La respuesta ante el avance peronista

La última semana fue noticia el lanzamiento de la fórmula Alberto- Cristina y el triunfo electoral del PJ en la provincia de Córdoba y La Pampa. Desde el presidente Macri, la respuesta de Cambiemos ha sido algo que finalmente el Gobierno no logró instalar en la opinión pública: el peso de la herencia. 

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Mario Simonovich

Foto: .lavozdelaprovincia.com.ar

Ayer, el presidente Mauricio Macri afirmó  que el kirchnerismo dejó un país que "no tenía futuro", ratificó el actual rumbo del gobierno porque es "el único camino que nos lleva a ponernos de pie y alcanzar ese futuro que todos queremos" y dijo que hubiera sido más fácil "si hubiéramos recibido una Argentina con cimientos sólidos"

En un mensaje en redes sociales, y en medio de las repercusiones que generó el lanzamiento de la fórmula presidencial opositora Alberto Fernández-Cristina Fernández de Kirchner, Macri enfatizó que "ese país que nos dejaron, sin puertos, sin trenes, sin infraestructura, sin seguridad jurídica, sin energía, sin comunicación, no tenía futuro".

Anoche, en la ciudad de Santa Rosa de La Pampa, Cambiemos perdió la intendencia en manos de un peronista alineado con La Cámpora. "Hicimos todo lo posible desde la gestión, pero encontramos una ciudad fundida y destruida", dijo el intendente Leandro Altolaguirre.

En los últimos tiempos, desde Cambiemos muchas voces  han reiterado acerca de la Argentina "fundida y destruida" que se encontraron en diciembre de 2015, lo que es conocido como "la herencia" y que el Gobierno lo documentó en detalle a través de un minucioso informe difundido en 2016, llamado "El estado del Estado":

Por ejemplo, el informe dice que tras 8 años ininterrumpidos de presidencia, Cristina Kirchner dejó una Argentina sin vivienda digna (o en lugares que no cumplían las condiciones básicas de higiene) en una de cada tres familias; con docentes de siete provincias que cobraban sueldos menores al salario mínimo y una crisis educativa en el que apenas la mitad de los alumnos de las escuelas públicas argentinas terminaban el secundario en forma; el PAMI, con una deuda de 5.500 millones de pesos, perdiendo unos 250 millones por mes y pagando servicios de salud a unos 400 mil fallecidos (a nombre de 7 mil de ellos se compraban remedios que luego se vendían en el mercado negro); un déficit fiscal equivalente al 5,5% del tamaño de la economía argentina (tras recibir ocho años atrás una economía con superavit, todo esto producto de gastar enormemente más de lo que ingresaba); con 22 meses consecutivos de caída en la producción industrial y en las exportaciones; con la Casa de la Moneda destruida financieramente (en los últimos tres años de la gestión de Cristina Kirchner pasó de tener un patrimonio neto de 118 millones de pesos a un saldo negativo de 400 millones). A nivel empleo, con la mitad de los asalariados cobrando menos que el salario mínimo; en inseguridad, con la Argentina convertida en el tercer proveedor mundial de cocaína y en la nación con la mayor tasa de robos del mundo; con una severa crisis energética,  desabastecimiento y malos servicios (por ejemplo, los cortes de luz en el Gran Buenos Aires se cuadriplicaron durante el kirchnerismo: pasaron de 8,3 horas por hogar en 2003 a 32,5 horas por hogar promedio en 2015), con obligaciones impagas de Vialidad por 13 mil millones de pesos; Aerolíneas Argentinas, con un promedio de dos millones de dólares al día que recibía del Tesoro Nacional; con un Ministerio de Justicia que duplicó sus empleados en los últimos 3 años de gestión de Cristina (de alrededor de 3 mil a unos 6 mil); con la presión tributaria que creció mucho más que los países vecinos, con un brusco descenso de las reservas del Banco Central y sobre todo, sin lograr bajar la pobreza, mientras que Chile y Uruguay -con políticas de Estado- lograron reducirla, al punto que hoy tienen cuatro veces menos de pobreza que Argentina.

Está claro que cuatro años no alcanza para arreglar todo esto y sólo en lo que respecta al principal problema de hoy, la inflación, puede llevar más de 10 años, si se tiene en cuenta la experiencia de naciones vecinas como Chile, Uruguay, Paraguay o Perú, que aplicaron recetas sólidas y para el largo plazo.  

Hoy la respuesta del oficialismo ante el avance del peronismo es recordar el diagnóstico que dejaron ellos en 2015. Si bien el próximo gobierno recibirá una economía más ordenada -se espera para fin de este año un déficit en cero-, con un Banco Central más fortalecido en reservas, un dólar equilibrado y con una  mejor inserción  en el mundo, hace falta una mejor explicación del país que dejó Cristina en 2015, de lo que Cambiemos hizo  desde allí en adelante y del tiempo que aún hay que esperar para la solución definitiva de los problemas clave e históricos de los argentinos, como la inflación. De eso tendrían que estar hablando hoy Cristina, Alberto y todos los precandidatos.  

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