Reforma constitucional, reelecciones y nepotismo

El historiador Pablo Lacoste aporta ocho propuestas hacia una reforma constitucional para la provincia de Mendoza. Debate abierto.
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Pablo Lacoste

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Reforma constitucional, reelecciones y nepotismo

Reforma constitucional, reelecciones y nepotismo

Reforma constitucional, reelecciones y nepotismo

Reforma constitucional, reelecciones y nepotismo

 En el marco del actual debate sobre la Reforma Constitucional de Mendoza, corresponde a los académicos aportar sus reflexiones, a partir de la experiencia del trabajo intelectual y el conocimiento de la historia, tanto de América Latina como de Argentina y, particularmente, de Mendoza.

La historia es el laboratorio de la Ciencia Política y el Derecho. Por lo tanto, el conocimiento de las tendencias de las fuerzas políticas en la región, permite contar con una base significativa para elaborar reflexiones y propuestas, con vistas a enriquecer el debate y aportar a las políticas públicas.

Actualmente se encuentra en debate una reforma constitucional. Hay amplios consensos en torno a la necesidad de la reforma, sobre todo para actualizar aspectos vinculados con los nuevos valores: temas ambientales y derechos sociales aparecen en primer lugar. Pero el proceso de bloquea frente al controvertido problema de las reelecciones. Estas no se examinan desde la lógica del futuro de Mendoza, sino desde el interés sectorial por el poder.

¿Qué nos enseña la historia?

En primer lugar, Mendoza está orgullosa de no tener dinastías feudales y corruptas, como San Luis, San Juan, La Rioja, Catamarca, Santa Cruz y Santiago del Estero. En esas provincias, una familia se apoderó del poder, se perpetuó allí gracias a las reelecciones ilimitadas, y capturó las instituciones en su totalidad: los poderes legislativo y judicial perdieron completamente su autonomía, lo mismo que la prensa, sindicatos, intelectuales, etc. Sus integrantes se convirtieron en obsecuentes del poder, meros peleles al servicio de una familia de caudillos, cómplices de la corrupción y paradigmas de la indignidad.

¿Cómo funcionan las democracias modernas, donde los poderes públicos mantienen su autonomía, la prensa su independencia y los intelectuales su capacidad de pensar por sí mismos? Con la limitación de las reelecciones. En EEUU solo se permite una reelección del presidente, después de la cual, éste deja de tener posibilidades de ser candidato.

Junto con ello, en los países avanzados hay fuertes normas para evitar el nepotismo. Se previene el caudillismo y la privatización del poder por parte de un grupo familiar. Este es un punto central en América Latina, donde el nepotismo está profundamente arraigado en la cultura política, como parte de la herencia española. En la Argentina se han visto los clanes familiares asumir el control del poder y despedazar las instituciones: las provincias de San Luis, La Rioja, Catamarca, Santa Cruz y Santiago del Estero son buenos ejemplos.

En la provincia de Mendoza se perciben tendencias parecidas a nivel municipal. Los intendentes ponen todo el aparato del poder municipal para perpetuarse en el poder; y cuando lo sueltan para asumir una banca parlamentaria nacional, dejan en su sillón a sus parientes: el resultado es la privatización del poder público: este deja de ser patrimonio de todos, porque ha sido cooptado por una familia reinante, cuyo poder se perpetúa y multiplica.

Otro problema que se detecta es que, una vez conseguida una reelección, los líderes manipulan las cartas magnas para asegurarse una siguiente, y luego otra. Los casos de Venezuela y Bolivia son flagrantes. Por lo tanto, es importante establecer cerrojos infranqueables a nivel constitucional, para impedir por todos los medios, que se puedan violar esas normas.

El cronograma electoral es otro tema que se ha prestado para abusos y arbitrariedades. Como la constitución no establece normas, los gobernadores a intendentes suelen manipular las fechas de elecciones según sus intereses personales. Muchas veces, para congraciarse con el presidente de la República, los comicios provinciales y municipales se suman a las elecciones nacionales, lo cual invisibiliza el debate ciudadano sobre los temas locales y las políticas públicas de nivel provincial y departamental. Estos temas quedan totalmente absorbidos por las candidaturas nacionales, lo cual reduce enormemente la participación ciudadana en sus temas específicos. Por lo tanto, conviene establecer en la constitución una pauta que evita estas dificultades.

La autonomía de los partidos políticos de Mendoza es otro tema importante a tratar. Con frecuencia, los candidatos de Mendoza han sido impuestos desde el poder central, sin respetar el proceso natural de construcción de liderazgos en el territorio provincial. Es importante que la Constitución de la provincia establezca mecanismos que protejan a los partidos provinciales de las presiones externas. Por ejemplo, durante la administración de Julio Cobos, cuando dos terceras partes del Congreso Partidario de la UCR se inclinaba a expresar sus decisiones, fue intervenido por el Comité Nacional, a instancias de Roberto Iglesias y José Genoud, lo cual precipitó la división partidaria, la cual costó mucho tiempo superar. Algo parecido ocurrió en el peronismo: dos veces hemos visto que el candidato a gobernador fue impuesto desde Buenos Aires, de arriba hacia abajo, sin respetar los liderazgos naturales emanados del territorio. La imposición de Paco Perez, por maniobras de Juan Carlos Mazón en 2011, y del general Blas Brisoli, por voluntad expresa de Perón en 1949, son buenos ejemplos. En ese momento, Alejandro Mathus Hoyos y Lorenzo Soler eran candidaturas mucho más democráticas y representativas del peronismo mendocino que la del aquel general que desconocía la provincia. Lo mismo ocurrió con "Paco" Pérez, figura gris y poco competente, cuya imposición frustró las posibilidades de dirigentes de mayor jerarquía y trayectoria cívica dentro del peronismo provincial.

A estos problemas se suma la tradicional cultura machista latinoamericana. Mendoza nunca ha tendido una gobernadora mujer; y solo una intendenta, lo cual muestra una concentración brutal del poder en solo la mitad masculina de la población.

A ello se suma le necesidad de avanzar en la paridad de género. Por lo tanto, resulta conveniente promover la alternancia de mujeres y varones en la conducción de estos espacios de servicio público. Mendoza ha sido pionera en esta materia: las dos leyes nacionales de derechos políticos de la mujer, fueron impulsadas de Mendoza. El proyecto de ley de sufragio femenino fue formalmente presentado en el Congreso por el senador por Mendoza Lorenzo Soler (1882-1971). Su proyecto fue tratado en el Senado de la Nación el 21 de agosto de 1946. Tras su aprobación en las dos cámaras, fue promulgada el 23 de setiembre de 1947 (ley 13.010). Se comenzó a aplicar en las elecciones de 1951. Por su parte, la senadora Margarita Malharro de Torres (1921-1994) fue la autora del proyecto de ley de cupo femenino. Este fue presentado en 1989 y aprobado el 6 de noviembre de 1992 (ley 24.012).

Por lo tanto, establecer un sistema igualitario para cargos ejecutivos en la nueva constitución, sería honrar y profundizar la tradición política de Mendoza.

A partir de estos criterios, las recomendaciones concretas serían las siguientes:

1- Establecer un sistema de una reelección como máximo, tanto para el gobernador como para los intendentes.

2- Ni el gobernador ni los intendentes podrán estar más de dos mandatos en su cargo por ningún motivo, aunque haya comenzado sus mandatos antes de esta reforma.

3- Una vez cumplidos los dos mandatos, sean consecutivos o alternos, ni el gobernador ni los intendentes podrán postular nuevamente a esos mismos cargos. Nunca más.

4- Para volver a cambiar la constitución en el tema de las reelecciones, conviene exigir mayorías extraordinariamente calificadas, no menores al 80%, tanto en la Convención Constituyente como de la Asamblea Legislativa y del Plebiscito ciudadano.

5- Al cumplir su mandato, junto con el gobernador y los intendentes, quedan excluidos de la posibilidad de postular al mismo cargo sus parientes directos y de segundo grado. Ello incluye cónyuge (de hecho o de derecho), hermanos, hijos, padres, sobrinos, tíos y primos.

6- Para postular a los cargos de gobernador o intendentes, los candidatos deberán contar con el respaldo de sus partidos políticos legítimamente constituidos en Mendoza, surgidos de sus bases partidarias, por elecciones de sus afiliados y avalados por sus cuerpos orgánicos provinciales. Para postular a estos cargos, los partidos políticos deberán acreditar al menos tres años de normal funcionamiento de sus instituciones dentro de la provincia de Mendoza. En caso de ser intervenidos, de hecho o de derecho, los partidos políticos deberán aguardar el tiempo establecido de tres años para poder postular nuevamente a estos cargos. Por lo tanto, en caso de sufrir una intervención desde Buenos Aires, el partido político quedará automáticamente impedido de participar en las siguientes elecciones provinciales de Mendoza.

7- Los cargos ejecutivos serán alternativos desde el punto de vista de género. Después de una administración masculina, solo se aceptarán postulaciones femeninas, y viceversa. Solo se podrá aceptar la postulación de un candidato del mismo sexo del que se encuentra en ejercicio, cuando se trate de la reelección del gobernador o intendente al final de su primer mandato.

8- Las elecciones provinciales y municipales se realizarán en forma simultánea, el segundo domingo del mes de mayo.

Estas ocho propuestas pueden contribuir a destrabar al actual bloqueo que sufre el proyecto de reforma constitucional. Permitirán superar los inconvenientes derivados de la perpetuación en el poder, asegurando el principio de periodicidad de funciones y de separación de poderes. Además, protegerán a las fuerzas políticas provinciales, valorizando sus militantes y afiliados, y evitando intervenciones federales desde Buenos Aires. Finalmente, se asegurará la inclusión de las mujeres en cargos ejecutivos, aspecto de capital importancia para lograr una sociedad más integrada social y culturalmente.