Sí a la ayuda a los débiles, no al aborto

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Pablo Gaete

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Sí a la ayuda a los débiles, no al aborto

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Sí a la ayuda a los débiles, no al aborto

Sí a la ayuda a los débiles, no al aborto

  Muchas veces los pobres y débiles nos incomodan. Muchas veces apartarlos de nuestro camino es la opción fácil y simplista. Muchas veces ayudamos al que se nos atraviesa pero sin comprometernos del todo, así, como para zafar. Sin embargo, la madurez de una sociedad se mide en base al trato que le da a sus miembros más débiles. Como sociedad somos un organismo y los órganos más fuertes debemos velar por los derechos de los más desprotegidos. De alguna manera, tenemos que asegurar el derecho al futuro que nos merecemos como comunidad. 

Pero, ¿dónde comienza esa pobreza y debilidad? Todo se da en el seno de una madre. Vemos que hay mujeres abusadas, adolescentes con embarazos no buscados, parejas inestables que conciben niños y un largo etcétera. ¿Acaso no encontramos en la mujer con embarazo vulnerable una zona de riesgo fatal? La mujer necesita ayuda y no un aborto. El aborto es violencia física y psicológica contra ella. El aborto mata a un bebé y destruye el corazón de esa madre. 

La debilidad de la madre con embarazo en riesgo radica en su hambre, en su sed y en su desnudez. Y la debilidad del niño por nacer en la precariedad de su salud y la dependencia absoluta que tiene respecto de su madre. Por ello, el camino de solución para este problema se encuentra en saciar esa sed y ese hambre y también cubrir esa desnudez. No me cansaré nunca de repetirlo: para salvar al niño hay que ayudar a la madre y para ayudar a la mujer hay que salvar su bebé.

¿Cuál es esa sed de la mujer que afronta un embarazo en un mal momento? Es la sed de estar contenida y de ser amada. Saber que estará sola para afrontar la crianza de ese nuevo bebé que está creciendo en su vientre. ¿Cuál es ese hambre que padece la mujer en un embarazo en riesgo? Es la falta de recursos económicos necesarios. Desde Frente Joven, con nuestro programa Defensores de Mamás, hemos sido testigos de las necesidades que tienen muchas madres de nuestro país. Con la sola ayuda en especias (cuna, pañales, leche, etc.) pudimos (y podemos) asistir a excelentes resultados en sus vidas. Esto sin contar la formación y contención que obviamente reciben dichas madres. Por último, ¿cuál es esa desnudez? Es la poca educación y posibilidades de muchas mujeres con embarazo en riesgo. Dice Michel Foucault, "el saber es poder". Por eso una mujer muchas veces no puede porque no sabe. Tan simple como orientarla sobre un lugar donde recibir ayuda o una vacuna/alimento necesario para el desarrollo normal de su bebé. De eso se trata: AMOR, AYUDA Y EDUCACIÓN. De este modo, aseguramos el desarrollo del futuro de nuestro país. 

¿Y el niño? Se encuentra en la peor posición. Podríamos decir: enfermo y preso. Enfermedad proviene del latín in-firmitas, es decir, lo que no está firme, lo que necesita apoyo. Se trata de una vida nueva y distinta de la madre (nunca hay que olvidarlo) pero necesita en estos primeros pasos de alguien más, podríamos decir que se encuentra no firme. Esto es así en el vientre materno como fuera de él. Podríamos hablar de los primeros 1000 días, contando desde su concepción, donde la ayuda exterior es estrictamente necesaria para el futuro de ese niño. También, de algún modo, ese niño "está preso" en el ambiente vital proporcionado por su progenitora. Sería otro modo de nombrar la dependencia absoluta. 

Despierta tu conciencia: ¡Hay un niño! Hoy más visible que nunca por los medios tecnológicos que existen, sin embargo necesita nuestra voz para tener un futuro. Esa vida quiere abrirse paso para lograr su libertad y buscar su plenitud. Ayudemos a esa madre para que su tarea sea llevadera. No los dejemos solos: mujer y niño necesitan de nosotros. La vida requiere ser regada y cuidada, sólo así se asegura el derecho al futuro. Esta es la gran deuda que tiene la democracia en Latinoamérica. Aboguemos por la vida, aboguemos por el futuro porque sin vida no hay derechos y sin derechos no hay futuro. Cada aborto que acontece es una tragedia doble: un niño muerto y una madre desecha. Esto es algo que afecta y compromete a toda la humanidad ya que cada aborto nos quita algo a todos los hombres. Se me ocurre formularlo al revés: cada vez que ayuda a una madre con embarazo en riesgo, no sólo ayudo a ella y a su niño sino a todos y cada uno de los hombres. 

Pablo Gaete

Derecho al futuro 

Frente Joven