Agazapada detrás de la inflación, la inseguridad también deja huella

Para un buen número de mendocinos, encuestados o no, la inseguridad es un tema que realmente preocupa pero que la coyuntura económica solapa como a tantas otras urgencias. Desde el gobierno aseguran que hay indicadores que han mejorado, sin embargo en la calle el delito sigue siempre activo y al acecho. 

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Rubén Valle

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Cuando la mayoría -por no decir todos- de los precandidatos considera al tema económico como el que más preocupa al electorado, difícilmente alguien diga que ese diagnóstico es equivocado. Pero eso es tan cierto como parcial.

Se les crea o no a las encuestas (ya sabemos cuánto depende quién las paga y quién las hace, o cuán a medida se elaboran), a veces vienen a dar una señal de algo que preocupa a un sector considerable de la población pero no tiene la visibilidad ni el eco social de otros temas que urgen como la falta de empleo, la inflación o la devaluación del peso.

Un sondeo realizado por la consultora Raúl Aragón & Asociados acerca de ¿Cuál es el principal problema de la provincia?  puso a la cabeza, con el 23,3%, a la inseguridad. Por encima incluso del trío "economía, tarifas e impuestos elevados", desempleo y corrupción.

Como sólo los crímenes y los asaltos violentos son los que provocan un impacto mayor, pareciera que el resto transcurre en una calma de ciudad nórdica, cuando en realidad es relevante la cantidad de hechos que se califican como "menores". Sin embargo, en cada persona asaltada o víctima de un robo en su hogar, más allá de lo mucho o poco que le hayan sustraído, el impacto es igual de significativo en lo psicológico, en lo limitante en cuanto a sus movimientos cotidianos. 

En su discurso del 1º de mayo ante la Asamblea Legislativa, el gobernador Cornejo aseguró que los asaltos a mano armada habían bajado un 45% desde el 2015. Cifra que desde la oposición no salieron a refutarle, pero que lógicamente sólo contempla lo denunciado. 

Quienes a diario reciben el parte del ministerio de Seguridad pueden dar fe de que buena parte de esos robos y asaltos cotidianos no se ocultan, pero también es cierto que hay muchísimos más que ni siquiera llegan a la instancia de la denuncia; en gran medida por el escepticismo de que se haga justicia y el descrédito de quienes la imparten. Son los que ven a la puerta giratoria no como una metáfora sino como una realidad de cómo funciona la justicia para el supuesto "robo menor".

La rutina de estar a la defensiva

Son numerosos los barrios que desde hace tiempo optaron por contratar seguridad privada, pagando cada vecino una cuota accesible, para garantizar una protección básica que la provincia no alcanza a brindar, pese a haber sumado en los últimos años más personal policial, más móviles e incorporar tecnología. Nada de esto es suficiente si las condiciones sociales y económicas de base siguen sin resolverse.

Tampoco sorprende que la inseguridad no esté más arriba en otras encuestas porque, convengamos, ya naturalizamos vivir paranoicos, incorporando rutinas que puedan sortean los métodos de los amigos de lo ajeno. Entonces, lo económico se sube al podio sin obstáculos. 

Cuando se plantea este tema, desde el gobierno provincial responden con un repaso de las acciones que se han realizado y estadísticas ad hoc, sobre todo de la baja de homicidios ("de 9 homicidios cada 100 mil personas, pasamos a 5 en 2018", Cornejo dixit), pero a nadie escapa que hay zonas imposibles de transitar después de cierta hora y no necesariamente se trata de barrios marginales. En cualquier calle, el robo al voleo es una posibilidad real y por ende muy difícil de controlar, salvo que se incrementaran sustancialmente los patrullajes.

En concreto, se ha naturalizado que exista el delito menor mientras no haya homicidios ni otros hechos de sangre que salten a primera plana y despierten reacciones populares, siempre incómodas para cualquier gobierno de turno.

Si no un mapa, al menos un plan

A los precandidatos se les escucha mencionar de tanto en tanto el tema de la inseguridad, pero casi por arriba, como parte del menú obvio, inevitable. Las propuestas que marquen un quiebre no aparecen en el radar. Tampoco se pide un mapa del delito al estilo Jaque. Un plan, tan simple y complejo como eso.

El analista político Sergio Berensztein es uno de los que reconoce que no se trata de un fenómeno local: "La preocupación por la seguridad se posicionó como una de las principales demandas de parte de la ciudadanía en todos los países de América Latina (según los datos de Latinobarómetro). Los distintos estudios de opinión pública la colocan en el top 3 de los problemas a solucionar por parte de los respectivos gobiernos de la región".

Está claro que por sí misma la problemática de la inseguridad no define una elección, pero ciertamente impacta en cada ciudadano que a la hora de decidir su voto pone en la balanza no sólo llegar a fin de mes, sino llegar entero a su casa.  

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