Los productores no mandan fruta, piden auxilio

Los productores no mandan fruta, piden auxilio

Los “verdurazos” realizados en distintos puntos del país son más que ferias ad hoc para no perder la producción. Son espacios públicos para mostrar una realidad donde el consumidor termina pagando casi seis veces más que lo que recibe el pequeño productor. En Mendoza también se utiliza la plaza pública como caja de resonancia.

Mendoza tuvo hoy otro capítulo de esa larga saga titulada “El verdurazo”. Por si alguien se la perdió, se trata de la visibilización del drama que padecen los productores primarios que malvenden su producción, no sólo por el contexto económico que ya todos conocemos, sino también porque son el último eslabón de una cadena donde resultan ser los más castigados pese a que todo el ciclo comienza en sus manos.

Ellos son precisamente quienes gestaron el producto que llega a la mesa después de un largo camino y sin embargo los que menos reciben.

Si es por graficar, la brecha entre lo que paga el consumidor y lo que recibe el productor es casi más ancha que la grieta K-anti K. Así lo corrobora el Índice de Precios en Origen y Destino que elabora el área de Economías Regionales de CAME, y que mostró que en marzo los consumidores pagamos 5,35 veces más de lo que cobró el productor (en febrero la diferencia había sido de 5,23 veces).

Otro problema sustancial que padecen los sufridos chacareros es el costo de los arrendamientos. Por caso, el 55% de los productores de la provincia son arrendatarios. De allí que estos “feriazos” en lugares de amplia visibilidad como la Plaza Independencia sirvan no sólo para vender simbólicamente todo a $20 y no dejar pudrir su producción sino especialmente para mostrar que el problema es mucho más profundo.

Referentes del agro mendocino plantean como algunas de las medidas necesarias simplificar los trámites para la agricultura familiar y campesina en cuanto a trámites de habilitación, asistencia de emergencia, vacunación, además de establecer costos accesibles a gestiones administrativas puntuales. Por eso, dejan en claro, que los precios de sus productos representan apenas un eslabón de una larga y frágil cadena.

Expresiones similares de protesta ya hubo en Capital Federal (que terminaron con violentos incidentes en Plaza de Mayo por la represión policial), Mar del Plata y Córdoba, entre otros, impulsadas por la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular y organizaciones locales.

Paralelamente a estas reacciones de descontento y reclamo, existen varias opciones para que los productores lleguen directamente hasta los consumidores, como pueden ser las Feria del Ahorro que impulsa la comuna de Godoy Cruz o la Bioferia que se realiza los sábados en los jardines de la Facultad de Ciencias Políticas, con más de 20 stands de producción local. Espacios donde se registran diferencias de precios de hasta el 80% más baratos que en súper e hipermercados.  

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Con ojo de consumidor

Si hay alguien que percibe esa enorme brecha de pagar cinco veces más que lo que recibe el productor es quien se toma el trabajo de comparar cuánto debería pagar por una fruta o verdura en el supermercado y cuánto cuesta en la verdulería del barrio.

Ni hablar si va en busca de lo mismo a los mercados cooperativos de Guaymallén, del Este o Godoy Cruz. Y más cercano a la realidad de los costos, la compra directa a aquellos productores que están apostados en determinados puntos del Gran Mendoza y que al no pagar un alquiler ni impuestos o tasas venden su producción a un costo más fidedigno.

Seguramente quien hoy compró un bolsón de verduras con apenas $100 sienta -y estará en lo cierto- que le ganó una pequeñísima batalla a la inflación. Para el productor, en cambio, habrá sido un grito de auxilio en una economía más preocupada por el dólar, las Leliq y la mirada acechante del FMI.

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