#166: La guerra de nervios ha comenzado

La opinión sobre el año político y el interesante dato de los cargos en disputa, a cargo del exsenador Sergio Miranda.

Sergio Miranda

La boleta única, un pedido de diferentes instituciones.

Este año 2019, 166 personas varones y mujeres de distintos partidos, todos mendocinos, juraran asumiendo algún electivo, concejales/as municipales, intendentes, diputados/as senadores/as provinciales, el gobernador/a y vice y los diputados/nacionales. Serían 167 si sumamos a alguien a la fórmula de presidente y vice.

Estas 166 personas surgen de un universo de algo así como 7.000 militantes, equivalentes al 0,5%, aproximadamente, del total de electores de la provincia. ¿Qué tiene de relevancia este número?, simplemente aporta el dato de que lo que ocurre en estas semanas afecta, directamente, a un pequeñísima porción de la población, para los cuales estos días son cruciales, fundamentales y determinantes para definir el futuro que empieza ahora y termina con el comienzo de la próxima guerra de nervios, versión 2021.

Dato: Síntomas visibles de la guerra de nervios: cólicos, dolor de cabeza, alergias, ira, cansancio, lumbalgias y ciáticas, disonancia entre lenguaje verbal y no verbal.

Ahora bien, es necesario distinguir que este ínfimo universo no es uniforme y existen en él muchas realidades distintas, las cuales podrían agruparse de alguna manera, aunque lo cierto es que “cada candidatura es un mundo”. Además, cada una de ellas genera un sinnúmero de anécdotas imposible de ser compiladas.

Vemos las vanidades y los egos, las pequeñeces y las mezquindades, las chicanas y las zancadillas, mezcladas también con algunas dosis de grandeza y de sentido común. ¿Está mal, está bien? Quién sabe. Solo sabemos que la naturaleza humana nos hace competitivos por naturaleza y ese instinto es el que florece en esta época. Por derecho natural si se quiere, estamos legitimados para pensar que somos mejores que el otro para ocupar cierta candidatura y estamos dispuestos a hacer muchas cosas para lograrlo. Solo así se logra el embudo que hace que de 7.000 queden solo 166.

Vamos a intentar explicar mejor esto haciendo un ejercicio de simplificación para el cual vamos poner rótulos a algunas categorías de personas activadas en modo “candidato/a”.

Los estrategas: “…vi House of Cards, tengo todo planeado…”

Son los que vienen elucubrando su candidatura desde hace años, quizás desde que no llegaron a la lista de los 166 privilegiados en la elección anterior. Ellos/as han venido tejiendo una paciente red basada en los pilares de relacionamiento productivo, comunicación sostenida, discurso prolijo, imagen cuidada. Algunos/as de ellos/as también han ido un poco más lejos y han armado algún equipo de trabajo decente y hasta han generado proyectos.

Estas personas tenían desde hace algún tiempo el objetivo claro y lo han sostenido con disciplina. En un análisis objetivo, son los que más se merecen estar en una lista, aunque tal vez, con las subjetividades de por medio, veamos que es muy poco lo que algunos estrategas se merecen, aun a pesar de la prolijidad estratégica.

La mala noticia para los estrategas es que un pan bien elaborado, puede quemarse en la puerta del horno. La complejidad sistémica de la política hace que sean tantos los factores y subsistemas en danza que es imposible incidir en todos.

Los de siempre: “…si mi nombre sirve para algo…”

Esta categoría está representada por aquellos que han hecho de la política un medio de vida y también, por qué no, por aquellos que aman la política y tienen una real vocación. Tienen un gran dominio del estado de ánimo de la resignación, ya que muchas veces ven pasar el tren, se les pasa, y pacientemente se sientan a esperar al próximo. Poco hacen en la espera, pero están. Generalmente son los que peor leen la política y la mezclan con un poco de lirismo y culpan fácilmente a otros por su no acceso a una candidatura, siendo que el merecimiento divino está en ellos. Además hacen algo inexorablemente: repiten y repiten, año tras año, las mismas recetas para pasar el embudo y es como que viven el día de la marmota en cada elección. ¿Está bien, está mal? Quién sabe. Siempre en alguna elección se cuela alguien de esta categoría.

Los tácticos: “…es mi momento…”

Son aquellos/as que hace algunas semanas, días u horas se han dado cuenta que puede ser su gran oportunidad. Lo primero es correr a la compu y abrir “una página en facebook”. Pueden venir de la gestión o de la militancia y les ha picado el bichito de la candidatura que les posibilitaría ocupar algún cargo que asegura entre otras cosas buen sueldo, estabilidad laboral por 4 años y algunos mimos al ego. Los tácticos empiezan a conseguir números de teléfonos que no tenían, mandar solicitudes de amistad, a ir a eventos sociales para cruzarse con alguien y a hacer todo lo que les permita subir a la vidriera. Además tunearan su CV político para agregar todo lo que se pueda que permita su carta de presentación. ¿Está bien, está mal? Quién sabe. Muchos tácticos llegan por una mezcla de fortuna y olfato y a veces son verdaderas sorpresas agradables…otras veces no.

Los improvisados: “…yo estaba muy tranquilo en mi actividad…”

Generalmente vienen de afuera de la política. Son los/as que, según algunos de ellos, viven en un piso moral por encima de los políticos, pero aceptan bajar al submundo para volcar todo su expertise y cambiar el mundo. Lo bueno de los improvisados es que su nivel de estrés es notoriamente inferior al del político tradicional, ya que prácticamente no entiende nada de lo que pasa y vive el proceso casi como una experimentación en un mundo que les resulta simpático para sumar situaciones a su anecdotario.

Los especuladores: “…yo solo quiero aportar al proyecto…”

Las personas de esta categoría hacen esfuerzo en una sola tarea, que es la del relacionamiento productivo. Uno los ve de afuera y se los ve distraídos de la política y concentrados en la gestión o en la militancia. En realidad están trabajando a diario para estar bajo del radar del “decisor”. Es un camino corto y menos traumático. Son los “Yes Sir”. Dicen que si a todo y tienen un estómago a prueba de balas. Bancan lo que sea del decisor. Algunos lo llaman lealtad, confundiendo claramente respecto a cuál es el verdadero significado.

Los relajados: “…si se da, buenísimo…”

Son aquellos que les encanta la idea de ser candidatos, pero no están dispuestos a hacer el esfuerzo que la construcción de una candidatura exige. Esperan y disfrutan y viven en modo zen el proceso y si son, son y si no son, todo bien, paz y amor. Los relajados son odiados por el resto de las categorías por ser los que menos sufrieron el proceso y lo bueno es que nadie los vio venir.

Lo cierto es que más allá de estas categorías, insisto, arbitraria y simplista, sólo útil al objetivo de facilitar una conceptualización, lo real es que las primeras preguntas que debe responder alguien que quiere ser candidato/a es lo siguiente:

¿Cuánto depende de mí, mi candidatura?

¿De quien depende mi candidatura?

¿Qué estoy dispuesto a hacer?

Las respuestas de estas preguntas, dan para otra nota…

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