Caos en Horcones: ¿a quién le echamos la culpa ahora?

El colapso total del complejo fronterizo argentino es una muestra más del "sinceramiento". Cuando se controló "medianamente bien", se notó que las cosas de este lado están tan mal como en Libertadores.
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Edu Gajardo

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Caos en Horcones: ¿a quién le echamos la culpa ahora?

Durante años la queja fue siempre por los controles en Chile, los que siempre demoraron e hicieron insoportable el ingreso al vecino país. Eran horas y horas, mientras en el regreso la situación era totalmente diferente y todo era muy expedito. Pero la realidad es que en Horcones, hasta este año, nunca se controló nada.

Bastó con que se trajera personal de la AFIP de otras provincias y que se aplicara un control de ingreso medianamente exhaustivo para que el complejo Ingeniero Roque Carranza colapsara de una manera brutal y violenta para el usuario. Así, con molestias y desorganización, quedó al descubierto que acá no se hacía nada o se hacían las cosas tan mal como al otro lado. Esto provocó que de golpe desaparecieran las voces que -hasta hace poco meses- reclamaban y señalaban las culpas de Los Libertadores.

Lo curioso es que no se ve al coordinador del Gobierno provincial reclamando a los organismos nacionales  con la misma fuerza que culpaba a Chile. Tampoco a los funcionarios de Migraciones dando explicaciones del por qué en varios días de la última quincena no funcionaron las casillas exteriores.

La diferencia es que ahora no se le puede echar la culpa a nadie, no se puede señalar que falta funcionarios chilenos, porque esa excusa se terminó con el nuevo sistema migratorio. Las demoras son exclusiva responsabilidad de las autoridades argentinas, tanto nacionales como provinciales, porque estas últimas descansan en lo que puede hacer la Nación, pero no se avanzó -por ejemplo- en prever que miles de personas estarían a kilómetros del complejo sin ningún tipo de asistencia. El fin de semana se anunció la presencia de la ambulancia, pero es una reacción tardía.

La realidad nos cayó de golpe

Cada uno defiende lo que tiene, y en el caso de Chile (para nuestra molestia) apunta a cuidar sus tratados comerciales y nos hace vivir un sistema lento y burocrático en la frontera. Hasta hace unos meses la Argentina no cuidaba nada y dejaba a su suerte lo que sucedía en la frontera. Eso cambió, y también quedó al descubierto la realidad de Horcones, la de las esperas de 10 y más horas en momentos en que fue exigido el control fronterizo.

La explicación que darán las autoridades estará en el flujo récord y las compras, pero la realidad es que el colapso no es algo nuevo, se da hace dos semanas sin descanso y el sábado terminó por llegar a niveles inhumanos, con familias completas esperando en la frontera, sin agua, sin comida y sin un sanitario. Lo mismos durante los fines de semana largo.

La cuestión es que de este lado del túnel se criticaba a sabiendas de que la única "ventaja" de Horcones es que todos pasaban como "Pedro por su casa" (como se dice en Chile) y nadie decía nada.

Esto lo digo con mi experiencia cruzando la frontera en forma frecuente desde 2009, siendo ese año el que me dejó muy claro como era el "control" en Horcones. En medio de la pandemia por gripe Aviar se suponía -y según decían las autoridades- en los puestos de frontera se controlaba el ingreso con equipos médicos, tomando la temperatura de los turistas y con mucho rigor. Lo cierto es que viajé en más de una ocasión y jamás vi ese proceso. Lo más cercano fue un gendarme subiendo al micro para entregar un folleto y preguntar "¿alguien se siente mal?". De este tipo de situaciones, decenas.

Ahora la situación es hacerse cargo del problema, ya que el sábado -incluso bajando la rigurosidad de los controles- se hicieron filas eternas, no se logró bajar los tiempos de espera. Del lado chileno la promesa es que todo cambiará cuando se termine el nuevo complejo que está en construcción. ¿Acá qué vamos a hacer? Seguramente aún no hay respuesta, pero tampoco hay a quien culpar.

La situación puede ser incluso más compleja con el endurecimiento de lo controles migratorios, lo que puede hacer más lenta una parte del proceso. Ahora, cuando se toman decisiones se hace a miles de kilómetros del cruce internacional, sin conocer la realidad de un complejo viejo y obsoleto, tal como se hizo cuando se aumentaron los controles de la AFIP. ¿Entonces, no será la ocasión de que las autoridades provinciales hagan sentir su voz de verdad?.

Un punto aparte es la información que se entrega a través de la cuenta en Twitter de Paso Cristo Redentor, lenta y mentirosa. Nos hablaba de cuatro horas cuando hubo gente esperando diez desde la noche del viernes. Cuando ya no se pudo mantener el cuento, se reconoció el colapso total. Menos mal que existen las redes, que en sólo segundos pueden mostrar cuando nos tratan de vender pescado podrido.