Mi amigo el doctor y... las hemorroides

Un texto literario del escritor y docente Dionisio Salas Astorga sobre una particular relación... con un proctólogo. ¿Les ha pasado?
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Dionisio Salas Astorga

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Mi amigo el doctor y... las hemorroides

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Mi amigo el doctor y... las hemorroides

Al principio le ocultaba a su gente la verdadera enfermedad, pero pronto descubrió que esto era peor para su salud. A las personas en general les asusta que los otros no quieran publicar secretos y piensan inmediatamente en pestes venéreas y catástrofes medievales que diezmarán sus vidas llevándolos a un éxodo sin destino. Así que no le quedó más opción que sincerarse con los amigos de los amigos, mucho antes de que le preguntaran, él contaba que tenía hemorroides y que lo iban a operar por cuarta vez. Lo dijo tantas veces que en cuestión de días empezó a deteriorarse su entusiasmo literario de informar, por lo que debió anexar detalles escabrosos que evidentemente excitaban a su audiencia, siempre solidaria y hasta clínicamente dispuesta a ofrecer ejemplos más dramáticos que el suyo.

Con el correr de los meses, no solo se consustanció con un ejército de ex combatientes de esta dolencia que habían sobrevivido a fuerza de sentarse sobre ella sino, ante todo, manteniéndose erguidos frente a la desgracia que vivían en esa pequeña isla de su geografía personal.

La relación verdaderamente intensa, sin embargo, la estableció con su doctor. Él entró en su vida con la elasticidad humectante de ciertas cremas que veía en los comerciales de la tele o cuando su mujer se disfrazaba de fantasma para irse a dormir, en ese tácito acuerdo de que así se puede desaparecer sin forzar el dormitorio de lo racional ni la familia.

Con el ímpetu que caracteriza a los jóvenes, su Dr. se convirtió pronto en amigo de peatonal y ambos desarrollaron una insondable compasión por el oficio del otro, descubriendo que la proctología está íntimamente relacionada con el quehacer literario y es su destino último, especialmente en lo que hace a la manera de auscultar la realidad. Antes de cada dolorosa sesión, para las que sin embargo se iba sintiendo extrañamente dispuesto, él le prescribía algunos nombres de libros que podían interesarle al ávido galeno, que las registraba en el mismo recetario en el que más tarde lo condenaría a una video rectosigmoidoscopía, sin anestesia, o la purga de sus intestinos líricos con 5 litros de sopa rosada.

Después de un año de no curar en lo esencial sus dolencias proctológicas, tres operaciones y dos docenas de exámenes de rodillas, su amigo el Dr. se mostraba sumamente satisfecho de la mejoría que habían alcanzado sus lecturas debido a los consejos bibliográficos. Antes de tirar los guantes de fino látex al basurín de la esquina, lo animaba con una cita de la última novela que había descubierto gracias a él, que resoplaba en cuclillas y sin aire sobre el cuero falso de la camilla, como quien mira un espejo lleno de polvo que solo nos devolverá una imagen triste y opaca de esa vida que nos imaginamos gloriosa en otras, lejanas habitaciones de este mundo.



Dionisio Salas Astorga.