Sabrina, entre la nostalgia y el cambio

The chilling adventures of Sabrina cambió radicalmente la imagen que el público tenía de la entrañable bruja adolescente. Personajes y situaciones muy oscuras hacen que el recuerdo alegre de la serie de los 90 se pierda rápidamente. Qué tiene de bueno y malo una serie que ya es un éxito.

Francisco Pérez Osán

Sabrina, entre la nostalgia y el cambio

Sabrina, entre la nostalgia y el cambio

La expectativa por el estreno de The chilling adventures of Sabrina (El mundo oculto de Sabrina) eran grandes. No es difícil ver por qué: se trataba de una nueva visión de una de las series más queridas de los 90, pensada para los públicos actuales.

Tras el estreno, una cosa fue totalmente clara. Las nuevas aventuras de Sabrina no tienen casi nada que ver con las viejas, y eso dividió completamente las opiniones de los espectadores, que la odiaron -los nostálgicos- o la amaron -los demás-.

Empecemos por las similitudes. Sabrina Spellman sigue siendo una bruja que está aprendiendo a controlar sus poderes, y a convivir con el extraño mundo mágico al que pertenece parte de su familia. Fuera de eso, el personaje que supo encarnar la encantadora Melissa Joan Hart está irreconocible. Interpretada por Kiernan Shipka, ahora el mundo donde vive Sabrina poco tiene que ver con el que se veía en Nickelodeon.

La bruja adolescente ahora debe decidir si inscribe su nombre en el libro del Señor Oscuro -Satán, por lo que se puede deducir-, mientras sigue haciendo malabares con su vida social de chica del secundario.

Acá hay que hacer una salvedad. Las diferencias no se dan por un capricho de los productores, si no que el material original es diferente. Sabrina, la bruja adolescente se basaba en un personaje de Archie Comics que fue reimaginado durante el 2014, en un libro de historietas que tiene el mismo título que la nueva serie. El éxito de esta nueva historia, igual de oscura que su adaptación, fue lo que determinó que Netflix encargara el nuevo programa.

Las tías de Sabrina también están presentes, pero no podrían ser más diferentes. Una, Hilda, es una bruja buena que comprende que la joven esté en contacto con su lado humano, mientras que la otra, Zelda, es autoritaria y despiadada, y está decidida a que Sabrina le jure fidelidad al Señor Oscuro.

El mundo mágico también recibió el tratamiento "aterrorizador", y ahora lo que era una realidad alternativa más bien alegre, se transformó en un continuado de imágenes y personajes perturbadores. La inspiración para este cambio fue, según creen muchos, la Iglesia de Satán, de donde se sacaron ritos y estatuas que se pueden ver en el show. El nivel de "inspiración" es tal, que la semana pasada Lucien Graves, el cofundador del Templo Satánico, confirmó que demandará a Netflix por utilizar la imagen de una estatua registrada por la organización.

Algo que no cambia es que la joven bruja todavía debe lidiar con los problemas de ser una adolescente en la secundaria. De todas maneras, los problemas no son los mismos que en los 90, y The chilling adventures of Sabrina se tira fuerte al lado de la inclusión, a veces sin conseguir que no se vea forzado en la trama. Un ejemplo del lío en que se mete por intentar ser políticamente correcta a toda costa es cuando Sabrina decide vengarse de los chicos que molestan a su amiga gay. La venganza consiste en amenazarlos, mediante hechizos y fotos, con hacerlos quedar como homosexuales en la escuela. ¿Cómo hizo esa evidente ironía para llegar hasta la pantalla? No se sabe.

Estos detalles -y algunos más como la decisión de que el gato Salem no tenga el don del habla, hicieron que muchos fanáticos de la adaptación original le dieran la espalda, pero la serie supo conseguir un público nuevo, que pudo pasar los primeros capítulos -algo aburridos- y logró engancharse con las nuevas historias.

Probablemente los fans originales no terminen de darle una oportunidad a la serie, pero eso no impidió que ya sea un éxito con una segunda temporada asegurada. 

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