Que cada uno se haga cargo de su responsabilidad en la tragedia de Horcones

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Gabriel Conte

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Que cada uno se haga cargo de su responsabilidad en la tragedia de Horcones(Pachy Reynoso / MDZ)

Que cada uno se haga cargo de su responsabilidad en la tragedia de Horcones | Pachy Reynoso / MDZ

Que cada uno se haga cargo de su responsabilidad en la tragedia de Horcones(Pachy Reynoso / MDZ)

Que cada uno se haga cargo de su responsabilidad en la tragedia de Horcones | Pachy Reynoso / MDZ

El estado nacional debe hacerse cargo, en toda su dimensión, de la responsabilidad por el funcionamiento de las rutas nacionales. Los mendocinos -y cuyanos en general- nos vemos obligados a intervenir en una jurisdicción que no nos corresponde por el solo hecho de que no tenemos más alternativa que utilizar el trazado que une a la Argentina con Chile por el Cristo Redentor. 

Todo lo que se promete, calcula o proyecta referido a la principal vía de interconexión entre los puertos del Atlántico y el Pacífico, y viceversa, parece una gran farsa a la que estamos invitados para ser engañados una y otra vez. 

Del mismo modo, todo esfuerzo que realiza el estado provincial resulta -además de ajeno a la coordinación de todas las tareas- insuficiente.

Sobre finales de 2015, MDZ hizo un programa especial sobre el paso a Chile, con la participación de muchos de los principales protagonistas. Allí quedó claro que la Nación cuando tiene que opinar sobre la ruta y lo que en ella sucede -que es de su jurisdicción- le pregunta a Mendoza, habida cuenta de que se ha demostrado desinteresada en extremo por su funcionamiento, como lo vimos muchas veces y como hoy nos sacude la realidad de un incidente vial con muertos y heridos.

La tragedia protagonizada por un transporte de la empresa Turbus en Horcones se produjo días después de que se reconociera que no se hará la anunciada, propagandizada y esperada obra del tren trasandino denominado Corredor Bioceánico Aconcagua. 

Ni hablar de todos los inconvenientes que ya se han señalado con insistencia agotadora en torno a la falta de servicios, la carencia de controles o la realización de operativos ineficaces, además de la lucha de competencias entre fuerzas de seguridad que terminan haciendo más ruido que obteniendo nueces.

Los periodistas que seguimos a diario el pulso de esta ruta lo sabemos: las tragedias son las únicas predicciones que se cumplen a lo largo de su trayecto. Pero no somos los únicos. Varios cientos de miles de personas cruzan a Chile cada año por allí y lo saben, lo vivencian, lo sufren y lo repiten con un reclamo que tan solo llega a la Casa Rosada como una letanía molesta, no como un tema prioritario del que tienen obligación de ocuparse.

Se verá judicialmente el caso puntual. Pero una vez despejadas las broncas y el duelo, la compasión no debería llenar el lugar que dejan 19 muertes y otras tantas personas lesionadas, sino la razón de exigir la atención que una ruta como esta merece. Si quieren, no solo por la dimensión humana, sino por la implicancia económica que tiene.


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