Una Casilla Rosada para denunciar los techos que faltan

La ong TECHO instaló detrás de la Casa Rosada una simbólica casilla para visibilizar el déficit habitacional y poner en la agenda de los candidatos presidenciales la situación de miles de barrios populares que esperan que la ley aprobada el año pasado para regularizarlos sea un paso más para una vida digna. 

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Rubén Valle

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En la Argentina, la política de vivienda no tiene grieta. Números más, números menos, indefectiblemente siempre se queda corta. De ahí que sigue siendo hoy una de las deudas más antiguas desde la recuperación de la democracia.

El déficit habitacional a nivel nacional ronda los 3,5 millones de hogares. Según la Fundación de Estudios para Desarrollos Inmobiliarios (FEDI), esa cifra crece a un ritmo de 36 mil viviendas por año.

El año pasado el Indec estimaba que en una Argentina habitada por 44,5 millones personas hay unos 13,3 millones de hogares. El subrayado es que 1 de cada 3 de esos hogares tiene problemas de vivienda.

Desde 2000 en adelante, la Argentina genera alrededor de 210.000 hogares, de los cuales 35.000 no llega a conseguir un techo propio para vivir. La tasa pasó de 77% de hogares propietarios a 69% (un descenso de 8 puntos porcentuales). 

El condicionante más obvio y definitorio vuelve a ser el contexto económico que impide que sectores bajos y medios puedan acceder a una vivienda propia, especialmente por la falta de financiamiento a largo plazo. La imposibilidad de contar con un crédito hipotecario condena a millones de argentinos a resignarse, en el mejor de los casos, a destinar sus magros ingresos a un alquiler.

Esto determina que 8 de cada 10 personas que no pueden tener su casa depende de la ayuda del Estado y de planes como los que ejecuta a través del Instituto Provincial de la Vivienda (IPV).

Para la Cámara de Corredores Inmobiliarias, el déficit habitacional en Mendoza se podría traducir en unas 70.000 viviendas, cifra que treparía a 130.000 si se agregan aquellas construcciones que necesitan mejoras habitacionales.

Una casa, un refugio

La ong TECHO es una organización que está presente en 19 países de América Latina para poner el foco en la situación de pobreza que padecen millones de personas, especialmente en asentamientos, villas y barrios precarios. Pero lo suyo no es sólo alertar sobre esa realidad sino también revertirla.

Hoy, TECHO instaló detrás de la Casa Rosada una "Casilla Rosada" para simbolizar el refugio de miles de familias que sobreviven en los barrios populares del país. Su acción no quedó en el golpe de efecto sino que planteó públicamente a los candidatos presidenciales "propuestas para poder abordar la problemática por los asentamientos, desde una mirada estratégica del corto, mediano y largo plazo".

Según el Registro Nacional de Barrios Populares en todo el país hay 4.416 barrios populares (247 pertenecen a Mendoza), en lo que viven cerca de 4 millones de personas sin acceso a servicios básicos.

Florencia Drucker, la directora de Comunicaciones de TECHO, explicó la estrategia de esa organización es poner en la agenda de los que quieren conducir este país una serie de propuestas destinadas a los asentamientos como emergencia habitacional y hacer realidad la implementación de la Ley de Integración Socio-urbana de Barrios Populares.

Esta norma, que se aprobó el año pasado por unanimidad en el Congreso, declaró de utilidad pública y sujeto de expropiación a los 4.416 barrios registrados para su posterior regularización, además de la realización de obras de infraestructura para conectar los servicios básicos.

Para empezar a revertir ese verdadero agujero habitacional, sobre todo del sector más vulnerable, la ong propone la construcción de "viviendas de emergencia", un plan en el que vienen trabajando desde hace años y aplicando en varios países.

El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA calcula que este año concluirá con el 35% de la población en situación de pobreza. El  dato con el que los candidatos presidenciales ya deberían a empezar a perder el sueño. O, mejor para todos, ya ir trabajando a cuenta. 

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