Mártires de Turbus y políticas públicas de tránsito y transporte: S.O.S. FC Trasandino

"Centralizar la responsabilidad en el chofer, es caer en un reduccionismo facilista", analiza el historiador mendocino radicado en Chile.
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Pablo Lacoste

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Mártires de Turbus y políticas públicas de tránsito y transporte: S.O.S. FC Trasandino(Pachy Reynoso / MDZ)

Mártires de Turbus y políticas públicas de tránsito y transporte: S.O.S. FC Trasandino | Pachy Reynoso / MDZ

Mártires de Turbus y políticas públicas de tránsito y transporte: S.O.S. FC Trasandino(Pachy Reynoso / MDZ)

Mártires de Turbus y políticas públicas de tránsito y transporte: S.O.S. FC Trasandino | Pachy Reynoso / MDZ

 El fatal accidente de la empresa Tur Bus, en el cual perdieron la vida 19 personas, genera la necesidad de replantear las políticas públicas de tránsito y transporte por el corredor bioceánico Libertadores.

Centralizar la responsabilidad en el chofer, es caer en un reduccionismo facilista. El trabajador servirá a muchos para ocultar sus propias responsabilidades, en un sistema que está colapsado hace mucho tiempo, y del cual nadie se hace cargo.

El Corredor Bioceánico es una trampa mortal. Lo raro no es que haya ocurrido este accidente, sino que no hayan pasado desgracias mayores, lo cual puede suceder en cualquier momento.

Cada vez hay más presión económica y social para circular por este corredor. Los turistas del oeste argentino desean ir a pasar unos días al mar, para descansar y renovar energías para el resto del año. Además, muchas familias necesitan ir a Chile a proveerse de bienes necesarios para la vida cotidiana, frente al enorme problema de los altos costos de esos mismos productos en Argentina, debido a la inflación y las políticas proteccionistas, que han generado mercados cautivos: los empresario "vivos" (al estilo de Franco Macri), aprovechan esta situación oligopólica para hacernos tragar sus productos a precios altísimos e incrementar sus ganancias. Muchos argentinos se revelan frente a ese abuso de posición dominante por parte de esos empresarios monopólicos, y eligen ir de compras a Chile. Es una necesidad socioeconómica y un acto de dignidad.

La combinación de vacaciones y compras, ha multiplicado la circulación por el Corredor. Ello se hace visible en las interminables filas de aduana, que se extienden por 5, 8, y hasta 12 horas. Para reducir los tiempos de espera, muchos conductores se dejan dominar por la ansiedad, aumentan la velocidad y tratan de adelantar a otros vehículos en el peligroso camino de cornisa de Alta Montaña. Hay una presión psicológica muy grande para actuar así, debido al cúmulo de errores económicos y políticos de la clase dirigente, que ahora se esconde y mira para otro lado.

Siguiendo esta lógica, las infracciones son habituales en esta ruta, y los accidentes, constantes. Hace dos décadas, en un cálculo realizado para diario UNO, se detectó que este corredor generaba 100 víctimas por año, solo en el tramo argentino. Ahora, las cifras son mucho mayores. Pero nadie las revela, ni visibiliza ni las emplea para diseñar políticas públicas.

A ello se suma el transporte de carga comercial, que ya supera un volumen de 5.000.000 de toneladas al año. Las filas de camiones saturan la ruta internacional, con lo cual se reduce el espacio de circulación para el transporte de pasajeros y aumentan los riesgos de accidente.

A ello se suma el riesgo inminente de las cargas peligrosas. Es un peligro invisible, del cual nadie habla; cientos de camiones cruzan cada día a Chile llevando cianuro, plaguicidas, ácidos y muchos productos inflamables y venenosos, que se emplean en minería, agricultura e industria. Si uno de esos camiones cayera al río Mendoza, tendríamos un escenario catastrófico, porque el 80% del agua potable que se consume proviene de ese río. ¿Quién se haría cargo de una situación así?

Es evidente que nadie piensa en diseñar ni ejecutar políticas públicas de tránsito y transporte por el extremadamente frágil Corredor Andino. Nuestros políticos están muy atentos a sus espacios y chicanas; muestran viveza y capacidad de focalización en la construcción de poder. Pero casi ninguno asume los grandes temas estratégicos del país y la provincia, particularmente el Corredor Andino. El senador Jorge Tévez puede ser una de las pocas excepciones.

Es urgente abordar el problema con acciones concretas. Hay que apurar las obras por el corredor Paso Las Leñas, en el departamento de San Rafael; ello requiere plantarse firma ante el gobierno nacional, con actitud y personalidad; como hace Lilita Carrió. No sirven las palabras dulces y temerosas.

También hay que reimpulsar el legendario Ferrocarril Trasandino. Evidentemente, este no alcanza para solucionar todos los problemas; pero permitirá aliviar la presión sobre el Corredor Andino a un costo modesto (U$ 200 millones). Se trata de una idea realista, que aprovecha toda la infraestructura existente. Por eso el costo es tan acotado. Fue impulsada a fines de los años 90 por el ingeniero Marcelo Rogé, el cual logró que el Congreso de la Nación aprobara una ley de sesión del FCTrasandino a la provincia de Mendoza (2001). Este precioso instrumento, apuntaba a transferir al gobierno local la autoridad para llevar adelante la iniciativa. Lamentablemente, el presidente Fernando de la Rúa vetó esa ley, argumentando fundamentos aportados por el Ministerio de Defensa. Un estudio posterior demostró que esos fundamentos eran falsos. Así se puede ver en el siguiente link

https://usach.academia.edu/PabloLacoste/Papers

El significado del veto de De la Rúa a esta ley, fue frustrar el proyecto mendocino de reactivar el Trasandino. La Nación reivindicó su autoridad sobre esta línea. ¿Y que hizo desde entonces, noviembre de 2001? ¿Cuál fue el avance que se realizó en la reactivación del legendario Ferrocarril Trasandino, en manos de la Nación?

Nada. Menos que nada. Empeoramiento, descuido y deterioro.

Llega entonces el momento de reaccionar. La Nación ya tuvo su oportunidad de reactivar el Trasandino. Y la perdió. Ahora corresponde a Mendoza reasumir sus derechos; impulsar nuevamente ese proyecto de ley, para recuperar el control del Trasandino, que le corresponde legítimamente, dado el carácter falso del veto delarruista, y la perdida de legitimidad de la Nación por haber actuado como perro del hortelano.

Esperemos que la sangre de los mártires de Tur Bus no se haya derramado en vano; que sirva para que nuestros políticos asuman sus responsabilidades, se pongan a trabajar en los temas de fondo, y aporten soluciones de fondo para los problemas de nuestra sociedad.



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