de papeles de militantes briosamente con ganas de ganar, y pendulan entre el creerles todo o no creerles nada: saben que, al final, la gente hace lo que quiere. Y en el peronismo también evocan que en la última elección presidencial estaban convencidos que ganaban con Daniel Scioli y que lo único que se discutía era el resto de las instancias de gestión o de legislación.
Lotería. Una situación alarmó a la máxima dirigencia del peronismo. Relegó las siglas PJ y FPV y adoptó la marca Somos Mendoza. Pero sucedió que no todo el mundo sabe qué es ese nombre. Por ello tuvieron que salir a decir quiénes dicen que "son Mendoza" y, aun así, el votante no entendió muy bien el juego. A tal punto que en el sur provincial empezó a liderar en las encuestas una alternativa peronista que va por fuera del trío que compite en las PASO, porque su nombre de fantasía para estas elecciones es Encuentro por Mendoza. Solamente la preeminencia de los hermanos Félix en el sur hizo que se revirtiera lo que implicaba una amenaza no calculada y demoró la salida de San Rafael de Omar, el Félix al que esta vez le toca ser candidato, para poder reafirmar su liderazgo local. Si bien la precandidata María José Ubaldini (de Encuentro por Mendoza) esbozó una sonrisa, la situación parece que volvió a "sus cauces naturales". Pero la sorpresa es el principal fantasma que acecha a un peronismo que se ve amenazado por una sociedad que va entre recordar su paso por el gobierno provincial, a Cristina y el peronismo que quiere y necesita volver a creer en algún núcleo básico propio.
¿Quién gana? El kirchnerismo local, en tanto, no consigue todavía el mensaje de Cristina Kirchner que, creen, podría catapultar a su precandidato, Juani Jofré, hacia arriba. Así y todo reconocen en su entorno un crecimiento "inesperado". A tal punto, que lo dan segundo en Capital, relegando a un tercer lugar a Jorge Tanús y Patricia Fadel y a un liderazgo impensado antes del sureño Omar Félix. El dato que los activa es la encuesta realizada hace dos semanas en Capital que le devuelve al peronismo el segundo lugar en una elección, luego de haberlo perdido a manos del FIT. De todos modos, nadie canta victoria ni derrota. Además, una cosa serán las PASO y otra la general. Ya les pasó antes.
¿Cómo juegan Cristina y Macri en Mendoza? En Cambiemos creen que Macri los consolida y que representa la lucha contra la corrupción. Sin embargo, son realistas y saben que sus intendentes y el gobernador lo superan en percepción positiva en Mendoza y, dicho de otro modo, combaten contra la imagen negativa del gobierno nacional a raíz de la situación económica. En tanto, Cristina se constituyó en la única líder del peronismo, aunque ya no quiera llamarse así y use marcas tipo comerciales para presentarse en sociedad como "Somos Mendoza", "Encuentro por Mendoza" o "Unidad Ciudadana". Los más beneficiados son los auténticos camporistas de la provincia con Juani Jofré, porque el peronista-peronista necesita de un líder fuerte y referencial y es ella la más reciente y palpable. Pero los otros candidatos tuvieron que dividir su discurso, en un nuevo engaño a la gente: "Somos cristinistas en las PASO y renegaremos de ella en las generales si ganamos las PASO con su nombre", parece ser el eje que mueve tanto a los de Félix como los de Tanús, aunque mucho menos a este ultimo que ya tiene suficiente con haber heredado a la gente de Celso Jaque, Paco Pérez y Carlos Ciurca.
Los "hippies con Osde". El dato que irrumpe en la campaña es que el fuerte del FIT no son "el pueblo trabajador" de las márgenes del área urbana ni mucho menos. Ganan o llegan cerca del triunfo en la Quinta Sección de la Ciudad de Mendoza. De este modo, repiten lo que sucedió cuando Nicolás del Caño hizo historia llegando al Congreso: sus mejores números estuvieron en la Quinta, el Dalvian y Chacras de Coria. ¡Divinos!
Intendentes preocupados. En tanto, mientras los robots hacen lo suyo y muchos se van de vacaciones proselitistas, muchos intendentes de Cambia Mendoza decidieron romper el acuerdo de mecanización de la campaña y buscan que "la fuerza de Cornejo" se vea ratificada por la propia de cada uno de ellos. Así como el gobernador cree que mendocinizar la campaña lo beneficia, hay intendentes que creen estar mucho mejor que Cornejo en sus propios municipios y ya han lanzado sus propias campañas. Un acto de desobediencia cuyo castigo quieren morigerar ofreciendo buenos resultados finales. Una mala performance "culpa de otros" podría abrirles las puertas a los jefes comunales que fueron desalojados en las urnas y, muchos de ellos, esperan agazapados desde los despachos de tribunales en donde aguardan que se despierten las causas en su contra.

