Bergoglio, Zaffaroni y Vera: la Biblia y el calefón

Un día, Gustavo Vera, de la fundación Alameda, convoca en el Vaticano a una cumbre en contra de la trata de personas. Al siguiente, el Papa bendice a quien Vera denunció por poner a sus departamentos a disposición de la prostitución. Todos necesitan a la Iglesia y ella, a los jueces en un momento difícil para sus integrantes.

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Gabriel Conte

Zaffaroni con el papa Francisco.

Una de las habilidades del populismo es poder mostrar sintetizado a lo no "sintetizable". En la Argentina, nuestro propio insumo a esta modalidad política que puede ser de izquierda o derecha es la “viveza criolla”. De sus enseñanzas surge, por ejemplo, que lo que parece importar más es el ventajismo a cualquier costo. Eso solo ya sirve para perdonar cosas imperdonables y se nutre de un principio que la política más personalista y autoritaria ha tomado de la práctica religiosa: la premisa de que “hay mentiras que debemos creer, obligatoriamente”. Eso alínea, subordina, aplasta, controla y permite el control o “la conducción” como todavía se dice en la política argentina que logró sobrevivir a todas las actualizaciones, flotando como madera balsa en la historia institucional.

Es en este marco que los argentinos podemos despistar al mundo racional con un par de actos.

Cuando creíamos que “Dios está en todas partes pero atendía en Buenos Aires”, un argentino se hizo de la principal franquicia de los creyentes de este lado del mundo y, entonces, se consiguió que el considerado “representante de Dios en la Tierra” -ese remanente de monarquía absoluta que tiene sede en el Vaticano- fuera no solo porteño, sino además peronista.

Su principal escaparate para la reagrupación de una feligresía que huye desnuda, despavorida, perseguida por sacerdotes corruptos y babosos, es un área que controla otro cultor del Martín Fierro: Marcelo Sánchez Sorondo, un obispo de raíces nacionalistas que controla una pasarela entre el sindicalismo vernáculo y su subproducto político y la “Santa Sede”: la antesala del Paraíso para los católicos.

Desde sus dos academias pontificias, la de Ciencias (en donde se reúnen los Premios Nobel afines) y la de Ciencias Sociales (un órgano de extensión a falanges, sindicatos y ongs, políticas e institucionales del mundo), ofrece escenario y protagonismo a líderes nacionales, a quienes contiene y empuja, abraza y protege.

Tenemos esta semana un botón de muestra del aporte argentino a la confusión global, a saber:

El 3 de junio hubo una asamblea de magistrados reunidos en un congreso realizado para fortalecer las acciones contrarias a la trata de personas. Sucedió allí mismo, en el Vaticano, con el dirigente político y social argentino Gustavo Vera en un rol protagónico.

Pero el 4 de junio el papa Francisco, Jorge Mario Bergoglio, estrechó la mano del exjuez de la dictadura, exministro de la Corte Suprema de Justicia, Raúl Eugenio Zaffaroni, asistente a otra cumbre que busca controlar desde el pensamiento católico a los jueces panamericanos, justo ahora que los casos de pedofilia y diversos tipos de abuso, empiezan a ser vistos como lo que son, delitos, y no solo como “desviaciones” de miembros siniestros de la estructura eclesiástica.

Un solo detalle que nos hace volver al principio de esta nota en donde hablábamos de sintetizar lo no sintetizable, y aquello de repetir mentiras cual verdades, solo porque lo pide el líder que abraza y protege, resguarda y encubre, es que la Fundación Alameda, que preside el papista Vera fue la que denunció al papista Zaffaroni por poner a disposición cinco o seis departamentos de su propiedad para la práctica de la prostitución.

Vale decir, que los dos lados de una supuesta grieta pueden ser unidos cuando lo que se necesita es, precisamente, ya no solo escenario desde los convocados a la Santa Sede, sino cuando esa sede se ve envuelta en actos non sanctos.

Valga entonces cantar loas a otro profeta, porteño por supuesto, que fue Enrique Santos Discépolo, que supo anticiparse al futuro hablando de cómo la Biblia terminaría junto al calefón.

Los videos de un papista contra otro, hoy unidos:

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