No es xenofobia, es sentido común

Lo ocurrido con la madre haitiana reavivó un viejo debate aunque en esta oportunidad hubo entre medio un bebé que debía ser protegido y una médica lastimada por cumplir con su juramento hipocrático. 

Cristian Avanzini

No es xenofobia, es sentido común

No es xenofobia, es sentido común

La noticia de la madre haitiana que mordió a una médica cuando intentaban dar su bebé a Desarrollo Social reavivó, desde otro ángulo, el debate sobre inmigrantes, xenofobia y el "que se vuelvan a su país".

Sin embargo esta vez no se trata de activistas apedreando a policías frente al Congreso ni motochorros de otros países de la región acechando en las calles: acá hay un bebé que debía ser protegido y una médica lastimada por cumplir con su juramento hipocrático. No hablamos siquiera de su deber, ya que en el episodio en cuestión ella no era la pediatra encargada sino que intervino sin dudarlo al ver que el pequeño corría el riesgo de ser asfixiado.

Al llegar el caso a la prensa, parte de la opinión pública apuntó al hecho de que la agresora fuera extranjera... y de un país "pobre". Un sector de la política, puntualmente de la Izquierda, apuntó sus cañones a la "represión que sufrió por su condición de mujer e inmigrante ilegal", calificando de "xenófobos" a los medios que nos hacíamos eco de la información.

Volvamos, ahora sí, al segundo párrafo: no se trata de su condición de mujer, y menos aún, de inmigrante. Si el protocolo del hospital señala que el recién nacido debe permanecer seis semanas en el área de neonatología por su particular condición de salud, ¿cómo puede la mujer intentar llevárselo en un arrebato si le faltaban aún dos semanas de tratamiento?

Segundo, ¿cuál hubiera sido el destino de ese bebé con una madre en situación de calle y abandono absoluto? La mujer estuvo algún tiempo en una casa de acogida de inmigrantes en Guaymallén, pero hacía semanas que ya no tenía lugar allí.

Ante la reacción de la mujer de querer llevarse al bebé del hospital por la fuerza intervino el Órgano Administrativo Local (OAL), el mismo que años atrás estuvo en el centro de la tormenta por el caso "Luciana Rodríguez", la pequeña asesinada a golpes por su madre y su padrastro en 2014. Un dirigente del PTS criticó en las las redes el "perverso enfoque" de los medios "contra una madre haitiana a la que le quisieron quitar su bebé". En el caso de Luciana la OAL no "le quitó" la pequeña a sus padres y el final es hoy una historia que Mendoza toda lamenta.

Por eso, antes de hablar de "estigmatización" o "violentación contra mujeres inmigrantes", es preciso apelar al sentido común, que ubica al bebé en un lugar de privilegio en su cuidado. Si el niño no tiene aún el alta médica, no debe salir del hospital. Y si su madre no tiene un lugar donde llevarlo, hay reparticiones estatales y ONG (por qué no, partidos políticos también) para asistirla en tal delicada situación y garantizar al menos un hogar digno para ella y el pequeño.

Por último, vale también empatizar con la médica que le puso el cuerpo, literalmente, a la situación para cuidar del bebé. Como ella misma contó a este medio, "no tenía por qué" intervenir porque era un tema de la OAL y los auxiliares de la Policía. Pero vio que, ante la tensión, la madre apretaba cada vez más al niño, por lo que decidió actuar para evitar que lo asfixiara. Eso le valió una mordida de una persona que es además portadora de VIH, por lo que debió someterse a un cóctel de retrovirales. ¿Hubiera cambiado el cuadro el hecho de que la agresora fuera hombre en lugar de mujer? ¿Y si hubiera sido de Guaymallén y no de Haití? ¿Y si fuera de clase media y no estuviera en situación de calle? Lo dejo a criterio del lector.

Comentario aparte merece el video viralizado de la detención de la mujer haitiana en el Lagomaggiore, en el que se ve cómo dos policías se la llevan “de los pelos”. Las imágenes valieron la apertura de una investigación sobre los uniformados de parte de la Inspección General de Seguridad (IGS). Sin entrar en debate sobre el trato a un contraventor (la violencia gratuita no tiene cabida alguna), vale tener en cuenta que en el área en la que se produjo el incidente hay 55 incubadoras con recién nacidos con diversas complicaciones de salud, o en observación, además de madres preocupadas por ellos día y noche.

¿Pueden esos pequeños someterse a un escenario de gritos, golpes y todo tipo de ruidos? Sentido común. Dentro de la ley siempre, pero con sentido común.

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