Urbanismo, densidad y rascacielos

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Octavio Medina

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Urbanismo, densidad y rascacielos(politikon.es)

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 A raíz de un tuit de Ecologistas en Acción que tuvo bastante difusión, hace unas semanas surgió un debate curioso en Twitter sobre si las viviendas de la Operación Chamartín deberían ser grandes bloques o casas bajas. Uno de los puntos de discordia era si los edificios altos eran más sostenibles.

Vayamos por partes, porque es un tema interesante. Sin ánimo de defender las casas bajas, lo que es más sostenible es la densidad de población, no los edificios altos per se (de hecho un estudio reciente sugiere que los rascacielos gastan más energía por metro cuadrado que los edificios más bajos, pero esa es otra historia). Los núcleos urbanos con mayor densidad gastan menos energía, emiten menos CO2, gastan menos agua que los núcleos urbanos de baja densidad. Los costes de suministro eléctrico, de agua, de gas, etc son más bajos si hay más gente por kilómetro cuadrado que si la misma población está esparcida por un área más extensa. Lo mismo ocurre con hospitales, colegios y otros servicios públicos. De hecho este es uno de los argumentos que utilizan habitualmente las comunidades autónomas menos densas (como Cantabria, por ejemplo) para recibir más financiación. Cuanto más esparcida está la población, más recursos cuesta garantizar los mismos servicios (en general).

La densidad tiene muchas caras

Pero entonces hay que estar a favor de los rascacielos porque concentran más gente, se podría argumentar. No. A menudo se asume que la densidad es sinónimo de rascacielos (y el skyline que podríamos ver en Manhattan o Miami). Y a veces es cierto. Por ejemplo, el Upper East Side de Manhattan, que es el distrito más denso de la isla, tiene una densidad de población de unas 50.000 personas por kilómetro cuadrado. Parece muchísimo, verdad? Lo es. Si le echamos un vistazo al tejido urbano, vemos que predominan los edificios altos, aunque también hay zonas de menos altura.

Pero otras veces la densidad toma una forma muy distinta. Por ejemplo, si volvemos a Europa y miramos las densidades de París, nos llevamos una sorpresa. El 11ème arrondissement, por ejemplo, tiene una densidad de 41.000 personas por kilómetro cuadrado (muy alta). Pero si miramos a nivel de calle, veremos que la mayor parte de los edificios son edificios de apartamentos de 5 a 7 alturas, como los que veríamos en los centros de otras ciudades europeas como Berlín, Roma, Barcelona o Madrid.

El 11th arrondissement no es una excepción, muchos barrios (relativamente) antiguos consiguen alcanzar densidades muy altas sin necesidad de recurrir a rascacielos o edificios de muchísimas alturas. Por ejemplo, el Eixample tiene una densidad de 36.000 habitantes por kilómetro cuadrado.

Un motivo por el cual muchos barrios antiguos tienen densidades altas es que los edificios están más próximos entre sí y las calles suelen ser menos anchas (cada metro de ancho adicional de una calle es un espacio que dejas de dedicar a vivienda u otros equipamientos, y poco a poco suman mucho). Esto tiene todo el sentido del mundo dado que se planificaron en épocas en la que casi todo el movimiento era a pie y todo tenía que estar cerca. Los cascos viejos de las ciudades europeas están llenas de calles tan estrechas que jamás se construirían hoy en día (entre otras cosas porque a menudo serían ilegales). No me meto al debate sobre si eso es bueno o malo (yo creo que malo) porque daría para otro post.

El punto es que la densidad tiene muchas caras, y eso tiene mucho que ver con el uso que se le da al terreno a pie de calle. Si se quiere subir en densidad, hay varios caminos o modelos que podemos seguir. En la imagen a continuación (que procede de este informe australiano) se ve muy bien. Los tres modelos tienen la misma densidad de viviendas (75 por hectárea), pero la forma que toman es muy distinta. A la derecha tenemos algo parecido a las grandes manzanas de los ensanches europeos (con el centro abierto al público en este caso), en el centro los row houses o terraced houses típicos de finales del XIX y principios del XX en EEUU y Reino Unido, y a la izquierda un modelo similar al de los barrios posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

La importancia de los barrios compactos

No me voy a meter a fondo en la discusión sobre los pros y contras de cada modelo. Pero si nos importa tanto la sostenibilidad como el acceso a la vivienda deberíamos intentar garantizar que cualquier nuevo barrio -sea de poca o mucha altura- sea compacto además de denso. Como decía antes, una de las variables que afectan a la densidad es los espacios vacíos o inútiles. Cuanto más ancha es la calle, menos sitio hay tanto para casas como para comercios o parques. Ídem con el parking en superficie, espacios verdes muertos (hablo del famoso greenspace, o espacio nominalmente verde pero no utilizable, no de los parques), rotondas, o explanadas de hormigón a escala inhumana. Tanto el Upper East Side como el Eixample, a pesar de sus diferencias de altura, son modelos compactos.

El coste de que algo no sea compacto es convertirlo en cochecéntrico. Si una carretera de varios carriles o una gigantesca rotonda de hormigón te separan de la zona comercial más cercana, es más probable que acabes cogiendo el coche. Es lo que pasa en ciudades americanas como Phoenix o Miami (a pesar de su abundancia de rascacielos). La probabilidad de que una persona camine a su destino está asociada principalmente a variables como la distancia a ese destino (aunque también a otros elementos como la densidad de intersecciones o la diversidad de usos, que contribuye a reducir el tráfico rodado). Cuanto más compacto es el urbanismo, más alta es la probabilidad de que lo que busques esté cerca. Y por si fuera poco, quizá hasta sea bueno para la salud.

En resumen, cuando hablamos de la Operación Chamartín, y del urbanismo en general, no se trata (solo) de pisos altos vs edificios de menos plantas. Uno de los problemas de Madrid es que los ensanches recientes son poco compactos y por lo tanto cochecéntricos. Por ejemplo, en Las Tablas hay avenidas con seis carriles (!!), y en Sanchinarro rotondas que son igual de grandes que l'Étoile. Las manzanas grandes y la densidad baja de intersecciones correlacionan con índices de actividad física más bajos y menos viajes a pie. Y a la larga causa más atascos, por muchos carriles que construyamos. Son modelos de desarrollo que favorecen el uso del transporte privado y complican aún más la movilidad urbana de la ciudad.* Hay muchas formas de hacer bien las cosas (y aún más de hacerlas mal). Pero los barrios densos y compactos son clave si nos importa la accesibilidad y la sostenibilidad.

* Los problemas de la red de transporte público los dejo para otro post.

-  Octavio Medina nació y creció en Madrid. Antes trabajaba en el Banco Mundial en Washington, DC. Le interesan, entre otros temas, la economía de la conducta, la educación y las ciudades. Leé más en Politikón, haciendo clic aquí.