Opinión Grave y repudiable: el rugby es otra cosa

Rugbiers mendocinos: vergüenza y reflexión

La ocasión amerita poner foco en un concepto clave y no abordado con claridad y firmeza en relación a la conducta desviada de los jugadores de rugby: el rol y el papel de los dirigentes y entrenadores.
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Rugbiers mendocinos: vergüenza y reflexión

 Durante el verano en Reñaca varios jugadores de rugby (y con prueba fotográfica mediante) fueron denunciados por el padre de un joven sanjuanino de haberlo agredido con cobardía, cuando intercedió ante los agravios y excesos, por lo menos verbales, a su novia. Hoy estamos hablando de la imputación y detención a cuatro jugadores y un exmanager de la Unión de Rugby de Cuyo ( ya liberado bajo fianza) acusados de haber abusado a una joven a fines de diciembre.

La joven ha relatado al diario El Sol que, confiada en el conocimiento personal con los acusados de abusarla, cree haber sido drogada para que, en estado de inconsciencia, luego ser violada. Tras las pericias se descartó todo tipo de violencia física.

Los rugbiers estaban festejando la obtención del título en el Seven de la República en Paraná. Qué manera horrible de festejar, si esto se comprueba.

La reiteración de hechos aparentemente delictivos, preocupantes y en extremo desagradables, merece la reiteración del más firme repudio y la reflexión reiterada acerca del verdadero espíritu del rugby.

La ocasión amerita poner foco en un concepto clave y no abordado con claridad y firmeza en relación a la conducta desviada de los jugadores de rugby: el rol y el papel de los dirigentes y entrenadores.

Sin desligar en lo más mínimo la responsabilidad de los actores de los hechos, hay que ahondar en la que le corresponde a los dirigentes y entrenadores.

Estos, con el errado y reiterado argumento "le devuelvo al rugby todo lo que este me dio", realizan mal su tarea. Arrancan errados desde el principio. A toda edad el rugby proporciona satisfacción, aún fuera de las canchas como jugadores. La propia esencia del juego, desde cualquier lugar y a toda edad es placentero. Por lo tanto, no se devuelve nada. Se recibe.

Y acá viene la debilidad de dirigentes, maestros de niños y entrenadores. No ponen énfasis ni acción decidida en el "espíritu de juego". El rugby verdadero es respeto, solidaridad, autocontrol, educación, diversión sana, contacto físico fuerte y leal durante el partido y relacionamiento franco luego en el tercer tiempo.

Humildad y conducta prudente y ejemplar son el objetivo sobre el que deben
replicar con insistencia los responsables. Sin esa predica constante, aparecen las desviaciones en la conducta que avergüenzan y preocupan. Los "aparentes" dirigentes y entrenadores no deben hesitar en apartar del juego a quienes no practican con apego y estrictez las normas y los principios del juego.

Jugadores culpables y dirigentes y entrenadores incapaces, que lucen sin desparpajo corbatas y símbolos del juego, sin respetarlo ni pregonar y aplicar sus principios son parte de este grupo que humilla a los verdaderos rugbiers. El mismo juego, por su propio bien, debe separarlos. Y esto, independientemente de lo judicial penal, que ya es extremo.

El rugby es deporte que divierte, educa, mejora físicamente, relaciona fundado en el respeto. Y el solo hecho de tener conductas excesivas es "no respetar". Se afecta y vulnera su esencia, y son responsables los jugadores actores, sus entrenadores y los dirigentes.

Hay que educar en los verdaderos principios para disminuir hasta evitar los desvíos y la consiguiente represión inevitable. Los prepotentes, agresivos, patoteros en la vida diaria no son rugbiers, ni siquiera jugadores de rugby. Son simplemente personas equivocadas y violentas, que humillan el juego y sus principios y que no forman parte de la verdadera familia del rugby.