Tres años de Cornejo: el reformista que busca seguir en el poder

Alfredo Cornejo cumple tres años en el poder. Cómo fue su llegada y la herencia que dejará. Es un político profesional que "se encontró" con la gestión. 

Pablo Icardi

Tres años de Cornejo: el reformista que busca seguir en el poder

Tres años de Cornejo: el reformista que busca seguir en el poder

"Siempre quiso ser Gobernador, se preparó toda la vida para esto", define un amigo de Alfredo Cornejo. La frase probablemente sea más producto de la construcción de un imaginario que de la realidad, pues difícilmente Cornejo, el petiso picudo de San Carlos que atendía el almacén de la familia e intentaba jugar al fútbol, haya tenido en la cabeza ocupar el Sillón de San Martín. Incluso cuando ya era un profesional de la política era un camino difícil de imaginar para él.

Sí es verdad parte de la frase que repite Omar Sorroche, el amigo de Cornejo. Puede que no haya soñado desde chico para ser Gobernador, pero sí preparó una estrategia y un camino para serlo. Con pericia política para planificar. Sin pudor para pasar por encima de quien corresponda; pues es una máxima de la política tener que hacerlo. Y con un equipo chico, pero que le garantizó fidelidad desde el comienzo, aún lejos del poder. Ese comienzo no fue 2015, sino mucho antes. Quizá a fines del 2007, cuando Julio Cobos eligió como “heredero” a Cesar Biffi y a Cornejo le quedó como premio consuelo la candidatura a intendente.

Él subestimaba ese espacio. Como si fuera una colimba de la política, le tocó “correr para los vecinos, limpiar las acequias y barrer”. Sin embargo fue allí donde Cornejo pudo conocer otro plano de la política: la gestión directa. Los cambios pequeños, lisos y llanos, pero que tienen más repercusión en la vida cotidiana. Hasta entonces su impronta estaba en el detrás de escena, en el lodo político. El propio Cornejo lo reconoce. Le tomó el gusto y construyó poder, ahora sí, desde la gestión y no desde eso que en la política se llama “rosca”. El mismo equipo que trabajaba en Godoy Cruz para esa gestión, formaba una especie de gabinete en las sobras que durante 8 años siguió las cuentas públicas, las políticas de los gobiernos del PJ y trazaba ideas. No solo para cuando les toque, si les tocaba, gobernar, sino para armar su propia estrategia política.

Primero se asumió como autoridad partidaria, revitalizó la UCR y luego se quedó con el poder en la Legislatura en el mejor acto de simulación política de la historia reciente: sabiendo que era un camino a la derrota, insinuó ser candidato a gobernador en 2015. Le cedió el privilegio a Roberto Iglesias a cambio de armar la lista de legisladores con tropa propia. El más perjudicado de esa idea sería el gobernador que salió elegido; Francisco Pérez. Cornejo con las negativas legislativas no hizo otra cosa que acelerar y potenciar la impericia del Gobernador del momento que siguió cometiendo torpezas que favorecieron a Cornejo, como adelantar las elecciones. Como conocía el “monstruo” desde adentro, trató de sellar cualquier fuga de votos, aún a costa de tener una alianza que es un cocoliche político: la izquierda, la derecha, los indefinidos, los huérfanos políticos. Sumó bajo un mismo frente a todos los que se opusieran al PJ.

El diagnóstico del estado de la provincia lo tenía. Pero tuvo un margen de 6 meses para precisarlo. “Nos quedamos cortos”, diría después. Cuando asumió fue como tomar una empresa quebrada. Por eso hizo una convocatoria de acreedores y tomó la mayor deuda de los últimos años para pagar. Incluso debió resignar parte de su orgullo ante la Nación para negociar ayuda.  

Las circunstancias hicieron que Cornejo fuera Gobernador con un “discurso poco sexi”, con malas noticias como frases de campaña y casi sin promesas. El hiperrealismo que usó para llegar al Poder difícilmente se repita. Y allí se diferenció con Macri desde el arranque. “Macri y Scioli son hijos políticos del populismo”. Con esa frase el propio Gobernador teoriza sobre por qué le costó al Presidente abandonar el discurso de “la alegría” cuando asumió.

Cornejo logró su primer cometido y recuperó la autoridad de la figura, Claro que habrá que esperar si hubo un cambio cultural en ese sentido o es solo un fugaz ensayo de caudillismo que se terminará el 9 de diciembre del año que viene. En la gestión es reformista. Habrá que analizar si lo es en el término ideológico que heredó de Franja Morada, o más cercano a la idea conservadora de Emilio Civit. Pero lo que es innegable es que cambió la matriz de las normas que hacen funcionar al Estado. Desde la policía y el Poder Judicial, hasta la fase administrativa y la convivencia diaria. Los resultados los heredarán los próximos gobernadores, que deberán vestir con recursos y más gestión a ese “mecano” que Cornejo les dejó armado.

Cornejo asumió el 9 de diciembre del 2015 y le pasaron el mando en una sala; encerrados en el Cuarto Piso, Una metáfora de la época. Como hemos dicho, no se puede culpar a una persona de las carencias ajenas y por eso no es el Gobernador el total responsable de haber avanzado sobre cada espacio de poder que se abría: en la Universidad, en los cuerpos colegiados, en el Poder Judicial, en las instituciones y hasta “uniones vecinales”. Pero sí se podrían elogiar gestos.

Antes de irse del cargo otra herencia que podría dejar es una siembra de convivencia entre los actores políticos y sociales que vayan más allá de las narices de un equipo. Hasta ahora el Gobernador no ha confiado ni en sus correligionarios para ampliar la mirada política. Tiene el grupo blindado. Son pocos, de confianza y que casi no admiten incorporaciones. El cornejismo es un sector político endogámico y con rencor. Para quienes están dentro, todo. Para quienes están afuera, rigor.

La inercia política hará que mantenga gran parte del poder aún lejos del cargo y por eso está preparando la estrategia electoral. Aunque con la promesa de no repetir errores del pasado como la pelea entre Iglesias y Cobos que destruyó a Mendoza. El camino nacional de Cornejo está minado por la falta de músculo político de la UCR (esa federación de partidos provinciales) y el centralismo porteño que obliga a exponerse a los flashes de la "gran Capital". Igual, lo dijo al asumir: su objetivo es irse del cargo con "prestigio". Para conocer la verdadera herencia, entonces, habrá que esperar un año más o quizá más. 

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