Bronca viñatera por la ley del león que terminó en gatito

La ley de contratos de compraventa de uva era un reclamo de larga data que finalmente se hizo realidad... pero su reglamentación dejó un sabor amargo a los productores por “gatopardista”.

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la reglamentación llegó con la vendimia en marcha.

Pachy Reynoso/MDZ

La ley de contratos para la compraventa de uva que durante años esperaron los productores para asegurarse el cobro de su uva en tiempo y forma terminó haciendo aguas en la reglamentación y se desvanecerá en un “gatopardismo”, según lo aseguran desde las entidades viñateras. “Estamos re calientes”, admiten en criollo.

“Varias cámaras nos ofrecimos a ayudar en la reglamentación porque veíamos vacíos importantes a llenar, pero el Ejecutivo se cortó solo”, dicen. Si bien la lista de críticas a la aplicación concreta de la normativa podría llenar un rollo de papel, hay una puntual que, consideran, atenta contra el espíritu de la ley, y que le dio sentido: la inmovilización del vino en caso de incumplimiento.

En concreto, la ley establece un doble sistema de sanción: una multa del 5% para quienes realicen transacciones sin inscribir el contrato, y la paralización del vino en bodega. Sin embargo la reglamentación obvia el tema del bloqueo del producto, con lo cual la bodega puede vender el vino pagando solo la multa económica. “El espíritu del contrato era dar veracidad a la palabra de las partes y, en caso de incumplimiento, se le dieran al productor herramientas para cobrar lo pactado. En el peor de los casos, si el bodeguero no pagaba, poder cobrarse ejecutando el vino; pero ahora pueden venderlo y nosotros quedarnos sin el dinero ni la especie”, lamentan.

Otro punto de objeción es que mientras que la ley establecía que los contratos estarían libres del pago de impuestos tales como Sellos, en la reglamentación se estableció el pago de un 2‰ (2 por 1.000), el 70% del cual tiene como destino financiar estadísticas de la Bolsa de Comercio sobre los contratos y el 30% restante, el ministerio de Economía. “Se puede charlar lo de las estadísticas porque puede ser útil, pero lo del Ministerio no tiene destino especificado”, critican.

También generó malestar la inclusión en el el sistema de aplicación de la obligación de declarar la cantidad vendida. Sin embargo los acuerdos de venta se hacen en base a estimaciones, ya que no se puede saber de antemano el kilaje exacto de uva que entregará la viña, además de imponderables como el granizo o enfermedades que pueden afectar a la producción una vez iniciada la cosecha. Ahora en caso de no poder alcanzar la cantidad de kilos pactados los viñateros podrían incurrir en un incumplimiento de contrato que trabe su validez, analizan.

Por eso pedían que se normalizara solo lo relativo a precios, plazos de pago y cláusula de ajuste por descalabros macroeconómicos/inflacionarios.

Y es justamente lo referido a ajustes otro punto de discordia ya que la ley lo establece, pero la reglamentación dice que la actualización de precios se incluirá “solo si hay conformidad entre las partes”. “Si el bodeguero no quiere, no se incluye y queda en letra muerta”, cuestionan desde la Asociación de Viñateros de Mendoza (AVM).

En caso de incumplimientos, la ley establece que una conciliación previa obligatoria antes de ir a la Justicia, pero la reglamentación no indica quién ni cómo lo hará. Sin embargo los productores se encontraron con que en los contratos de la Bolsa de Comercio el propio ente figura como mediador lo cual, aunque no tienen certezas, estiman que implicará un gasto más para ellos.

Otro punto de conflicto es el método de cálculo del costo de producción mínimo, que ayudará a dar un piso más racional al precio de la uva. La ley prevé la realización de estudios de costos de acuerdo al modelo tecnológico productivo. De esta forma quedan diferenciadas las fincas más tecnificadas de las dependientes de riego de turno o las electrodependientes. Sin embargo la reglamentación hace tábula rasa y basa los estudios en solo dos factores: la especie plantada y la variedad, por lo que los viñateros temen que se genere una distorsión de costos.

Hecha la catarsis, la síntesis de los productores: “La ley quiso ser un león y la reglamentación la terminó convirtiendo en un gatito”.

El texto completo de la reglamentación de la discordia:

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