Pornografía, la educadora sexual del siglo XXI

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Erika Lust

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Pornografía, la educadora sexual del siglo XXI

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Watching natural-looking people engaging in sex that is consensual, pleasurable and realistic may not be harmful-heck, it might be a good idea-but that is generally not what the $97 billion global porn industry is shilling. Its producers have one goal: to get men off hard and fast for profit. That means eroticizing the degradation of women. In a study of behaviors in popular porn, nearly 90% of 304 random scenes contained physical aggression toward women, who nearly always responded neutrally or with pleasure

Observar a personas de apariencia normal comprometiéndose en un acto sexual que es consensuado, disfrutable y realista no tiene por qué ser dañino, puede ser una buena idea, pero eso no es lo que tiene en mente la industria del porno, que gana 97.000 millones de dólares a escala mundial. Sus productores solo tienen un objetivo: excitar a los hombres lo más efectiva y rápidamente posible para sacar provecho. Esto significa erotizar la degradación de la mujer. En un estudio de comportamientos sobre el porno más popular, cerca del 90% de las 304 escenas escogidas al azar contenían agresiones físicas contra las mujeres, que casi siempre respondían con neutralidad o con placer. Girls & Sex: Navigating the Complicated New Landscape - Peggy Orenstein. 

Que la pornografía se ha convertido en la educadora sexual del siglo XXI es algo que ya nadie puede negar. Hasta que llegue el momento en que nos convirtamos en máquinas sin sentimientos ni sexualidad al estilo Gattaca, tendremos que ser capaces de afrontar que tenemos impulsos y necesidades sexuales, y también nuestros hijos. Es algo tan natural como aprender a montar en bicicleta o a atarse los cordones de los zapatos. Entonces, ¿de qué tenemos tanto miedo?

Ya han pasado 17 años desde que casi un 40% de las adolescentes españolas que se quedaban embarazadas recurrían al aborto, según datos que aportaba en aquellos años el CSIC. Es pertinente relacionar este dato, que afortunadamente en la actualidad se ha reducido a menos de la mitad, con la falta de información que durante tantos años se ha vivido en la adolescencia respecto a la sexualidad, las relaciones y cómo convivir con ambas. Educación sobre qué es el sexo, cómo se puede practicar de forma segura, de qué maneras afectivas se puede afrontar y los roles de género que impone la cultura, pero que muchas veces responden a patrones sociales que no es necesario asumir. La información es el motor de las decisiones inteligentes.

Pese a todo, el vacío de nuestro sistema educativo en lo que respecta a este tema sigue vigente hoy más que nunca. Los datos han mejorado -¡sería raro que no lo hicieran!-, pero las carencias siguen siendo evidentes. Puede haber muchas razones por las que la educación sexual está limitada y habitualmente olvidada por los centros escolares: creencias religiosas, falta de formación del profesorado, vergüenza, ignorancia... Todas ellas han llevado a los jóvenes españoles a recurrir a otras vías de información, que ya no son las revistas que nuestros padres guardaban en el cajón de los calcetines. Aquellas revistas eróticas parecen ahora inocentes al compararlas con la avalancha de imágenes que ha traído internet. La industria se ha vuelto más amplia y diversa y, a la vez, más peligrosa. El racismo, la misoginia y la violencia recorren con impunidad muchas de estas imágenes, a las que no se les pueden imponer barreras o filtros y que influyen más de lo que creemos en las nuevas generaciones y sus identidades sexuales. No es cuestión de poner el grito en el cielo anunciando el apocalipsis si no eliminamos estos contenidos. No es lógico ni realista. La cuestión es analizar esas imágenes y sacarlas de las sombras. Exponerlas, estudiarlas y mirarlas con conciencia crítica.

Menos prohibiciones, más psicología

Se calcula que los niños y niñas se encuentran por primera vez con la pornografía a los nueve años. Probablemente no porque la hayan buscado deliberadamente, sino porque cualquier pop-up o anuncio nos lleva a este tipo de imágenes explícitas. ¿Qué pensará un niño de esa edad de un destacado que le dice que puede encontrar "Mamás dispuestas a follar" en su barrio a solo un clic de distancia? Otra situación muy habitual es que reciban las primeras muestras pornográficas de sus amigos, vídeos en el móvil en el patio del colegio para echarse unas risas, y empezar a conformar la identidad masculina tradicional del macho alfa loco por las tetas y los culos e incapaz de ver en las mujeres sexualizadas algo más que un objeto funcional destinado a satisfacer sus deseos. Parece una descripción exagerada, pero responde a la más pura realidad de la desigualdad, las violaciones y otras disfunciones sociales de género.

Ahora bien, cuando llega el momento de la búsqueda deliberada de porno en internet, el tema se pone peliagudo y muestra una realidad evidente: necesitan saber más. ¿Y quién sino internet va a darle esa información sin juzgarle o hacerle sentir vergüenza de sus propias necesidades? ¿Qué clase de sujetos sexuales estamos creando si dejamos que esta industria millonaria los aleccione sobre cómo deberán ser sus relaciones sexuales en un futuro próximo y los roles que deberán adoptar con sus semejantes según su género u orientación sexual?

A menudo, parece que la solución a todos los males educativos se resuma en la prohibición. ¿Cuándo entenderemos que esto alienta a los niños a hacer lo que se les ha dicho que no hagan? Aunque a muchos padres y educadores les cueste entenderlo, los niños son inteligentes, perspicaces y, sobre todo, muy curiosos. En la era de internet, de la infoxicación y de la libre circulación de material de todo tipo, es una misión imposible intentar que los jóvenes de hoy, cada vez más integrados en las dinámicas de las nuevas tecnologías, eviten contenidos perjudiciales o denigrantes. Es como intentar poner puertas al campo.

Con dos hijas y muchos años residiendo en España, me doy cuenta de que algo debe cambiar en nuestra educación sexual. Por culpa de internet, tenemos que preocuparnos más de cómo hablar a nuestros hijos de lo que se pueden encontrar, pero, al mismo tiempo, es gracias a internet que pueden encontrar lugares útiles que pueden sustituir una educación deficiente en la escuela o en el hogar. Solo deben llegar a ellos.

Aun así, estos espacios online pocas veces tienen en cuenta este magnate de internet, esta industria imperecedera del porno. ¿Alguien nos ha enseñado a entenderla? ¿Alguien se ha preocupado de teorizarla, de analizar su influencia, de desentrañar sus objetivos y metas como producto de consumo e influencia cultural? La realidad es que hacemos ver que no existe, no se habla de ella, nadie la consume y, sin embargo, se estima que un 30% de las búsquedas que se realizan en internet son sobre pornografía. Necesitamos urgentemente eliminar el tabú del porno para aceptar su existencia y minimizar la presencia de sus vertientes más denigrantes.

Pese a todo, sí encontramos algunas -pocas- buenas iniciativas divulgativas en materia de educación sexual. Es el caso del canal estadounidense Amaze Org, que intenta que esta materia no provoque sonrojos entre los jóvenes, o, en España, mujeres como La Psico Woman o, como ella llama a su canal en Youtube, Toda Loca -que es sencillamente brillante- y Sexperimentando con Nayara Malnero, que con vídeos didácticos y divertidos es capaz de introducirnos en el mundo del sexo, la masturbación, los anticonceptivos, las relaciones, etc. ¡Ya basta de poner condones en plátanos en una clase especial del colegio!

Pero y nosotros, los padres, ¿dónde acudimos para educarnos? Seguí leyendo haciendo clic aquí.

Erika Lust.  Cineasta, madre, escritora, bloguera y fundadora de Erika Lust Films. Formada en Ciencias Políticas, Feminismo y Estudios de Género por la Universidad de Lund (Suecia). Ha dirigido las galardonadas películas Cinco historias para ella, Barcelona Sex Project, Life Love Lust y Cabaret Desire y ha escrito cinco libros, entre ellos Let's Make A Porno y su aclamada novela erótica La canción de Nora. Gracias a su exitosa conferencia "It's Time for Porn to Change" en el TEDxVienna (2015), ganó notoriedad en su campaña por cambiar el porno. Publicado por El Orden Mundial.