Ustedes son tontos, nosotros los usamos y ellos son los buenos

Esa podría ser la síntesis de la "conjura" mediática, según la óptica de la Tupac Amaru local y sus abogados. Nélida Rojas y su familia están en la mira de la Justicia por las denuncias en su contra, no por la prensa.
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Rubén Valle

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Ustedes son tontos, nosotros los usamos y ellos son los buenos

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Ustedes son tontos, nosotros los usamos y ellos son los buenos

Ustedes son tontos, nosotros los usamos y ellos son los buenos

Con el exitismo propio de quien acaba de enterarse del fallo a favor de su clienta, Alfredo Guevara salió inmediatamente a descargarse, sobre todo contra los medios. Al igual que lo que piensa su defendida, la líder de la Tupac Amaru en Mendoza, Nélida Rojas, la prensa vendría a ser quien manipula a los indefensos mendocinos los cuales, se infiere, son arteramente engañados porque carecen de toda capacidad de análisis y opinión propias.

"Ustedes han fallado en informar a la opinión pública en este gran fraude procesal que también es un gran fraude a la opinión pública que se le vendió algo que no existía", retó el mismo abogado que no tiene empacho en tratar a un periodista de nazi si osa preguntarle algo que lo incomoda o no quiere responder. 

Si bien se cumple la máxima de manual "la culpa la tiene el mensajero", no es cuestión de victimizarse y patear la pelota afuera. Ni los periodistas orinamos agua bendita ni tampoco somos los Frank Underwood del lobby.

La diferencia es que las opiniones se firman y cuando decimos las cosas nos hacemos cargo. Quienes nos leen o escuchan, al menos en MDZ, sabe quién dice lo que dice. ¿Existe una línea editorial? Claro que existe y es escuchar todas las campanas. ¿O acaso Guevara nunca habló con este medio y dijo lo que quiso?  

Ante la chicana de los leguleyos, vale preguntarse por qué son importantes los medios en casos tan polémicos como éste. Porque todas las partes involucradas pudieron decir su verdad: los denunciados, los denunciantes, los abogados de ambas partes, la fiscal, los funcionarios judiciales, los políticos. Porque hubo investigación y se publicó. Y porque cuando hubo opinión también hubo argumentos. Y si hubo críticas, éstas no fueron anónimas. 

Por todo esto, la pregunta de cajón, la fundamental: ¿los que nos leen, nos ven, nos escuchan, son todos infradotados, resignadas marionetas en mano de esos malignos titiriteros de los "medios hegemónicos"?

Envalentonada tras la decisión de la Octava Cámara del Crimen, Nélida también apuntó: "Nos condenan en los medios y en las redes sociales sin habernos dado la posibilidad de tener un juicio. Son golpes que nos dan a diario". Sin embargo, quienes amplificaron su mensaje para que llegara a más mendocinos fueron, precisamente, los medios y las redes sociales. Que en uno y en otro lado después se opine es parte de las reglas del juego; de la misma manera que, como está a la vista en este diario, cualquier forista puede denostar o apreciar lo que publicamos, pensamos o criticamos. 

A Nélida, su familia y al resto de los integrantes de la Tupac no los demonizaron los medios periodísticos sino, en todo caso, sus actos, los hechos y las promesas incumplidas. Hay 172 denuncias de personas que no son periodistas señalándolos. 172 damnificados que se animaron a mostrar el lado oscuro. 172. Ni todos ni los únicos.

Aunque a veces nos hagamos selfies a nuestro ombligo, como canta el autoreferencial Joaquín Sabina, no es ésta una defensa corporativa sino más bien el reconocimiento de quienes nos dan entidad como comunicadores.

Apuntarles a los periodistas y a los medios es una forma elíptica de decir que el otro es un tonto que no piensa por sí mismo. Con la ventaja que al no decirlo abiertamente no ponen en riesgo su buen nombre, su proyección laboral y hasta la posibilidad de futuros votos.

Entonces sí, para ese plan lo más fácil siempre será matar al mensajero.

Rubén Valle