Macri, no necesitamos más Coca

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Pablo Lacoste

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 El presidente Mauricio Macri ha realizado en los últimos días, dos movimientos articulados entre sí: impuesto al vino y reunión con el presidente de Coca Cola en Nueva York.

El impuesto al vino sería del 10%, lo cual debería sumarse a los impuestos que el vino ya paga: IVA, Ganancias, Ingresos Brutos, etc. etc. Todos estos impuestos encarecen artificialmente el costo final del producto, lo cual desaliente el consumo. Esto va a perjudicar a toda la industria, no solo a las tres grandes, sino también a los pequeños: 30.000 pequeños viticultores se van a ver perjudicados.

Por su parte, la reunión con el presidente de Coca Cola tiene como objetivo invitarlo a incrementar las inversiones en Argentina, su influencia y presencia en el mercado interno. Esa mayor presencia se va a notar en más fábricas de gaseosas industriales con colorantes sintéticos, endulzantes sintéticos, saborizantes sintéticos y conservantes sintéticos.

Al parecer, el presidente muestra cierta falta de experiencia e ingenuidad con estas acciones. Sobre todo si su proyecto político es realmente terminar con la pobreza en la Argentina.

Para salir de la pobreza, es importante dar oportunidades para desarrollar emprendimientos a las pymes, a los pequeños productores y a los campesinos. La gente del campo tiene su lugar natural de desarrollo económico, en el mundo de los alimentos.

Necesitamos que la población urbana de las grandes ciudades, baje su consumo de comida chatarra y bebidas industriales sintéticas, y comience a valorar los productos campesinos, sobre todo alimentos y bebidas.

Para los campesinos, es muy difícil abrirse lugar en el mercado, debido a lo notable asimetría de recursos con las grandes empresas. Estas disponen de cifras multimillonarias para financiar campañas publicitarias, y así hechizar al consumidor con sus productos industriales y sintéticos. Es tan brutal el efecto de esa campaña, que se logran cifras astronómicas de nivel de consumo y rentabilidad. Ello se concentra en pocas grandes empresas, las cuales apenas generan algunos puestos de trabajo con bajos sueldos, sin mayores perspectivas para la sociedad argentina.

Para que el país pueda progresar socialmente, se necesita reducir la influencia de esas grandes empresas, e incrementar el espacio de los campesinos. Necesitamos que en las grandes ciudades, en vez de gaseosas sintéticas, se tomen jugos naturales, limonadas y preparaciones similares, con hierbas y frutas.

Esto debe apoyarse desde los espacios de vía pública. En Europa, la legislación comunitaria ha prohibido la publicidad comercial en las autopistas. En cambio, el Estado muestra allí el patrimonio, incluyendo castillos, catedrales y productos campesinos, al mismo nivel!

Es urgente que el gobierno nacional cambie su enfoque. Argentina no va a salir de la pobreza meramente con grandes empresas. Hay que fortalecer las pymes, los campesinos y los productos patrimoniales. Como detalle: Chile acaba de aprobar un proyecto de 350 mil dólares, para fortalecer los productos campesinos y el patrimonio agroalimentario en la Región de O'Higgins. El gobierno se ha dado cuenta que el patrimonio puede servir como eficaz herramienta de desarrollo territorial.

(*) Pablo Lacoste.  Director Revista Iberoamericana de Viticultura, Agroindustria y Ruralidad (RIVAR)