Un punto de inflexión

Avatar del

Alejandro Cazabán

1/2
Un punto de inflexión

Un punto de inflexión

Un punto de inflexión

Un punto de inflexión

La muerte de Sebastián Bordón, ejecutada y encubierta por miembros de la Policía de Mendoza, hace 20 años, fue un punto de inflexión política y cultural en nuestra provincia que permitió iniciar el ejercicio de nuevas formas, modos y contenidos de políticas públicas.

Este trágico hecho conmovió los cimientos de las instituciones democráticas: antes del hallazgo del cuerpo sin vida de Sebastían, el Poder Ejecutivo dependía de la información que le brindaba la propia Policía; la Justicia bailaba al ritmo de las maniobras de ocultamiento policial y la Legislatura estaba adormecida. ( Cualquier semejanza con la realidad actual no es pura coincidencia, es la reiteración de un histórico y repudiable método).

Luego de descubrirse la verdad y aplicar la fórmula clásica de renuncia de funcionarios políticos y policiales; no se conformaron con ello sino que meses después, el aparato policial se rebeló contra el poder civil y lo intentó extorsionar para poder recuperar espacios de poder que venía perdiendo.

A partir de esa crisis, grave y profunda, comenzó a gestionarse y luego se plasmó la llamada Reforma Policial, que en realidad era de todo el Sistema de Seguridad Pública.

Todo fue posible gracias a la decisión política de un gobernador, Arturo Lafalla, y de los principales líderes políticos de la oposición, UCR y PD, ( José Genoud, Roberto Iglesias y Carlos Balter), en pleno proceso electoral. Esta decisión se puede sintetizar en que el poder civil, democráticamente constituido, asumía por primera vez en la historia de Mendoza, el gobierno, control y conducción de su estructura policial. A ello se agregó la sanción del nuevo Código Procesal Penal.

Las distintas leyes fueron sancionadas casi por unanimidad de ambas cámaras.

Recuerdo también, que en ese momento, otra provincia como Buenos Aires, también estaba transitando un durísimo proceso de cambio (Gobernador Solá- Arslanian).

Tanto en Mendoza como en Buenos Aires, dichos procesos de transformación contaban con el apoyo mayoritario de los sectores políticos y sociales.

20 años después, podemos observar con gratitud que Mendoza, con avances y retrocesos, continuó el camino iniciado. Hoy, en buena hora, es algo normal y natural que exista el control civil de los policías (Inspección General de Seguridad), que haya un Ministro y equipo de gobierno civil conduciendo a la Policía y administrando sus recursos. En aquél momento no era así. Que surgieran todas esas nuevas instituciones y espacios públicos fue una verdadera lucha de poder donde había personajes que no dudaban en utilizar todo tipo de maniobras ilícitas para que no avanzáramos.

Esta lucha por el poder no debe darse por concluida nunca. Siempre hay sectores que añoran volver al pasado, esto es, que el poder civil esté ajeno al sistema policial y cumpla un rol meramente formal.

Sin dudas que, salvo Mendoza y Buenos Aires, en el resto del país aún persisten aquellos modelos policiales piramidales, cerrados y corruptos.

Cuando los gobernantes toman la decisión de involucrarse en controlar y conducir realmente a la fuerza policial para hacer más eficiente, transparente y eficaz la lucha contra el delito, la sociedad lo valora positivamente; así ocurre en Mendoza y también en Buenos Aires, en aquella época y hoy con la Gobernadora María Eugenia Vidal.

Seguramente en estos años las cosas podrían haberse hecho mejor, pero tengo la misma seguridad en afirmar que era y es el camino correcto: El poder civil, debe involucrarse responsablemente en el funcionamiento y control de su policía.

A la distancia, merece un reconocimiento especial la decisión del Gobernador Lafalla en avanzar con la reforma; él tuvo la posibilidad, como hacen muchos, de mirar para otro lado y seguir con las viejas y corruptas estructuras; sin embargo, optó por profundizar y ampliar la responsabilidad de los gobernantes.

También un reconocimiento a la oposición de ese momento que, sin especulaciones, contribuyó con ideas, personas y fundamentalmente consenso político.

Imaginemos por un instante que hoy la Gendarmería Nacional tuviese un organismo de control interno, formado por todos los partidos políticos con representación parlamentaria. Seguro, estaríamos más cerca de la verdad, no habría aprovechamiento político de baja altura de un hecho trágico y nuestras autoridades civiles estarían fortalecidas. En definitiva, todos los sectores democráticos estaríamos tras la verdad real y además colaborando para preservar la vida e integridad de todos los habitantes de nuestro país.

A los actuales gobernantes y a las nuevas generaciones de dirigentes políticos y sociales una sugerencia, desde las experiencias vividas, debemos ampliar los consensos políticos en ésta materia permanentemente y profundizar cada día la conducción y control civil; es el mejor modo de evitar que ocurran muertes como la de Sebastián y la más sólida manera de parar al Estado en la lucha contra el delito, o sea, poder brindarle más seguridad a los mendocinos.