Se retira un tal Pérez: la importancia suprema

El reconocido abogado penalista Carlos Varela traza un perfil de quien hasta hoy es juez de la Corte de Mendoza
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Carlos Varela Álvarez

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Se retira un tal Pérez: la importancia suprema(Alf Ponce / MDZ)

Se retira un tal Pérez: la importancia suprema | Alf Ponce / MDZ

Se retira un tal Pérez: la importancia suprema(Alf Ponce / MDZ)

Se retira un tal Pérez: la importancia suprema | Alf Ponce / MDZ

 Llegó el día en que Alejandro Pérez Hualde deja de ser Ministro de la Suprema Corte de Justicia. Llegó con el sello de ser hijo de un notable jurista, historiador y docente, quien había sido también entre otras cosas Ministro de una dictadura.

Apasionado, calentón, desconfiado, fue acomodándose en los sillones de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza y empezó puliendo fallos, administrando doctrina, y quizás lo más importante mostrando independencia y honestidad intelectual.

Lejos de los medios, ensimismado en sus lecturas, eterno mirador de letras asociadas, aprendió sobre las nuevas palabras que mostraban los libros de derecho, las novelas policiales y sobre esta sociedad que va cambiando constantemente pero ya siempre sobre ese reino amplio llamado internet.

Se pasó días discutiendo sentencias, doctrinas, posiciones legales, argumentos que se contrariaban y buscó en ese cuarto piso las soluciones del caso.

Estableció con otros posiciones polémicas frente a los poderes de turno; cárceles, supremacía de tratados, interpretaciones de leyes, plenarios laborales, en definitiva habló sobre la ley, el derecho y la justicia, que son términos no siempre amigos.

Irá donde el futuro diga, donde haya quizás una pizarra y alzará una tiza para empezar el discurso e integrará seguramente paneles donde ya lo presentarán como ex.

La Suprema Corte de local recibirá un nuevo integrante ante la ida de Pérez Hualde. La institución sobrevive al hombre, pero son ellos quienes imponen costumbres y valores.

Se va un notable ser humano, ni más ni menos que eso, al día de hoy algo invalorable.

Lo supremo sólo vale como título en la condición humana que otros reconocen. No hay ley o sentencia que así obligue.