Las mentiras culposas sobre la realidad

Los datos de la economía destruyeron los discursos de esperanza y pusieron al Gobierno en una situación incómoda. Esa realidad tiene consecuencias políticas.  Hablamos de "mentiras culposas" por no pensar que hay cinismo detrás de los errores en los pronósticos económicos y en los problemas para controlar la inflación.

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Pablo Icardi

La probreza creció en Argentina.

“Vamos hacia una economía más sana”, aseguraba el gobernador Alfredo Cornejo hace una semana. Pocos días después, un dato golpeaba esas esperanzas: 4% de inflación mensual en Mendoza, con una suba de los alimentos del 60% en un año. Datos que son una de las muestras que la economía de las familias de Mendoza se está tornando inviable, sobre todo las que escapan del paraguas del empleo estatal. Con esa inflación, es probable que los niveles de pobreza e indigencia medidos por ingreso vuelvan a niveles inmorales para una Nación. En la otra escala, la de las empresas, la situación es igual de dura: caída de la actividad; cierre del crédito y poco para esperanzarse.

Inflación en Mendoza

Esos datos de la realidad ponen al gobierno en una situación incómoda. Desde que asumió, Cornejo esquivó hacer promesas. De hecho hizo todo lo contrario: usó un discurso hiperrealista para tratar de posicionar su gestión como la “reconstrucción”, sin ponerse grandes objetivos. Ese camino le sirvió para extender su luna de miel y capitalizar cada gateo que daba la gestión; o algún paso adelante por mínimo que sea. Pero la realidad económica puso, sin embargo, a Cornejo en un lugar incómodo: el de la mentira culposa.

A pesar de ese discurso basado en el pesimismo, el propio Gobernador no pudo evitar gotear algo de esperanza desde que asumió. En ese camino, fue parte de la construcción de un horizonte económico que resultó ficticio; ese que indicaba que las variables macroeconómicas se estabilizarían, la inflación bajaría y las condiciones estarían dadas para mejorar la producción. En 2017, por fin, algunos indicadores daban señales positivas; pero esos brotes verdes se diluyeron como un espejismo. Por pensar bien; se puede creer que el Gobernador no operó de mala fe. Que no hubo dolo cuando explicaba que en un plazo viable de tiempo la situación mejoraría. Si fuera lo contrario, hablaríamos de cinismo y no de mentiras culposas.

La situación económica tiene consecuencias políticas y probablemente allí están las principales razones del distanciamiento entre Cornejo y Casa Rosada. Tienen problemas por las diferencias de criterio para construir poder; sí. Tienen problemas por la el porteñocentrismo del Gobierno; también. Pero muchas más por los “errores” en la gestión de la economía. También por la falta de sensibilidad sobre las consecuencias en la vida cotidiana.

Si para los partidos populares, como el peronismo y el radicalismo, los sectores más vulnerables han sido parte de su clientela política; para el Pro son un mundo desconocido. Un ejemplo de ello lo comentábamos hace algunos días. En medio de la crisis, el pedido de esfuerzo para la comunidad se potencia; pero las ganancias de las empresas de servicios es un bien intangible y por eso los aumentos no se tocan y hasta van a volver a subsidiarlas. Hay tanta distancia entre lo que creen que ocurre con lo que de verdad pasa, que también podrían pasar por “culposos”.

El problema para Cornejo es que en el corto plazo parece irreversible. Y en lo discursivo no alcanza con tercerizar las responsabilidades por la falta de herramientas provinciales para gestionar la economía. Más cuando quien conduce es un aliado político. 

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