Los patoteros, amos y señores: cuando un derecho se usa para dañar al otro

Otra vez, los que se notan son los violentos. Los argentinos nos llenamos la boca hablando de "democracia" y "respeto por las instituciones", pero no aprendemos más. Una reflexión a la luz de los últimos hechos vividos en nuestra provincia.
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Federico Croce

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Furia en una protesta de Plaza de Mayo

Furia en una protesta de Plaza de Mayo

Destrozos en la legislatura provincial luego de una protesta(Alf Ponce / MDZ)

Destrozos en la legislatura provincial luego de una protesta | Alf Ponce / MDZ

Los patoteros, amos y señores: cuando un derecho se usa para dañar al otro

Los patoteros, amos y señores: cuando un derecho se usa para dañar al otro

 La protesta social, así como la libertad de prensa, son manifestaciones del derecho a la libre expresión, y tengo la certeza de que, dentro de la lista de derechos fundantes de nuestra Constitución Nacional, son de los esenciales.

Especialmente -y no desde lo jurídico, pues sabemos que todos somos iguales ante la ley, sino hablando desde el plano emocional- pienso que hay que proteger con pronunciado ahínco este derecho de protesta cuando quienes se manifiestan son los trabajadores, los más vulnerables, los que sufren, o los que no tienen la posibilidad de acceder fácilmente -por "x" motivo- a un espacio en el que su voz sea escuchada.

Pero... ¿Qué pasa cuando el derecho de peticionar a las autoridades choca o se encuentra con otros derechos igualmente establecidos en nuestra Carta Magna, como el de transitar libremente por el territorio nacional, el de usar y disponer de la propiedad, o con los derechos reconocidos en los tratados internacionales con jerarquía constitucional que garantizan la integridad y la seguridad física y psíquica de las personas?

¿Qué pasa cuando, aduciendo que se está ejerciendo un derecho, se perturba la paz social?

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Cuando un individuo procede de tal manera en que su accionar concuerda con una norma legal que le concede una facultad, pero al hacerlo se extralimita y a sabiendas causa daños a terceros, está incurriendo en abuso de derecho. Esto sucede, por ejemplo, cuando pretendidamente se manifiesta el acto de ejercer un derecho, el de protesta en este caso, solo con el fin de disimular la intención de causar un perjuicio sobre una persona o bien ajeno.

Estos últimos días me ha tocado estar presente en situaciones complejas de discusión, y todas mal resueltas, cuyo objetivo -hacer oír la voz disconforme- no llega a cumplirse por actitudes imprudentes. Me refiero particularmente a la intolerancia, a la crispación, al patoterismo que lleva a la agresión física y al insulto. Me refiero a los que sin argumentos para departir simplemente denigran llamando a una ex presidenta "yegua" o a un presidente "gato" en un reclamo colectivo; y a los que con actitudes desbordadas y todo tipo de insultos desacreditan frente a un gobernador o un intendente un petitorio o una manifestación.

Me refiero a los que, animados solo por las ganas de provocar un escándalo, se lanzan sobre un auto poniéndose en peligro. Me refiero a los que apedrean un colectivo que lleva materiales a un hospital en el marco de un corte de ruta para manifestarse en contra del fracking. Me refiero a los que eliminan la instancia de debate y la posibilidad de comprensión y llaman "asesinos" a los que bregan por el aborto legal, y también a los que llaman "chotos" a los que están en la otra vereda y no quieren respetar su creencia religiosa -más allá de que esta deba o no influir en su decisión ciudadana-.

Me refiero también al que retira tironeando de un brazo a una periodista que está trabajando en un edificio público porque no le gusta o no le parece el lugar en donde ella se ha ubicado para hacer su tarea, a los que se ríen de vos porque no podés ir a retirar tu dinero al banco durante varios días, y también al que en vez de expresar una preocupación rompe o altera, dejando invisible su objetivo debido a su accionar vandálico.

Charlando con colegas y amigos, surge un postulado: jamás se debe criminalizar a quien protesta. Estoy absolutamente de acuerdo: pero controlar y regular no significa criminalizar. Si no se ejerce un control, se castiga a quienes sí cumplen las normas legales y de convivencia dándole "perdones" y concesiones a los infractores o abusivos. En cualquier sociedad moderna, sin ordenamiento no existe convivencia. Y por supuesto que la solución no es la exaltación de la represión, sino la ponderación del razonamiento.

Un reclamo, una marcha o una medida de fuerza de un ciudadano no puede dañar a otro ciudadano. Un argentino no puede prohibirle a otro el paso hacia un centro de salud, o la posibilidad de ir a trabajar o a educarse. Un argentino no puede ser rehén de otro. Un argentino no puede agredir gratuitamente a otro e irse de lo más campante. La Justicia, cuando permite esto, es simplemente una "compinche" del patotero en cuestión.

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