Si el indigente fuese un perro, habría una marcha y justicia

Una provocación a repensarnos como sociedad. Por la necesidad de una protección de los humanos, cualquiera sea su condición social.
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Gabriel Conte

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Si el indigente fuese un perro, habría una marcha y justicia(Gentileza)

Si el indigente fuese un perro, habría una marcha y justicia | Gentileza

Si el indigente fuese un perro, habría una marcha y justicia(Pachy Reynoso / MDZ)

Si el indigente fuese un perro, habría una marcha y justicia | Pachy Reynoso / MDZ

Si el indigente fuese un perro, habría una marcha y justicia(Pachy Reynoso / MDZ)

Si el indigente fuese un perro, habría una marcha y justicia | Pachy Reynoso / MDZ

Si el indigente fuese un perro, habría una marcha y justicia(Pachy Reynoso / MDZ)

Si el indigente fuese un perro, habría una marcha y justicia | Pachy Reynoso / MDZ

Si el indigente fuese un perro, habría una marcha y justicia(Pachy Reynoso/MDZ)

Si el indigente fuese un perro, habría una marcha y justicia | Pachy Reynoso/MDZ

Si el indigente fuese un perro, habría una marcha y justicia(Pachy Reynoso/MDZ)

Si el indigente fuese un perro, habría una marcha y justicia | Pachy Reynoso/MDZ

Si el indigente fuese un perro, habría una marcha y justicia(Pachy Reynoso/MDZ)

Si el indigente fuese un perro, habría una marcha y justicia | Pachy Reynoso/MDZ

Si el indigente fuese un perro, habría una marcha y justicia(gentileza Carlos Jerez)

Si el indigente fuese un perro, habría una marcha y justicia | gentileza Carlos Jerez

Si el indigente fuese un perro, habría una marcha y justicia(gentileza Carlos Jerez)

Si el indigente fuese un perro, habría una marcha y justicia | gentileza Carlos Jerez

 Con la caridad no basta. El ataque Jesús Contreras, que vive en la calle y fue prendido fuego por hasta ahora desconocidos, requiere de acciones urgentes. A la sociedad no la vamos a cambiar con un solo hecho: es probable que si el quemado hubiese sido un perro en lugar de una persona, ya habría una marcha por él y abogados ad honorem disputándose la defensa del caso. Inclusive, los recursos que el Estado posee -como por ejemplo las cámaras de seguridad- se habrían activado para mostrar una eficacia que no está siendo demostrada hasta ahora en este caso por ninguna área, salvo la lógica, como lo destacó el Gobernador, que es que el hospital lo atendió.

Cabe destacar que aquí hubo un emergente de la sociedad que vale la pena subir a la superficie, aun a pesar del anonimato que ha requerido a la prensa, y se trata de la persona que lo socorrió y que, en diálogo con MDZ, advirtió, roto por el dolor, que "mientras se quemaba la gente alrededor se reía".

En tanto, la cara del Estado que debe actuar frente al delito, la justicia, ha actuado de acuerdo a los ritos propios y a los preceptos del Código Penal y su proceso, sin intentar dar un paso extra y tratándolo como un igual. ¿Está mal que lo trate como a cualquier otro ciudadano? Desde este último punto de vista, no y parece lógico decirlo, es lo que corresponde de acuerdo a la fría letra de la ley, pero podría ir más allá. ¿Pero se parte de igualdad de condiciones frente al resto?

Una vez más la justicia avanza sin que haya una correlación entre el tipo de delito aplicado y el daño que se causó. La carátula de la causa es "lesiones leves". No hay que ser muy lúcido para darse cuenta que se está calificando desde la consecuencia, plausible y certificada por médicos, pero no desde la intención. ¿Por qué esa calificación?  El hecho se califica como "lesiones leves" o graves en virtud del tiempo de recuperación, más o menos de 30 días.

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Es al revés de lo que ocurre con la violencia de género, en donde el criterio es opuesto a éste: si una mujer llega a una comisaría en Mendoza y afirma que su marido al insultarla le dijo algo que sonó parecido a una amenaza de muerte, con esa sola versión -en lógico resguardo a su integridad- es posible que detengan al señalado y caratulen la causa como "tentativa de homicidio". Las cárceles están llenas de estos casos. En muchos, se salvaron vidas. En otras, se arruinaron las vidas de los acusados, con anulaciones de sentencias incluidas. En ninguno, hay efectiva reparación de las víctimas y en todos, el aparato judicial se ve desbordado, sensible, atento y se siente hipercontrolado.

Nadie junta basura sobre una persona y le prende fuego con el objetivo solo de provocarle "lesiones leves". Lo más posible es que quiera exterminarlo, tratarlo como parte de esa basura que sirvió de mecha.

El derecho es así de complejo y eso es lo que hace que la sociedad sienta muchas veces que no hay justicia. Lo que el fiscal tiene que poner sobre su escritorio es una serie de elementos objetivos. Por ejemplo: cómo se inició el fuego, qué utilizaron los autores para la ignición, si el material o sustancia utilizada para iniciar el fuego era suficiente para que se propagara o si solo alcanzaba solo para que se encendiera la manta y el colchón.

 Ahora, la intención también incide a los fines de determinar la cuantía de la pena y que en virtud de su "barbaridad" tendría que ser la máxima dentro de la escala.

No es ilógico pensar que si el apellido del indigente fuera otro y su posición económica o social distinta, la respuesta también hubiese sido diametralmente diferente. El hecho es que al caratular la causa como "lesiones leves", la implicancia inmediata es que la víctima debería presentarse en Tribunales para ratificar la denuncia, atento a que si no, el fiscal no puede seguir investigando, debido a que de acuerdo al Código Penal se trataría no más que de un delito de acción pública de instancia privada. Solo si es calificado como de "interés público" podría proseguir la búsqueda de los autores del salvaje delito.

Son las paradojas del sistema y es el que tenemos, pero sirve el caso para debatir. El título de esta nota puede resultar exagerado, pero en definitiva, está en la sociedad valorar los hechos y la realidad y apuntar a cambiar o a seguir como estamos.

En nuestra justicia, si una persona estafa a un jubilado y le saca lo poco que tiene, que es todo en lo que respecta a su manutención, es calificado con un delito menor frente a un pibe que amenace con un arma a alguien y le saque un celular. Seguimos con las odiosas comparaciones, que sirven para despabilarnos como colectivo social: es algo así como en el Lejano Oeste robar un caballo llevaba a la horca, y matar a un indio era recompensado. No hay proporción a veces entre la pena impuesta (o buscada, ya que a veces ni siquiera se logra acumular la prueba para condenar) y el daño que se causa.