¡Te lo dije Mauricio! ¡Por qué no me hiciste caso!

¡Te lo dije Mauricio! ¡Por qué no me hiciste caso!

Para algunos esta es la columna de la queja, pero para mí siempre ha sido el espacio para reflejar lo que se siente en la calle. Lo curioso es que cada cosa que escribí -y algunos criticaban- se reflejó en el voto del pasado domingo. Se lo dije, pero Mauricio y su gente nunca quisieron escuchar

Mi columna de opinión del domingo 28 de julio se titulaba "¡Mauricio, ahora no nos pases la pelota a nosotros!". Ya en ese momento sentía que en cada palabra del presidente había un mensaje que apuntaba a culpar a los ciudadanos por la posibilidad -ahora casi realidad- de que volviera el kirchnerismo. No había autocrítica y no la hubo tampoco después de la derrota, tanto que directamente el lunes el mandatario nacional salió a culpar a la gente por la forma en que votó.

Lo que para muchos es una columna llena de quejas cada domingo, para mí es un reflejo de lo que sucede en la calle y que -de acuerdo a lo que vi y que confirmé tras las PASO- el presidente nunca captó. Este era el espacio para analizar a nivel del suelo lo que no veían los que estaban en las alturas analizando la macroeconomía y las "medidas de fondo", pero que se olvidaban de doña Rosa y sus problemas. Tampoco lo vieron los asesores con sueldos millonarios, esos que se paseaban por los programa de política con sus recetas mágicas y que ahora están más perdidos que el Teniente Bello (dicho chileno, explicación al final del texto).

Es que se caía de maduro que Macri iba a sufrir lo que en un momento lo benefició, el voto castigo, tal como lo escribí en la columna del 7 de abril, cuando se suponía que tenían que cambiar el rumbo de su campaña y bajar a la altura del ciudadano que la estaba sufriendo, de esa clase media a la que pegaron durante todo el mandato y no le cumplieron con lo único que tenían que hacer, bajar la inflación.

Ahora es demasiado tarde, la clase media necesitaba de un mandatario que generara condiciones para poder proyectar inversiones como una vivienda o la compra de un auto. Con las medidas anunciadas esta semana se pretende gobernar para ese grupo durante cuatro meses después de haberlo golpeado durante más de tres años. Incluso ahora, la clase media duda de tomar lo que le ofrecen, porque no sabe si lo que hoy parece beneficioso se le vendrá encima en diciembre, cuando se terminen estas medidas parche anunciadas como un verdadero "manotazo de ahogado".

Sólo como ejemplo, les recuerdo que subestimaron tanto a la clase media que -en lo que creían era una jugada muy inteligente y que no les afectaría a la hora del voto- a fines de mayo aprobaron tres aumentos para las prepagas. La resolución del día 29 de ese mes autorizó los aumentos para julio, agosto y septiembre. Lo hicieron así -todos juntos- porque nos subestimaban y creían que todo el mundo se olvidaría en el camino a las elecciones. La cuestión es que la gente no se olvidó y está esperando el golpe que aún falta, el aumento de un 6% autorizado para septiembre y que terminará por completar el 17,5% en los últimos tres meses. Eso, sólo como un ejemplo de una serie de medidas que pegaron duro y que la gente devolvió con el voto castigo.

Entonces, con la lección aprendida y con una tarea titánica para poder intentar -por lo menos- llegar al balotaje, los que escribieron el discurso del optimismo deben aprender se debe escuchar la voz del pueblo, porque -les guste o no- es el que tiene el poder y en determinados momentos lo ejerce y entrega lecciones.

No todos los que votaron a Fernández quieren volver al populismo, pero votaron en contra de algo que sienten que los daña y lo hicieron aún sin compartir la visión del Frente de Todos. Eso es aún más triste, porque hay muchos argentinos -como ocurrió en las últimas dos elecciones- que al no encontrar alternativas reales deben votar en contra de algo y no entusiasmados por ejercer su derecho ciudadano. El mensaje, entonces, también es para los que sacaron más votos y la clase política en general, para que hagan mejor las cosas.

El teniente Bello

La expresión chilena “andar más perdido que el teniente Bello” se utiliza para referirse a personas demasiado distraídas o que perdieron el rumbo, sea en el ámbito que sea. Tiene su origen en uno de los grandes misterios de la aeronáutica trasandina, la desaparición del teniente Alejandro Bello Silva. Uno de los precursores de la aviación chilena, despegó desde Santiago con rumbo a la costa la mañana del 9 de marzo de 1914 y desapareció en el aire. Nunca se encontraron los restos del teniente, ni rastros del avión.

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