Una ley que no pisa al peatón

Por ser el eslabón más débil del sistema de tránsito, será considerado como sujeto de derecho en la nueva norma que ya tiene media sanción. Frente a las estadísticas fatales, la educación es el mejor paragolpes.
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Rubén Valle

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Una ley que no pisa al peatón

El último orejón del tarro en materia vial, léase el peatón que no porta más protección que su precaución o su sexto sentido, al fin será debidamente considerado en la nueva ley de Seguridad Vial provincial.

El actual proyecto, que cuenta con media sanción en el Senado y espera su tratamiento en Diputados, tiene como propósito modificar la norma anterior que data de 1993 y que en el camino ha sufrido tantas modificaciones y parches que hoy es una suerte de Frankenstein que amerita una profunda puesta al día.

Por eso resulta central lo que plantea el titular de Seguridad Vial de la Provincia, Oscar Hómola, al reconocer que "el primer objetivo de este proyecto fue formular una ley, ya no de tránsito, sino de seguridad vial, que es una visión mucho más completa". 

En esa mirada amplificada es donde entrar a tallar el rol del peatón quien, pese a ser un actor clave de la vía pública, no era contemplado en la vieja ley pese a ser, sin dudas, el eslabón más débil.

En este proyecto, el peatón es sujeto de derecho, como el más vulnerable, pero también tiene obligaciones que debe cumplir en su tránsito por las calles. 

Incluso entra a tallar el concepto de saludable repensando los distintos modos de contaminación, porque la vía pública actual es un amenazante cúmulo de agresiones, donde se mixturan lo sonoro, los gases que liberan los vehículos y hasta la reacción irascible de conductores y transeúntes.

Un estudio de la ong Luchemos por la vida arroja resultados contundentes que invitan a la reflexión acerca de los usuarios más vulnerables del sistema del tránsito: el 90% de los conductores no le da prioridad al peatón. Los resultados de esta transgresión están a la vista: el 22% de los muertos en el tránsito son peatones, porcentaje que se incrementa en ciudades como Buenos Aires donde superan el 33% de las víctimas mortales.

Pero así como no se respeta la prioridad peatonal, también enciende la alerta el comportamiento riesgoso de los caminantes, quienes en lugar de cruzar por las esquinas lo hacen por cualquier lado o atraviesan torpemente la senda peatonal con auriculares o hablando por teléfono sin reparar en los semáforos ni en el paso de los vehículos. Esas acciones incorrectas sin duda propician accidentes totalmente evitables.

Ante este panorama por cierto sombrío, es esperanzador que el principal cambio de paradigma en la nueva normativa sea la incorporación de la Educación Vial como materia. 

Se apunta así a sentar las bases para futuros conductores más capacitados y conscientes de que un vehículo en manos de un conductor desaprensivo es un arma letal.

Si no nos convencen las palabras, que sean las tremendas estadísticas que hoy son fáciles de googlear: por año mueren en la Argentina 7.000 personas en accidentes de tránsito. En Mendoza, el promedio anual es de 300 víctimas fatales. 

Recién cuando nos demos cuenta de que esos números de muertes en realidad lo son de vidas sesgadas por asesinos (o irresponsables) al volante, tal vez nos caiga la ficha y bajemos no uno, sino dos cambios.