Para el aprendizaje en América Latina, el dinero no es el problema

Avatar del

Julián Messina

1/2
Para el aprendizaje en América Latina, el dinero no es el problema(blogs.iadb.org)

Para el aprendizaje en América Latina, el dinero no es el problema | blogs.iadb.org

Para el aprendizaje en América Latina, el dinero no es el problema(blogs.iadb.org)

Para el aprendizaje en América Latina, el dinero no es el problema | blogs.iadb.org

 ¿Un mayor gasto en educación mejora el aprendizaje? Los educadores y los responsables de las políticas públicas de todo el mundo han debatido sobre esta pregunta durante años. Sin embargo, cuando se trata de América Latina y el Caribe, algo es seguro: el dinero puede ayudar; puede que incluso sea crucial, pero nunca es suficiente.

Los gobiernos de América Latina y el Caribe han realizado enormes esfuerzos para aumentar el gasto, y dedican en promedio 3 puntos porcentuales más de su PIB a la educación que hace 25 años. En efecto, con más del 5% del PIB, los gobiernos de la región gastan aproximadamente tanto como Estados Unidos y otros países de la OCDE, y mucho más que otros países con niveles similares de desarrollo económico.

Sin embargo, algo no funciona. Los malos resultados educativos, relacionados con sistemas educativos deficientes, han dejado a la región gravemente rezagada en la carrera de la economía global para adquirir mejores habilidades. En nuestro reciente informe insignia Aprender mejor: políticas públicas para el desarrollo de habilidades, comparamos los resultados de diferentes evaluaciones y encontramos que menos de la mitad de los alumnos de la región habría tenido una puntuación superior al estándar mínimo de haber participado en el Estudio Internacional de Tendencias en Matemática y Ciencias (TIMMS), una evaluación global de los alumnos de cuarto grado. Compárese esta cifra con el 95% de los alumnos de cuarto grado en Estados Unidos y con el 66% en países que tienen niveles similares de matriculación bruta y desarrollo. Por lo mismo, en el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA), para alumnos de 15 años, los 10 países de la región que se sometieron a la evaluación acusaron en promedio un rezago de 2,5 años de escolarización en relación con el promedio de la OCDE. El 63% de los latinoamericanos se mostró incapaz de realizar más que las operaciones más sencillas de matemáticas correspondientes a su grado.

Si estos resultados son sombríos, el gasto privado no parece estar cerrando la brecha. El hogar promedio de América Latina y el Caribe destina el 6,5% de su presupuesto a gastos relacionados con las habilidades. Ese porcentaje supera al de Estados Unidos, donde el hogar promedio destina cerca del 5,8% de su presupuesto al mismo fin.

En general, estos recursos privados no se utilizan para clases particulares. Por el contrario, los latinoamericanos optan por abandonar la educación pública en cuanto forman parte de la clase media. La proporción de alumnos que asisten a escuelas primarias y secundarias privadas en la región se acerca al 22%, comparado con el 8% en Estados Unidos. Por lo tanto, es probable que los hogares de la región destinen su dinero a compensar ya sea la falta de acceso o la menor calidad de las escuelas públicas. En cambio, en Estados Unidos el gasto privado complementa al gasto público.

La inversión en el desarrollo de habilidades varía mucho por condición socioeconómica. Los hogares de altos ingresos con hijos muy pequeños tienden a gastar el doble de su presupuesto en el desarrollo de habilidades en comparación con los hogares de bajos ingresos. Estas brechas aumentan durante la infancia, la adolescencia y la temprana edad adulta, cuando los niños y los jóvenes asisten a la escuela, y persisten cuando llegan a la edad adulta. Además, las brechas crecen si se miden en valores absolutos, porque el gasto total es mucho mayor en los hogares que se encuentran en lo alto de la distribución del gasto. Un hogar en el quinto quintil de la distribución del ingreso en América Latina y el Caribe gasta tres veces más en el desarrollo de habilidades que un hogar en el cuarto quintil y 10 veces más que un hogar en el primer quintil.

(*) Julián Messina es investigador del Banco Interamericano de Desarrollo, acuyos blogs pertenece esta columna.