Elegir a la reina: ¿Una tradición que no puede cambiar?

A partir de la decisión que tomó la provincia de San Juan acerca de cambiar el título de Reina Nacional del Sol, por el de embajadora, obligando a cada una de las mujeres que quiere ocupar ese lugar a presentar un proyecto para su departamento, los mendocinos nos volvimos a replantear la elección de la Reina Nacional de la Vendimia. Y si abrimos el debate es porque algo queremos cambiar. Cambiar muchas veces, sin animarme a decir “siempre”, es lo mejor que nos puede pasar como personas pero también como sociedad.

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Muriel Del Barco

Coronacion de la reina nacional de la Vendimia 2019

ALF PONCE/MDZ

Cuando el Ministerio de Turismo de San Juan comunicó que la Fiesta Nacional del Sol había cambiado el título de reina por embajadora debido al cambio de paradigma con respecto a la figura femenina, los mendocinos nos volvimos a preguntar si realmente deberíamos seguir invirtiendo tiempo y dinero en elegir a una mujer que con sus atributos de belleza nos representara en la provincia, en el país y en el mundo.

"La palabra reina llegó a un punto que tampoco identifica a la mujer sanjuanina", dijeron. Paralelamente, a la elección se le sumó otro requisito: las concursantes deberán presentar un proyecto social para su departamento.

Por ello, en la nota mencionada anteriormente invité a los lectores a votar: ¿Te parece que hay que elegir Emabajadoras en la Fiesta Nacional de la Vendimia? Para lo que el 36% votó a favor de modernizar la tradicional fiesta, mientras que el 64% restante opinó que las reinas con capa, corona y cetro son parte de nuestra tradición. Lo mismo opinan la mayoría de las mujeres que portaron dichos atributos -Reinas de Mandato Cumplido- que hoy mantienen un rol social cuasi fundamental en las comisiones, así como también autoridades provinciales, sin ir más lejos la directora de Emetur; Gabriela Testa quien afirmó: "Deben seguir siendo reinas".

Personalmente he vivido la experiencia de ser reina. En el año 2008 me coronaron como tal en el departamento de Luján de Cuyo y viví en primera persona lo que fue una elección vendimial. La realidad es que en ese concurso son varios los valores que se ponen en jaque. Pero en esa época ser elegida a dedo “por algunos atributos” era un privilegio, quizás un halago o todo un mérito. Pero, ¿qué tipo de mérito? Me votaron personas que no conocían ni mis capacidades, ni mis sueños, ni mis logros, ni mis anhelos, algunos no conocían ni siquiera mi voz. ¿Entonces qué vieron en mí para portar el título de reina?

El tiempo ha pasado y las mujeres hemos evolucionado. Luchamos día a día porque nos reconozcan como personas y no como cosas. Luchamos por cumplir nuestros sueños trabajando en equipo, porque juntas hemos logrado cosas increíble. Y paralelamente repudiamos la competencia entre pares, la cosificación, el modelo estereotipado de la figura femenina, la valoración absurda hacía una persona por sus atributos de belleza, cuando la belleza hoy por hoy es tan solo una apreciación subjetiva de algo o de alguien. Entonces, si no nos sinceremos que la Vendimia es un concurso más de belleza en el mundo y negamos seguir poniendo el foco en estas cuestiones, no evolucionaremos jamás. 

Seguimos votando con los ojos y no con el corazón cuando nos paremos frente a una mujer, que con muy poca experiencia, porta capa, cetro y corona.

Y aunque muchas de ellas aseguren que elegir esta figura es parte de nuestra tradición, recurrir a la misma para seguir conservando en nuestra sociedad un concurso de belleza es un despropósito que, en realidad, no justifica otra cosa que no sea la mente cerrada de algunos que se empeñan en no evolucionar y continuar, en el siglo XXI, a la altura de los hombres de las cavernas.

Que sea una tradición no es sinónimo de bondad, ni de bien hecho, ni de conveniente, ni de acertado. Las tradiciones están ahí y las podemos mantener cuando así lo exige el buen criterio, pero en muchos casos, tendríamos que hacer una reflexión y cambiar la tradición, que en ocasiones es involutiva. Sin ir más lejos, el cambio climático nos está obligando a replantearnos nuestras formas de consumo. Porque quedarnos inmóviles al costado del camino no es más que justificar bajezas que han logrado mantenerse en el tiempo. Nunca destruir y abusar de nuestros recursos puede ser bueno.

La comodidad de la repetición es una especie de agujero negro que nos atrapa, pero el cambio supone una decisión, un compromiso y una ejecución. Y nosotras, las mujeres, ya hemos decidido cambiar, ¡de eso no hay duda! 

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