¿Por qué no hay que temerles a los videojuegos?

A partir del lanzamiento de una nueva edición en Argentina del exitoso libro “La realidad está rota...”, de la investigadora en realidad alternativa Jane McGonigal, nos adentramos en esta perspectiva revolucionaria de cómo los juegos pueden solucionar nuestras vidas repletas de problemas y dificultades.

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Gonzalo Arroyo

¿Por qué no hay que temerles a los videojuegos?

En la actualidad muchos padres se encuentran preocupados por las horas que pasan sus hijos frente a las pantallas jugando videojuegos. ¿Para qué sirven? ¿Qué enseñanzas les puede dejar para la vida real? Por lo general, las respuestas a estas y otras preguntas son negativas y pesimistas: los juegos solo sirven para perder el tiempo, desconectarse y evadirse de la realidad. Quizás, pero tal vez no sea tan así.

De forma global, se dedican hoy más de tres mil millones de horas semanales a jugar videojuegos. Cientos de millones de personas en todo el mundo eligen pasar su tiempo libre en estas realidades virtuales.

Si por un momento intentamos razonar estos números, hay quienes plantean que nos encontramos ante el fenómeno migratorio más importante de la historia de la humanidad. Además, en la actualidad, la industria de los videojuegos se encuentra entre las más rentables y exitosas dentro del consumo del entretenimiento, superando ampliamente a otras industrias como la música y el cine. Pero, ¿por qué tantas personas juegan videojuegos?

Que esta increíble cantidad de individuos de todas partes del mundo (con culturas tan distintas entre sí y de diferentes edades) coincidan pasar grandes cantidades de su tiempo en las realidades virtuales que les ofrecen los juegos, pone de manifiesto que hay algo que no está funcionando en la realidad real: pareciera que los juegos ofrecen respuestas que la realidad no brinda. Que los juegos satisfacen necesidades reales a las que las sociedades de hoy parecen incapaces de dar respuestas.

Existen millones de personas que no logran ser motivadas por la realidad. En cambio, encuentran en los juegos un canal para satisfacer sus necesidades de desafíos y recompensas, de éxitos y creatividad, de formar parte de algo mayor. Allí es donde descubren sus fortalezas, qué los motiva realmente, dando lugar a modos de pensar, organizar y actuar. Sencillamente, los hace feliz. Entonces, ¿por qué la realidad no busca intentar dar con este exitoso modelo motivacional?

Comprender lo que nos preocupa

¿Por qué nuestros hijos disfrutan tanto construir civilizaciones virtuales o embarcándose en aventuras épicas fantásticas y no los atrae salir “afuera” a jugar? Una de las mayores preocupaciones tiene que ver con “la pérdida de tiempo” y esta supuesta intención de “evadirse de la realidad” . Por eso es necesario prestar atención al modo en que realmente funcionan los juegos, y cómo interactúan las personas cuando juegan, para superar los prejuicios culturales que existen contra ellos. Esto nos ayudará a dejar de preocuparnos y a dar un paso más en entender hacia que lugar avanzan las sociedades del futuro.

Muchos tienen el prejuicio de analizar el consumo de videojuegos sólo como algo que afecta a niños y adolescentes, pero claramente vamos en camino hacia una sociedad donde todos en algún punto seremos jugadores. En este sentido, recomiendo ver la última película de Steven Spielberg , “Ready Player One” (2018).

Al menos, los datos son claros. Según la Asociación de Software del Entretenimiento, quien publica desde hace años los informes de investigación más prestigiosos de este tipo en Estados Unidos, el 69% de los jefes y jefas de hogar juegan videojuegos, el 97% de los jóvenes juegan videojuegos, el 40 % de los jugadores son mujeres, uno de cada cuatro jugadores es mayor de 50 años, el jugador promedio tiene 35 años y juega desde hace 20 años, la mayoría de los jugadores cree que seguirá jugando juegos el resto de su vida.

Estos números dejan en evidencia que hace falta ocuparse en determinar el impacto que tendrán los juegos sobre las sociedades reales y sobre las vidas de las personas. Tener en cuenta que los juegos pueden cambiar nuestra manera de pensar y actuar en la vida cotidiana. Que nos pueden ayudar a mejorar, comprender, educar y aprender más de la realidad.

¿Por qué los videojuegos pueden mejorar nuestras vida? 

En el año 2011 fue publicado uno de los libros más importantes sobre cómo los videojuegos pueden cambiar la realidad (en Argentina fue editado en 2013 por Siglo Veintiuno). Llevó como título “La realidad está rota: ¿Por qué los video juegos pueden mejorar tu vida y cambiar al mundo” y fue escrito por la investigadora en realidades alternativas y videojuegos Jane McGonigal.

A partir de la publicación de esta exhaustiva investigación, la forma de ver el mundo gamer cambió por completo. Lo que McGonigal se propuso con su investigación fue que el individuo comprenda cómo funcionan los videojuegos para poder llevar esas experiencias a la vida real. Para lograr su objetivo, descubrió que todos los juegos comparten 4 rasgos fundamentales que los definen: una meta (objetivos claros), reglas (cómo alcanzar esos objetivos), un sistema de feedback (informa cuán cerca se está de alcanzar la meta) y la participación voluntaria (aceptar los pasos anteriores sin ningún tipo de obligación). De esta forma la meta concentra la atención y los orienta; las reglas generan creatividad y pensamiento estratégico; mientras que el sistema de feedback les sirve de motivación.

Aquí se encuentra la clave por lo que tantas personas pasan miles de horas de sus vidas jugando videojuegos: el deseo de mejorar, sentirse motivados y seguros. Algo que en la vida cotidiana muchas veces cuesta encontrar: básicamente, la necesidad de poder ver los resultados de los esfuerzos realizados de la manera más clara e inmediata posible. Según McGonigal a la vida cotidiana le falta esa sensación satisfactoria y estimulante que brinda el logro creativo, pero que se puede encontrar en abundancia en los juegos. Además, y lo más importante, es posible transferir estas lecciones a la vida real.

Queda claro entonces que competir y ganar no son rasgos fundamentales y definitorios de los juegos. Es más, muchos jugadores preferirían seguir jugando y que el juego nunca termine. ¿Por qué? En realidad lo que buscan es aprender, explorar, equivocarse, convivir con las frustraciones y mejorar. 

¿Cómo jugar sin que atente contra nuestra salud?

La adicción es uno de los problemas que más preocupa a los padres, pero también a la industria de los videojuegos. Aunque esto pueda parecer contradictorio no lo es.

Según plantea de McGonigal, el propósito de la industria es lograr que los jugadores pasen la mayor cantidad posible de tiempo jugando. Pero, su objetivo primordial es crear jugadores de por vida: personas que puedan equilibrar sus juegos con vidas activas. Esto marca un dilema en la industria: cómo permitir que los jugadores jueguen más sin que esto atente contra su vida real. Por eso se encargan de informar los resultados de diversos estudios que llevan a cabo contra la problemática de la adicción al juego.

Las investigaciones demuestran que los juegos son altamente beneficiosos cuando se juegan tan sólo tres horas por día o veinte horas por semana. Superadas estos tiempos, todos los beneficios antes mencionados desaparecen. Siempre hay que intentar que el tiempo de juego no supere entre siete y veinte horas semanales.

Bienvenidos al futuro. Un proceso de cambio hacia “lo que se viene” que seguramente le costará entender a los que no serán protagonistas de esto, pero que pueden acompañar y guiar a los que sí lo serán. Es momento de darse una oportunidad de entender de qué manera funcionan los juegos, por qué a los seres humanos les encanta jugarlos y en qué pueden contribuir a la vida cotidiana.

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