Viñateros y bodegueros temen "la tormenta perfecta"

Pese a una temporada marcada por feroces granizadas desde temprano, productores esperan una buena cosecha pero con destino incierto para su uva por bodegas que, stockeadas, ven un escenario complejo fronteras dentro y afuera.

REDACCIÓN MDZ ONLINE

Viñateros y bodegueros temen "la tormenta perfecta"

Unos minimizan, otros dramatizan, unos especulan, otros miden... pero todos temen. El panorama para la vitivinicultura esta temporada, ¡vaya novedad!, se presenta complejo y todos mueven sus fichas con cautela.

Durante la semana se potenciaron los comentarios de viñateros supuestamente advertidos por bodegas de que este año no comprarán uva porque avizoran un escenario complicado tranqueras adentro y afuera.

Un exgobernador peronista que coquetea con volver capitalizó la preocupación de los productores y lanzó la bomba mediática: “Hay un sobrestock de 400 millones de litros de vino y no hay a quién vendérselos”. Con buen tino salió a cruzarlo el Gobierno recordándole que una estimación certera solo es posible una vez que el INV dé su pronóstico de cosecha a partir del cual se pueden obtener datos más precisos y tomar decisiones más acertadas.

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Aún sin ser cuantificable, la Cámara de Productores de Vino a Granel llevó en persona a la vicegbobernadora su preocupación. En concreto, le plantearon a Laura Montero que tienen “un excedente importante de vinos que no lograron ser ubicados durante 2018 y que en los próximos meses eso podría duplicarse por la cosecha 2019”. No quieren que sea el Estado quien tenga que salir a comprar el excedente... aunque no lo descartan. Por lo pronto les ayudaría una devolución del IVA en 30 días y no en hasta 120 como sucede hoy, plantearon a la vice.


Desde el ministerio de Economía ponderaron además el impacto del más imponderable elemento de equilibrio para el mercado primario: el granizo. Tan solo en lo que va de temporada el fenómeno se ha llevado consigo 10.000 hectáreas productivas más que el año pasado, y restan dos meses con la cruz de sal en los viñedos.

Más allá de este panorama, “hay mucha uva” esta temporada, admiten desde el Centro de Viñateros de Mendoza, donde esperan ansiosos datos del INV que les den algo de certidumbre en medio de la neblina comercial por el eterno fantasma del sobrestock.

Del otro lado del mostrador, a las bodegas les preocupa tanto el vino no vendido como el que no se venderá por un combo de factores del mercado doméstico y el externo. En el consumo nacional el vino ha perdido más de 10 litros en la última década, de casi 30 litros anuales per cápita en 2008 a menos de 20 en 2018. Muchos lo atribuyen a un “cambio cultural” que volcó al paladar a otros gustos como el de la cerveza e, incluso, las aguas saborizadas, mientras que otros hacen un mea culpa por la falta de tacto de las bodegas para mantener el romance histórico con la mesa familiar argentina.

Vender afuera, una opción atractiva antes y potenciada por la potente devaluación de agosto-septiembre, aparece menos tentadora hoy por un mix de macroeconomía y política fiscal. Países como España han tenido cosechas excepcionales en 2018. Esto, sumado a vinos subsidiados que pueden conseguirse por US$0,20 el litro, deja a Argentina al margen en la carrera por la competividad.

Las bodegas sufren además el tirón desde atrás de las retenciones a las exportaciones y la “contribución temporal” que estableció el Gobierno nacional de $3 por cada dólar vendido al exterior. Días antes del fin de 2018 representantes del sector vitivinícola visitaron al ministro de Producción de la Nación, Dante Sica, para pedir por una reducción o eliminación de las retenciones, o una exención del aporte de los $3. “Imposible muchachos”, fue la respuesta, según lo comentó uno de los presentes.

La Nación mantiene abierto el canal de diálogo con el sector, pero no iría más allá de eso: diálogo. Pueden llegar algunas líneas de ayuda o asistencia, pero por el momento parecería improbable una flexibilización impositiva.


Volviendo al viñedo, preocupa también a los productores la cotización del vino, que bajó de $12/$13 a $10 en el caso de los tintos, y de $7/$8 a $6,50 en los blancos. “Eso te da una caída nominal del 20%; si le sumás la inflación, te da una baja real de casi el 45%, lo que hace inviable cualquier actividad”, analizan desde el CVM.

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A la escena entra este año además la flamante ley de contratos de compraventa productor-bodega, que la Legislatura aprobó en diciembre y el ministerio de Economía aún no termina de reglamentar. En medio de la incertidumbre, la norma suma tantos adherentes como detractores por su doble poder de potencial seguro para el productor y potencial elemento burocratizador para bodegas que ya de antemano se muestran cautelosas antes de comprar.

Planteado el escenario, el devenir de la temporada productiva y el panorama económico hacia el mes entrante irán perfilando el tenor de la tormenta.

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