Que los candidatos muestren sus equipos

No podemos dejar el futuro de Mendoza en una mesa de apuestas. No puede seguir siendo una cuestión de fe, confianza o azar.

Santiago Montiveros

Que los candidatos muestren sus equipos

Que los candidatos muestren sus equipos

El año que está a punto de iniciarse puede marcar un hito para la evolución de la política  o  todo lo contrario, la vuelta atrás, la involución. Las elecciones son el único instrumento que a nivel masivo posee la ciudadanía para premiar, castigar y elegir programas de gobierno y personas para que lideren el proceso. Pero no tienen, hasta ahora, mecanismos para conocer mucho más antes de que un nuevo gobierno asuma.

Por ello, esta vez podemos reclamar algunas cosas muy concretas y directas, aunque no tengan obligación de cumplirlas quienes se postulan a los máximos cargos ejecutivos. Una de ellas puede ser que nos muestren a su futuro gabinete y qué programa ejecutarán.

Hasta ahora, ha primado un factor sorpresa que ha sido aceptado mansamente por una población que en muchos casos pasó de la indiferencia a la resignación, y luego a la indignación ante los resultados. Pero la culpa de que los gobiernos no hayan funcionado no ha sido solo de quienes lo integraron o “de la política”, sino de la ciudadanía “sabelotodo” y luego, se ha sabido desentender de las responsabilidades que le tocan, que nos tocan.

No podemos dejar el futuro de Mendoza en una mesa de apuestas. No puede seguir siendo una cuestión de fe, confianza o azar. 

¿Tan difícil es que nos digan antes de someterse al voto quiénes serán sus ministros y cuáles los lineamientos de su gestión?

Si lo pueden hacer es porque tuvieron equipos técnicos trabajando en las diversas temáticas y porque, además, no sometieron todo a una negociación política a espaldas de los votantes.

Sería un primer paso para una Mendoza con una Constitución viejísima y que merece ser discutida en forma completa, para que esta exigencia, entre muchas otras, además de nuevos mecanismos de control y revocatoria de mandatos, queden en una lista de obligaciones para los políticos. Pero también estableciendo un deber para el votante, el ciudadano: estudiar antes para no llorar después.

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