¿Por qué los mendocinos no sabemos vacacionar en Mendoza?

¡Ojo! No estoy hablando de precios o destinos, sino de una actitud vacacional. ¡Cuánto debemos aprender acerca del relax!
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Muriel Del Barco

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¿Por qué los mendocinos no sabemos vacacionar en Mendoza?

¿Por qué los mendocinos no sabemos vacacionar en Mendoza?

¿Por qué los mendocinos no sabemos vacacionar en Mendoza?

¿Por qué los mendocinos no sabemos vacacionar en Mendoza?

Seguramente cuando leíste el título de la nota pensaste en precios, lugares, falta de ofertas, de ideas o de promoción turística, pero no. Estoy hablando de que todavía no aprendemos a vacacionar en nuestro sitio, en nuestra provincia, en nuestro lugar, en nuestro hogar. Es como que en Mendoza jamás podríamos sentirnos "de vacaciones". ¿No?

Quizás está reflexión te haga ruido, pero la ecuación es muy simple: enero es igual a vacaciones, y vacaciones es igual a playa, viajes, hoteles, familia, etc. O por lo menos para los mendocinos y más si tenemos hijos chiquitos y queremos aprovechar al máximo el receso de verano.

El tema es que por muchas razones; trabajo, falta de dinero, problemas familiares, etc. no todos gozamos de un mes free para vacacionar con esa estructura que nos metieron en la cabeza cuando eramos muy chicos. Entonces, nos frustramos y despotricamos en contra de nuestra provincia. 

Personalmente elegí pasar el Año Nuevo afuera para empezar el año de otra manera, pero he charlado - a lo largo de esta semana- con muchas personas que por A o por B no ha podido o no han querido salir de la provincia y se quedaron "de vacaciones" o con menor carga horaria de trabajo, pero no se sienten de vacaciones. De hecho, buscan excusas para trabajar. O mejor dicho, se sienten culposos de estar panza arriba disfrutando de algunas horas ociosas en su casa.

Culposos, esa es la palabra. Los mendocinos somos tan culposos.

Y el trasfondo del asunto está en algunas cosas que van más allá de lo personal, lo cultural. Alguien nos dijo que las vacaciones tienen que ser fuera de tu casa, alguien te dijo que no podés estar "al pedo" en tu casa los días de semana, alguien te dijo que si no trabajás no vivís, alguien te dijo que cuando estés muerto vas a tener tiempo para descansar. 

Pero nadie nos dijo que el descanso es salud.

Y seguramente será muy difícil desconectarte de la rutina diaria si estás en tu casa o si vas mediodía al trabajo, o si tenés que buscar y llevar a los chicos. Pero no le echemos la culpa al contexto con frases como: "En Mendoza no se puede veranear" o "Un embole enero en Mendoza", o "Yo acá en el desierto tomando fresco". Nuestra provincia es hermosa y tiene cientos de lugares para conocer, bodegas para visitar, restaurantes para comer....

Hace unos días, cuando charlaba con una amiga que es abogada y está de ferias me decía: "Me siento tan mal cuando estoy en Mendoza sin trabajar". Y yo pensaba: ¿A quién no le pasa?

Nos pasa a todos, porque estamos llenos de estructuras mentales y sociales que relacionan cosas, épocas del año, títulos y demás con hechos que deben suceder, pero cuando las circunstancias no están dadas, debemos aprender a ser felices con lo que tenemos, con lo que hay.

Quizás si nos tomamos en serio el valor que tienen las vacaciones, las respetaríamos a rajatabla. Debería ser una orden médica el hecho de tomarnos unos días para desconectarnos: de las redes sociales, del trabajo, del exceso de comunicación, de los problemas, de la gente.... En el patio de tu casa o en la playa más paradisíaca del mundo.

El ocio es salud. Debemos reservarnos espacios para charlar con nosotros mismos, para preguntarnos (así cómo lo hacemos con los demás): "¿Cómo te sentís? ¿Cómo estás? Si no sabemos cómo estamos o cómo nos sentimos, ¿cómo podemos ayudar a los demás? ¿Cómo podemos dar nuestro 100% en cualquier aspecto de nuestras vidas?

Vivimos en una sociedad en la que el valor está puesto en el sacrificio y en el sufrimiento, todos sinónimos de éxito. Pero lamento decirte que el éxito pasa por levantarte todos los días agradecido por la vida que tenés y acostarte todas las noches agradecido por el día que viviste.

No hay nada más lindo que verle la cara de nuestro compañero cuando llega de vacaciones: rozagante con una enorme sonrisa de oreja a oreja. Después de haberse tomado tiempo para dormir, pensar, leer, comer bien...

¿Le ponemos calidad a nuestras próximas vacaciones?

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