Tamaño de las ciudades y crecimiento económico

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Roger Senserrich

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Siempre he hablado sobre los efectos positivos de tener ciudades grandes. Debido a una variedad de factores económicos (economías de red, más competencia, escala, mayor acceso a mercados, infraestructuras...) las empresas y trabajadores que viven en ciudades grandes son más productivas que aquellas que habitan en municipios pequeños. Es por este motivo porque la gente que vive en grandes urbes gana más dinero, y también por este motivo que es importante favorecer políticas que favorezcan el crecimiento de estas sin que el precio de la vivienda se dispare y todas las rentas se las queden los propietarios.

Esta relación entre ciudades grandes y crecimiento, sin embargo, es un poco simplista. Al fin y al cabo, las megaciudades como Nairobi, Sao Paulo o Mumbai quizás son más ricas que el hinterland que las rodea, pero no son necesariamente focos de productividad y eficiencia económica. Del mismo modo, hay países extraordinariamente prósperos ahí fuera que no tienen ninguna ciudad realmente grande (Holanda, Dinamarca, Suiza), así que la relación debe ser un poco más complicada. Un artículo recién publicado de Susanne Frick y Andrés Rodríguez-Pose (vía VoxEU) ofrece importantes matices sobre la relación entre tamaño de ciudades y crecimiento, específicamente teniendo en cuenta dónde se encuentran.

Los autores hacen un análisis econométrico de crecimiento económico por países, controlando por riqueza inicial, nivel educativo, tasa de inversión, calidad de gobierno y demás controles estándar en esta clase de modelos. Los niveles de crecimiento los miran en segmentos de cinco años, para tener una imagen más estable sobre crecimiento a largo plazo.

Los resultados son curiosos. Resulta que una ciudad grande es poco útil en un país pequeño; en aquellos estados con una población por debajo de 12,3 millones de habitantes, tener muchas ciudades de menos de 500.000 habitantes es mejor que tener una gran ciudad (entre 500.000 y tres millones) dominante. La configuración ideal para ser un país próspero es estar muy urbanizado pero con núcleos relativamente pequeños. Ser Holanda, en otras palabras.

Cuando la población del país pasa de los 12,3 millones, sin embargo, la cosa cambia. En este caso, tener un montón de ciudades pequeñas es contraproducente, lastrando el crecimiento económico. Tener ciudades de entre medio millón y tres millones, algo que frena el crecimiento en países pequeños, deja de ser un lastre. Las megaciudades de más de 10 millones de habitantes contribuyen al crecimiento, pero sólo si el país tiene más de 28,5 millones de personas que viven en zonas urbanas. Para que una ciudad como Nueva York, Los Ángeles o Chicago "funcione", esta debe ser capaz de conectarse, interactuar y competir con un tejido urbano que se extienda por el resto del país.

Como todo, este es un estudio econométrico, así que tiene ciertas limitaciones. Es difícil saber, por ejemplo, cual es la causa de estos efectos. Mi sensación es que en países pequeños hay una variable implícita de densidad de población; las ciudades pequeñas de la cuenca del Ruhr, Holanda o Suiza son creadoras de riqueza porque en el fondo "crean" un mercado urbano, evitando que una urbe dominante pero no lo suficiente conectada deje un mercado demasiado canijo como para prosperar. Mientras tanto, las megaciudades en países grandes sólo funcionan cuando no son el resultado de una aglomeración artificial alrededor de un centro político o administrativo lleno de élites extractivas, sino un nodo económico real.

Las implicaciones para políticas públicas son de por sí curiosas. Las megaciudades del tercer mundo en realidad no aportan gran cosa. Londres, post-Brexit, corre el riesgo de ser un monstruo urbano en un mercado demasiado pequeño. Las grandes ciudades Españolas son un poco demasiado pequeñas para aportar crecimiento económico por su propio tamaño, pero son lo suficiente grandes como para no ser un lastre. El País Vasco sería perfectamente viable como estado independiente, si atendemos a su tejido urbano. Cataluña, con Barcelona (y su área metropolitana) como centro urbano dominante, sólo es viable dentro de España o la Unión Europea.

Lo que parece claro es que la geografía económica importa, y deberíamos prestarle más atención. Hacer que nuestras ciudades y áreas metropolitanas crezcan, eso sí, sigue siendo buena idea.