Opinión Sin calificativos para el poderoso que desorienta

Trump, el mono tremendo

Sectores de izquierda y de derecha empiezan a ver con otros ojos a un Donald Trump que nadie sabe a ciencia cierta quién es, aunque todos crean tener "la verdad". Cambios de posiciones y el agotamiento de las palabras para calificarlo.
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Gabriel Conte

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Trump, el mono tremendo

Hace mucho tiempo
había un maquinista de locomotora
vieja y duradora,
y se calentó
y se transformó
en:

El mono tremendo,...

Pechugo


Donald Trump representa mucho más que la titularidad del Poder Ejecutivo de los Estados Unidos y no solo por el poder que ejerce quien preside ese país. Todo el proceso que se inicio con su entonces insólita y descabellada postulación hasta ahora (y sobre todo, lo que vendrá) marcan un hito en la Historia. Es posible que no haya palabras suficientes y que la adjetivación en torno a su nombre, sus dichos y sus hechos esté agotada en sí misma. Y es probable, además, que la Ciencia Política tenga que mirar con nuevos ojos su presencia al frente de la Casa Blanca, considerando esta realidad desde sus raíces: su origen, su pensamiento, su influencia en los votantes y, fundamentalmente, en los que no votaron nunca antes y ahora lo entronizaron.

Trump es una figura que resulta resbalosa, aunque muchos aparezcan en público con posiciones contundentes en su contra o a su favor inclusive. Resulta una incógnita, en líneas generales, aunque muchos crean poseer todas las certezas en torno a él: su racismo, misoginia y autoritarismo, a simple vista construyen una imagen en torno a quién puede llegar a ser. Pero eso -a estas horas desde su reciente asunción- puede se tan solo un holograma generado por tanta energía puesta en tratar de saber quién es, a fondo, el primer presidente de la superpotencia que llega al gobierno sin haber tenido experiencia política alguna.

Ya cuando MDZ visitó EEUU en febrero y agosto del año pasado, advertimos el diagnóstico de un país que no encontraba una salida para su clase media, congelada, acaso arrinconada por políticas que prefirieron darle espacio a sectores que habían sido aun más postergados en el pasado. El descontento con la realidad hacía presumir un movimiento subterráneo. En términos clásicos, no podríamos hablar de una "revolución". Aunque que este hombre haya ganado las elecciones habiendo partido en el lugar 12 de las primarias de su propio partido, el Republicano, apoyado por el Ku Klux Klan, capaz de decir barbaridades incontrastables (entre otras muchas cosas que ya sabemos y todos los medios redundan en destacar), representa eso: un movimiento insurgente de sectores que no estaban siendo considerados por nadie en la superficie visible, ni el Estado, ni encuestas, ni la opinión pública.

A partir de allí es que pueden observarse reposicionamientos increíbles, pasos en falso y posiciones en "off side" de muchos desde la izquierda hasta la derecha, pasando por todos los oportunismos que han cobrado forma de partido político.

Aunque digan que no, todos están tratando -ahora mismo- de encontrar algún rédito en Trump mientras le dejan a la Academia que se de su tiempo para analizar de qué tipo de fenómenos estamos hablando.

La izquierda antinorteamericana encuentra en él tanto al que repite sus eslógans nacionalistas pero encuentran un límite en el propio marxismo estadounidense que prometió no parar hasta que caiga. Otros sectores o protagonistas, lo aprovechan para señalar que representa una brutal confesión de parte que vendría a ratificar su catecismo histórico. Y otros, inclusive, llegan a pedir tiempo para ver si se transforma en uno de los "propios", atento a su mensaje de asunción en el que dijo no representar a un partido político, sino "al pueblo" y que se trataba ésta de "la primera vez en la Historia".

En la derecha pasa algo parecido y hablamos de gente que está fuera de EEUU y aun, en Latinoamérica, insultada por el nuevo mandatario. Los más preocupados están en las filas liberales. Pero los conservadores no saben cómo volver sobre sus palabras ante la consagración de alguien que empieza a darle cuerpo a muchos de los "valores" que reclamaron durante décadas. Se trata de sectores o personas que rechazan su estética, pero comparten su ética y tratan de disimular lo primero levantando hasta niveles épicos algunas de sus decisiones, como el freno a los inmigrantes, la lucha contra el aborto o el nacionalismo laboral que enarbola en su proteccionismo. Hasta justifican que los latinoamericanos "algo habremos hecho" para merecernos un Trump.

Por eso, con Trump no todo lo que se dice es lo que se piensa. Y hasta es posible que tengamos que buscar nuevas palabras para calificarlo, habida cuenta que ya usamos todas las disponibles y no logramos definir acabadamente su real dimensión en el presente y futuro del mundo en el que vivimos.

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