Verdades y falacias en el debate por la deuda

El gobierno y el peronismo se enfrascaron, con algunas verdades y muchas falacias, en una discusión por la deuda pública de Mendoza. El oficialismo hoy se victimiza, pero olvida que buscó asfixiar a Francisco Pérez con este tema en 2015. El PJ asume un gesto responsable en la actualidad, mientras que cuando estaba en el poder hace cuatro años tomaba deuda cara y solo para gastos corrientes.

Marcelo Arce

Verdades y falacias en el debate por la deuda

Verdades y falacias en el debate por la deuda

En la discusión por el pago de la deuda que se desató entre el Gobierno de Alfredo Cornejo y el peronismo en el marco del Presupuesto 2019, cada uno dice parte de la verdad. Y algunas falacias también. Como otro remedo al recordado “teorema de Baglini” quien sostuvo hace 34 años ya que “cuanto más lejos se está del poder, más irresponsables son los enunciados políticos; cuanto más cerca, más sensatos y razonables se vuelven”.

Es verdad como recuerda el PJ, que Cornejo en 2015 bloqueó el accedo al endeudamiento, rechazó aprobar el Presupuesto del gobierno de Francisco Pérez y pasó a la acción directa para presentarse, en ese momento, ante el entonces directorio del Banco Nación para solicitarle que no accedieran al pedido de Mendoza por financiamiento para pagar los sueldos.

Pero los peronistas prefieren no acordarse de otra parte de la historia: Pérez llegó a esa situación de debacle financiera no solo porque Cornejo no le dio herramientas financieras para superarla, sino porque, entre otros desmanejos, venia de dos años consecutivos en donde los acuerdos paritarios con el sector público se habían cerrado muy por encima de lo que la provincia estaba en condiciones de pagar.

Pérez tuvo la posibilidad de evitar el desmadre y no lo hizo. El primer acto fue cerrar en mayo de 2015, con los gremios, un acuerdo paritario que, de antemano, se sabía que iba a desfinanciar al Estado en $1.900 millones el segundo semestre de ese mismo año.

Luego de perder las elecciones, en junio, amagó en un primer momento con acordar con Cornejo una transición ordenada que contenía al menos dos puntos: una contención del gasto que se había acelerado desde 2014 y una búsqueda de financiamiento para hacer frente a la deuda que, ya a mitad de este año, se contaba por miles de millones.

Pero así como arrancó, frenó al poco tiempo. Presionado por el PJ y sin saber leer que la realidad política había cambiado, apostó a llegar de una manera controlada a fin a de año solo pagando sueldos con la ayuda de la presidenta. Pero ni eso logró.

El recambio de gobierno se dio con una deuda flotante del Estado por $2.800 millones, con otra que no estaba registrada por más de $1.000 millones, con pagos incumplidos con los municipios de entre $350 y $450 millones, con retenciones salariales indebidas de no menos de $900 millones y con pagos pendientes por otros $3.000 millones, correspondientes a préstamos que fueron utilizados para pagar sueldos.

La Tesorería, estaba en rojo: en el fondo unificado del Banco Nación la cifra es negativa era de $3.000 millones.

Es cierto que Cornejo objetó en aquél momento la calidad del endeudamiento, sosteniendo la negativa en que iba a ser utilizado solo para cubrir gastos corrientes.Pero no es menos verdadero que esa decisión política se tomó como un forma de asfixiar aún más a un gobernador que ya venía ahogado.

Hoy, los números que agitan los peronistas son ciertos: el stock de deuda de la provincia aumentó un 391% entre diciembre de 2015 y septiembre de 2018. Mendoza debía $10.190 millones hace tres años y ahora debe $49.987 millones.

Ahora bien, varias cuestiones que el peronismo olvida. Una de ellas es la calidad de esa deuda.

En 2014, cuando ya comenzaban a visualizarse los primeros síntomas de la desesperación, la provincia colocó una Letra de $244 millones y, si bien fue a tasa cero y en pesos (lo que se denomina dólar linked), la devolución se hizo al valor del tipo de cambio de la moneda estadounidense al momento de la devolución. En aquella ocasión, Mendoza terminó pagando intereses por casi $32 millones de pesos por un préstamo que consiguió en setiembre y devolvió en diciembre. Esto, por contar solo uno de los endeudamientos tomados de apuro por aquella administración.

Tampoco menciona el PJ que se utilizaban fondos del financiamiento para AYSAM para cubrir los déficit de caja. 

Pero hay otro elemento a tener en cuenta y es la forma en que leer ese crecimiento exponencial del endeudamiento en solo tres años.

Uno de ellos es la imposibilidad de tomarlo a valores constantes, tomando en cuenta la devaluación del peso y la inflación. Y el otro punto: no toda la deuda que firmó Cornejo, fue tomada por Cornejo.

Al asumir, en diciembre de 2015, se tomaron préstamos por casi $10.000 millones que sirvieron para el pago de los salarios atrasados (tres meses) para cubrir los retrasos en las obligaciones con los municipios (cinco quincenas) y para el bono con el que se terminó de cancelar la deuda con los proveedores que no bajaba de los $2.000 millones.

El peronismo apostó a un pase de facturas en la discusión de este Presupuesto y el gobierno a la victimización, amenazando con recortes de obra pública al tener que asumir, sin posibilidad de financiarse, los casi $4.000 millones para el pago de capital de la deuda. El camino de esa discusión, estuvo plagado algunas verdades y varias mentiras.

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