Mano dura para esos infradotados al volante

Indolentes infractores de las leyes de tránsito multiplican a diario la cantidad de víctimas fatales en calles y rutas de Mendoza. ¿Por qué sigue siendo un tema ausente en la agenda política?
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Rubén Valle

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¿Cuántos videos caseros más de micros y autos cruzando la doble línea amarilla, o haciendo otras tantas peligrosas maniobras en calles y rutas de Mendoza, deberemos publicar para llamar la atención de quienes controlan -o deberían- la seguridad vial?

¿Hacen falta más pruebas que la cantidad de muertos, que ya superan largamente los 30 en los que va del año solamente en la zona de alta montaña? Camiones, micros, autos y hasta motos, han protagonizado accidentes absolutamente evitables en la mayoría de esos casos. Otros, los que la sacaron barata, son los que aparecen justicieramente viralizados por estúpidos e indolentes. 

Con 19 víctimas fatales, ni siquiera la tragedia del micro de Turbus en Horcones -hasta aquí la peor en la historia de la provincia- les hizo bajar la velocidad a los vehículos de esa empresa chilena que cada tanto son filmados en los accesos de la provincia superando largamente el límite permitido.

Entre la imprudencia e insensibilidad de los conductores y la falta de controles el resultado no puede seguir siendo otro que el de una muerte casi segura.

Pero tampoco puede achacarse siempre la culpa a los demás, ¿o acaso alguien ignora a qué velocidad hay que manejar en ciertos puntos de las rutas? ¿quién desconoce lo que significa una doble línea amarilla, un cartel de cruce, o el uso obligatorio de los cinturones de seguridad?

Todo parece ser tan obvio que perfectamente se podría prescindir de controles viales cada cierta cantidad de kilómetros. Y no es así. Si hubiera uno cada 100 metros tampoco habría garantías de que un infradotado haga lo contrario a lo que marca la ley, atropelle el sentido común, le importe un carajo su vida y la de los demás.

Admitámoslo: le tenemos tirria a los radares porque son como esos padres que nos ponen límites, pero a mano contamos con la excusa cierta de que su único fin suele ser el recaudatorio. Las fotomultas que más de un mendocino recibe a la vuelta de sus vacaciones le revelan cuán efectivas pueden ser esos mecanismos para cosechar plata fresca a costa de nuestra imprudencia.

En Argentina el promedio de muertos en la vía pública supera los 7.000 al año (en Mendoza tenemos un promedio de 300), sin embargo no es un tema que esté en la agenda caliente de los gobiernos provinciales.

En la legislatura provincial está a mitad de camino la nueva Ley de Seguridad Vial que, pese a ya contar con la aprobación del Senado, quedó varada en Diputados hasta que pasaran las elecciones, como si los legisladores no pudieran hacer en ese periodo el trabajo para el que fueron votados.

El tránsito, cada día más caótico en las rutas y la Capital, habla de cómo somos. Que siga siendo un tema que no alarme pese a la cantidad de víctimas fatales también nos define como sociedad.

¿Será "mano dura" sacarle el carnet a quién pone en peligro a los demás? ¿Ponerle altísimas multas a las empresas de micros que en su mayoría son una bomba a punto de estallar?

Los muertos no votan. No mueven la aguja de las encuestas. No denuncian ni escrachan. Pero siguen siendo el único llamado de atención para que bajemos no un cambio sino dos o tres.