Opinión Las tensiones en Cambiemos

Por el gas, algo cambió en la relación entre Macri y Cornejo

Tras la discusión por las tarifas, en la Casa Rosada perciben un "boicot" del gobernador y lo sospechan de perseguir intereses personales. Cornejo promete no callar nada y está embarcado en evitar que el PRO termine absorbiendo a la UCR dentro de la alianza oficialista.
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Marcelo Arce

Por el gas, algo cambió en la relación entre Macri y Cornejo(Twitter)

Por el gas, algo cambió en la relación entre Macri y Cornejo | Twitter

-Alfredo no se pueden bajar las tarifas de gas ¿Cómo me pedís eso y justamente vos? Sabés mejor que nadie que tenemos que ser muy rígidos fiscalmente.

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Después de más de una hora de reunión, Mauricio Macri ya elevaba el tono de voz ante el gobernador mendocino y un par de mandatarios radicales más, en un cara a cara que se extendió por más de dos horas, es decir, la reunión política entre socios que más duró desde que se formó Cambiemos.

- Mirá Mauricio, es dar un paso atrás para dar dos para adelante, respondió Cornejo.

Ya a esa altura la tensión entre ambos era evidente.

- Está bien, tráiganme una propuesta, cortó seco Macri. Y dio por concluido el encuentro.

El jueves, diez días después de aquél cruce, y tras varios mails con el jefe de Gabinete, Marcos Peña, Cornejo llegó a la Casa Rosada junto al resto de los referentes parlamentarios de la UCR con un plan por escrito que había sido armado en Mendoza por el secretario de Energía, Emilio Guiñazú y por el subsecretario de servicios Públicos, Natalio Mema.

La tensión fue un poco menor que en aquél encuentro con Macri y en cierta forma ya flotaba en el aire la idea del consenso para buscar la forma de aplanar las tarifas.

Allí estaban los integrantes del gabinete que formaron parte de la negociación por el problema de las facturas de gas: el propio Peña; Marcos Quintana y Gustavo Lopetegui, los dos coordinadores de la jefatura de Gabinete; el jefe de Diputados, Emilio Monzó y un invitado especial para Cornejo: el ministro de Energía, Juan José Aranguren.

Las miradas sobre el mismo problema eran claras: del lado del Gobierno nacional las planillas Excel con los números que demostraban que los ajustes tarifarios son una necesidad y la convicción además de que, más allá de las subas constantes de los últimos dos años, el consumo no bajaba con lo cual todavía se podría permitir cierta "elasticidad" para seguir aumentando.

Por parte de Cornejo y del resto de los socios en Cambiemos la preocupación estaba en la percepción social del mazazo en las boletas de gas. "Este invierno las subas van a ser astronómicas y van a impactar de lleno en la franja central de la Argentina", argumentaron.

En Mendoza, por caso, la imagen del gobierno de Macri está 20 puntos por debajo de la del gobierno provincial. El golpe en el electorado de Cambiemos, es fuerte.

El resultado ya es conocido y dejó a todos contentos: los aumentos quedaron ratificados con lo cual el impacto fiscal será nulo como pretendía el Gobierno y los radicales se fueron con su prorrateo que terminará fraccionando el pago de las boletas de lo que se consuma este invierno.

Algo cambió para que nada cambie, en definitiva, e incluso quedaron un par de cuestiones sin resolver. Una de ellas fue que Macri no aceptó una de las propuestas de Cornejo que consistía en partir en dos a la revisión tarifaria para el gas que se aplicará en octubre. La idea fue que el 50% de esa modificación se corriera a octubre de 2019.

No hubo caso. Los aumentos que se vienen en el último trimestre de este año, si bien serán menores que los de los próximos bimestres, todavía no se sabe de qué manera se podrán pagar.

La otra discusión pendiente es más conceptual. La UCR entiende, algo de eso también comparte el partido con Elisa Carrió, que las negociaciones con las empresas de servicios públicos deberían ser más duras y que el ministerio de Energía debería demostrar mayor firmeza en el cumplimiento de los contratos. Algo de eso hablaron Cornejo y Aranguren en ese pasillo de la Casa Rosada en el que terminaron frente a frente el mismo jueves, luego de los ataques públicos del mendocino contra el funcionario de las últimas semanas.

Cambiemos logró recuperar cierta calma luego de días de tensiones, pero algo parece haberse roto en la relación entre el presidente y el gobernador.

La Casa Rosada habló, en off the record, de "complot" del radicalismo a las políticas oficiales y dejaron trascender el enojo de Macri por haber tenido que dar ese "paso atrás" que le pidió Cornejo.

Peña y su entorno tampoco acallaron esos rumores, aunque se trató de disimular todo un poco en un acto de la juventud de Cambiemos que encabezaron los dos, Peña y Cornejo, este sábado por la mañana en Quilmes.

Al mendocino lo sospechan de estar moviéndose por ambiciones políticas personales. Sin posibilidad de ser reelecto en Mendoza, desde hace un tiempo que se lo menciona como posible candidato a vice en una reelección de Macri.

Algo de eso hay, aunque las ambiciones personales del gobernador hoy pasan lejos de la alternativa de una eventual candidatura a vicepresidente. Quizás ministro (¿del Interior?), o quizás candidato a diputado nacional para luego aspirar a un lugar de poder en el manejo de la Cámara (¿la presidencia?).

Pero de todas formas, por lo que conoce del funcionamiento del macrismo, está seguro de que la mejor manera de encaramarse no será haciendo precisamente lo que hizo esta semana.

El plan parece pasar por otro lado. Cornejo está convencido de que los gobiernos que no resisten son aquellos que fracasan en lo económico y decidió no callar nada porque sabe que la suerte del radicalismo está directamente atada a la suerte que, en ese sentido, corra esta administración.

Pragmático como siempre, comparte el pataleo de sus correligionarios por la falta de protagonismo en la alianza con el PRO y hasta está convencido de que les devolverá el orgullo perdido y que hoy además está herido por el estrellato amarillo.

La política es así. Y los radicales son así. Cornejo, como presidente del Comité Nacional, hoy se ha transformado en el héroe partidario. Hace una década, fue el encargado de comenzar a llevarlo al camino de la decandencia con la conformación del radicalismo K.

Sin embargo la historia le marca otro presente al gobernador. Y la especulación es muy simple.

En la UCR se sienten atrapados. Son conscientes de que si a Macri le va mal, eso los terminará arrastrando a ellos también. Pero si al presidente le va bien, difícilmente se compartan los logros.

¿Cómo no terminar chupados por el PRO?, es el desafío de Cornejo. Por ahora, la apuesta es por "la positiva". Es decir, que le vaya bien al Gobierno nacional y tratar de que la ecuación con sus socios políticos sea la de "ganar- ganar".

Lo que se verá de aquí en más será un gobernador que levantará la voz cuando sea necesario, aunque con la promesa auto impuesta de que cada crítica será sensata y fundamentada. Como la discusión por el gas.

"Yo estoy suelto de cuerpo y no necesito cargos personales. Podría hacerme el boludo y seguir muy amigo de Macri y así llegar mucho más lejos que si me pongo a reclamar que den marcha atrás con los aumentos de tarifas", cuentan que le dijo a su entorno hace unos días, cuando el malestar presidencial por el pataleo era evidente y todos le pedían que pisara el freno un poco. Algo que prácticamente nunca hizo.